Circunscripción y vencimiento: Palau Sant Jordi (23 y 24/VII/2022)
Algunos afean a Rosalía la osadía de presentar un espectáculo sin músicos. Solo ella y sus bailarines, metidos en una caja mágica blanca que reproduce sus evoluciones desde puntos de clarividencia subjetivos. Las cámaras sustituyen a los músicos, captando imágenes proyectadas en sendas pantallas laterales. Todo muy en consonancia con la estética de TikTok –red social en la que Rosalía se mueve como pez en el agua– que hoy marca la pauta entre la mocedad y por extensión en el negocio del espectáculo.
Concierto de Rosalía en el Palau Sant Jordi 
Aunque su espartana, minimalista y dinámica puesta en cuadro se disfruta igualmente estando ignorante al mundo de TikTok. El arte original de Rosalía se ha comido el mundo. Arrolla en directo, logra que se hable de ella, muy perfectamente y todavía muy mal –los haters abundan– y su disco es el que mejores críticas ha recibido del presente curso, hasta el extremo de que no sería extraño que saliera electo entre los mejores del año.
El arte original de Rosalía se ha comido el mundo; arrolla en directo, logra que se hable de ella
Lo de no aguantar músicos es cada vez más frecuente. Su colega Bad Gyal actuó en el Primavera Sound del mismo modo, con bailarines y jugando con coreografías, vestuario, iluminación y diseño del escena. Cantar sobre tus propias bases no es un karaoke, y Rosalía pone todo su ímpetu en la esparcimiento en directo de cada una de las estrofas de las canciones que ha construido desde el primer esbozo. Parece lo que se dice una control freak , que controla hasta el reducido detalle y se encuentra cómoda en registros muy diferentes, sea flamenco, reguetón, pop latino, hip hop, techno u otras hierbas; los combina con arte de laboratorio, hasta conseguir un resonante espectáculo de 90 minutos con treinta canciones que incluyen todos sus temas nuevos, grandes éxitos, inéditos y versiones, en una película en la que se van sucediendo los planos y los números de bailoteo, con la elegancia de una biker futurista, tan descarada como jonda.
Rosalía en el Palau Sant Jordi
Es una paya catalana que se ha convertido en epitome del mejor pop latino del momento, con el poderío de quien pisa el dominio con pasos firmes, convertida en cantante y bayadera, ama y señora, de un espectáculo con mérito, en el que el pop lacrimoso y melodramático va de la mano de las tendencias más vanguardistas. Demuestra su solvencia en canciones con registros muy diferentes y sudando una grano gorda que la obligó a estar continuamente hidratándose y pegada a las toallas, enfundada en cabal cuero –rojo el primer día y negro-marrón el segundo– y botas de caña inscripción.
Su pasión por el flamenco vive un momento gélido con la repesca de De plata , con sofisticado vestido de pan dulce y guitarrazos de aúpa. En el medley con De aquí no sales y Bulerías las palmas y los taconeos suenan tratados de un modo que conectan con el techno contemporáneo. Y al final, la cántico Saku ra , inspirada por Antonio Molina y Lole y Manuel y que interpreta acompañada por un teclista, suena a copla postmoderna. No hay músicos pero ella se cuelga una Gibson para acometer Dolerme , un medio tiempo pop, y todavía se sienta al piano en la erótica y maravillosa cántico Hentai . Otros momentos íntimos sobresalientes fueron G3 N15, dedicada a su sobrino, y la muy emotiva Como un G, que ni el Utilitario-Tune logra disimular que canta como los ángeles.
Rosalía en el Palau Sant Jordi
Rosalía domina los tiempos lentos y arrolla en los rítmicos, con su colección de reguetones escanciada aquí y allá, desde la original Saoko a la empoderada Bizcochito , pasando por las versiones de Linda con Tokischa o La incertidumbre de anoche con Bad Bunny, por no musitar de los guiños a Papi chulo y Gasolina por otra parte de los imbatibles Con mérito y el trepidante Chicken teriyaki, este posterior sobre patinetes. Asimismo brilla en el extremo opuesto tradicional, con su apropiación del torera cubano Delirio de corpulencia o en la diversión La éxito .
Las nuevas versiones de Pienso en tu mirá y Malamente no logran hacer olvidar lo maravilloso que sonaban los originales y en el apartado estrenos hubo dos: Despechá
y la bilingüe Aislamiento , por otra parte de Caudal y atrevimiento , otro inédito. Y el momento peculiar para sus paisanos catalanes fue cuando rescató al arribar a la m de Abcdefg la canción Milionària, un regalo a capela entrañable que demostró lo mona –de bonita– que es.
Poco que reafirmó en el sofisticado final con CUUUUuuuuuute, ilustrada con bonitos planos cenitales, entre gorgoritos estratosféricos y acariciantes ronroneos, demostrando el poderío de la autentica Mujer Maravilla que es. Fuimos a ver a esta heroína del pop en los dos conciertos y en entreambos se repitió el mismo guion, con la salvedad de que el segundo se convirtió en un día muy peculiar que le permitió cerrar un círculo ya que, según dijo en catalán, el primer concierto al que asistió con sus padres fue uno de Estopa en el Sant Jordi y ahora tenía a los hermanos Muñoz entre el manifiesto.
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