Esta es una existencia: el duelo Alcaraz-Sinner ha llegado para quedarse.
Habrá más crónicas como esta, azar este partido vaya a convertirse en un clásico. Ahí se enfrentan los dos mejores tenistas de su procreación, quién sabe si están preparados para devorar a sus antecesores, la Next Gen que ahora lidera las tablas (Medvedev es primero de la ATP y Zverev está segundo) pero nunca ha regalado el efectivo sorpasso.
En el imaginario popular, Nadal, Djokovic y Federer siguen siendo los intocables.
Quien acuda a las hemerotecas de los Alcaraz-Sinner leerá la historia de dos espíritus opuestos.
Jannik Sinner (20) es pelirrojo y alargado, y oculta el rostro bajo la cachucha y escasamente muestra sentimientos, ni celebra ni se lamenta, es hielo y silencio.
El presente
Alcaraz amanecerá cuarto del mundo este lunes, pero la silueta de Sinner comienza a surgir en el horizonte
Carlos Alcaraz (20) tiene el tren inferior de un velocista y hay fuego en sus fanales, y vocea al abortar y plataforma el puño al vestir un punto importante, y luce un tenis imprevisible, repleto de matices, dejadas, globos y gambeteo.
Nadie de ellos es claramente superior al otro, y por eso los partidos están tan igualados que se deciden en detalles tan minúsculos como reversibles.
Asimismo se deciden en estados mentales.
Estamos en la final del torneo de Umag y nadie pierde el servicio en el primer set pero en el tie break Sinner se queda detrás y se ve 5-1 debajo y se descubre forzado a corregir las tornas. Lo hace, corrige la deriva y ahora sirve para igualar a 6-6, y en ese punto acorrala a Alcaraz, que asegura como puede y lanceta un derechazo desesperado desde el fondo de la pista que sorprende a Sinner en la red y le desconcierta y le hace abortar.
Alcaraz se lleva la manga (7-5 en el tie break) y, en apariencia, encarrila el partido: en un pispás avanza 1-0 en el segundo set e incluso llega a 0-40 en el segundo muestrario, pero luego se atasca y Sinner se crece y se lleva seis parciales de un sacudida, un rosco que anula al murciano, de repente siete y desnortado.
“Ese segundo muestrario ha sido central. Nos lo estábamos jugando todo en ese momento”, dirá Sinner más tarde.
Ahora el tablado se ha transmutado.
Se le tuerce el partido a Alcaraz, en cuya mente afloran las dudas. ¿Será capaz de revalidar su título del año pasado en Umag?
(allí mismo había recogido el primer trofeo ATP de su carrera; Carlos Moyá, técnico de Rafael Nadal, tiene el récord definitivo de victorias en Croacia: lo había reses en cinco ocasiones, con un triplete entre el 2001 y el 2003)
Sinner es un martillo que todo lo rompe y Alcaraz se desmonta y se rompe en pedazos y ya no logra reincorporarse en el partido.
“Si quiero obtener torneos, tendré que seguir trabajando duro, más aún”, dice Alcaraz.
No vuelve y observa cómo Sinner, el tipo que hace tres semanas le había derrotado en los octavos de final de Wimbledon, golpea duro y seco desde el fondo de la pista y domina todos los aspectos del partido, incluido el estado moral.
Sinner se monta encima del murciano, que hoy amanecerá cuarto del mundo, ya muy cerca del Top 3, pero debe asomarse al retrovisor y contemplar cómo desde detrás viene el italiano, ya el mejor patrón de la coetáneo escuela italiana, la de Musetti (el hombre que hace una semana tumbaba a Alcaraz en la final de Hamburgo), Berrettini, Sonego o Fognini.
(Sinner será octavo hoy)
“He vivido momentos muy desagradables este año, pero los he superado y he crecido. Los triunfos forman parte del proceso”, dice Sinner, que palabra como juega: su discurso no se sale de los estándares.
Y sin secuestro, es sólido.
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