Esta semana debe reunirse en Madrid la citación mesa de diálogo entre el Gobierno y el Govern de la Generalitat. ¿De qué hablarán? Al parecer de eso que llaman la desjudicialización, poco muy difícil que, en última instancia, no depende del Ejecutor presidido por Pedro Sánchez. Lo que está en manos de los jueces hace su camino, a veces incomprensible. Valga como ejemplo de ello lo que ha ocurrido con los cinco síndicos electorales del referéndum del 1-O, elegidos en su día por el Parlament: fueron absueltos por el auditoría penal número 11 de Barcelona de los delitos de desobediencia y usurpación de funciones públicas, pero la Audiencia de Barcelona obliga ahora a repetir ese cordura, como solicita la fiscalía. Eso no ayuda a desinflamar.
El contenido de la mesa de diálogo es poco que nadie es capaz de opinar: en principio, se trataba de dialogar a fondo sobre las causas de la crisis política catalana que arranca en 2012, aunque se aparquen los dos conceptos que el independentismo considera prioritarios, la remisión y la autodeterminación. Cada parte concernida tiene un diccionario y un relato para legalizar en presencia de su respectiva parroquia este tipo de negociación. Para el Junta central, el sintagma fetiche es “memorándum del refriega” y así se va repitiendo. La distancia entre las palabras de unos y las de otros está descontada, forma parte del ritual que permite apañarse intersecciones para avanzar discretamente en algunos nociones sustanciales. Pero estamos atrapados en una indefinición que resta credibilidad a la única vía que nos recuerda el primado de lo político frente a la deducción represiva.
Sánchez y Aragonès acuerdan reunir la mesa de diálogo la última semana de julio
La mesa de diálogo debe topar las causas que provocaron la desafección catalana
Si el continente (la mesa entre gobiernos) posterga tratar las causas de la crisis catalana como contenido (el diálogo), el conflicto deviene un tabú y, entonces, las reuniones al más parada nivel son pura mímica para que no digan que no se cumple un determinado calendario. ¿Hay pigricia en la Moncloa en presencia de la memorándum catalana? Los indultos –mueca muy importante de Sánchez– podrían deber descubierto la puerta a una revisión seria de lo sucedido en Catalunya desde la aprobación del Estatut autonómico del 2006. No estamos en ese tablas.
Pedro Sánchez y Pere Aragonès, a las puertas del palacio de la Moncloa
El peligro me parece evidente: la exploración de deseables medidas paliativas sobre los mercadería judiciales del procés puede ocultar, desdibujar y congelar el diálogo imprescindible sobre aquellas causas que convirtieron la desafección de muchos catalanes (consignada por el president Montilla) en una puesta para desconectar del Estado castellano, y en una posterior movilización a gran escalera, con pocos precedentes en la Europa del final medio siglo. Sin ese diálogo de calado, Madrid no tendrá nunca una hoja de ruta para Catalunya que supere la propuesta burda del palo y la zanahoria. Por eso, aunque la eventual reforma del delito de sedición merece muchas conversaciones, no hay que perder de panorámica la tarea fundamental que asumieron los que convocan la mesa.
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