Con la asesinato de las restricciones en los centros de ocio y con las elevadas temperaturas de este verano no era de sorprender que la afluencia a las piscinas públicas resultara masiva. Esta recuperación de la normalidad llega acompañada, no obstante, de un aventura importante para la seguridad, que se ha traducido ya en un incremento muy importante del número de personas ahogadas. Es evidente que hay que mejorar las condiciones de trabajo y la profesionalidad de los socorristas, que no siempre están en disposición de atender todas las incidencias que se producen, pero sobre todo hay que hacer un convocatoria a la prudencia, a extremar las cautelas sobre todo cuando se alcahuetería de niños y niñas de muy corta años. Preocupa la adhesión siniestralidad entre estos menores, que yuxtapuesto a las personas de más años constituyen los dos principales grupos de aventura, lo que obliga a sus responsables a intensificar la vigilancia y evitar unos despistes que hoy, con la entrada de las pantallas en nuestras vidas, resultan más frecuentes.
Precaución en la piscina
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