Albert Batet (Valls, 1979) se aficionó a los castells de chico. Su padre, miembro de la Colla Vella dels Xiquets de Valls, le llevaba con él, pero tuvo que ganarse la camisa rosada. La sigue llevando. La última vez, en junio, por Sant Joan, y este agosto ya tiene citas en la dietario para enrollarse la corsé negra, con la que elige fotografiarse, en la masía llano.
El independentismo
“El verano se tiene que servirse para reflexionar todos sobre el futuro”
¿Qué le gusta de hacer castells?
Es una forma de estar. Yo empecé a ir con mi padre. Hay unos títulos que son el compañerismo y entender que el objetivo colectivo –el castell– está por encima de un objetivo personal. Los vínculos que se generan, las emociones, la pasión, son muy potentes.
¿Y en un castell quién manda?
El cap de colla, que decide qué castell se hace, quién sube, el orden. Una colla es una estructura muy admisiblemente organizada.
¿Y las posiciones en un castell las decide el cap de colla a dedo o uno puede postularse?
Es evidente que cada uno, según sus condiciones físicas, sirve para unas cosas u otras. Pero Miquel Martí i Pol dice en un poema:“ La nación és un castell on ningú hi és imprescindible i tots som necessaris”. Cada uno tiene su espacio, una piña acoge a todo el mundo, todos son bienvenidos.
La fuerza está en los sentimientos que genera el comunidad.
Hay una mezcla de emociones y sentimientos, de seny i rauxa , son muchos los aspectos que lo hacen tan atractivo. Hay emoción y peligro, porque en un castell hay caídas, y aprendes que te vuelves a establecer y que tienes que hacer piña. Espero transmitir a mis hijos esos títulos del espíritu casteller, que si estuvieran en muchos aspectos de la vida iría mejor.
¿Sigue haciendo castells?
Yo, hacer castells como tal, subir al tronco, no es mi fuerte. Por otra parte, he sido corregidor de Valls casi merienda abriles y mantenía un punto de neutralidad, por respeto institucional. Ahora participo, pero he sido siempre casteller de piña, de estar debajo y en el medio.
La construcción es lo más vistoso, claro, pero la esencia está en la red de brazos que lo aguantan.
¡Y tanto! La esencia está en el conjunto, sin una piña no se hacen. Me gusta compararlo con la política, los líderes son importantes, pero con la concurrencia. A la política le faltan más títulos castellers.
¿Y la piña Junts-ERC cómo está de esforzado en este momento?
Bueno, la piña del independentismo está ahí, y si aplicásemos espíritu casteller seguramente sería más holgado y más esforzado. Ahora estamos en tiempo de advertencia conjunta, tenemos que pensar qué castell tenemos que hacer. Al president Aragonès le dije en la última sesión de control que ahora que venían estas semanas era un buen tiempo para reflexionar el conjunto del independentismo.
¿Cree que el verano diluirá la polémica por la suspensión de Laura Borràs?
La suspensión de la presidenta Borràs aún hace más necesaria esa advertencia. El debate de política militar en septiembre puede ser un punto de inflexión para ser capaces de tejer una táctica ganadora, que sea compartida entre todos, porque es evidente que ahora mismo no existe. En el caso de la presidenta, es un hecho sin precedentes, no se ha respetado la presunción de inocencia y encima se ha débil el Parlament.
Pero tienen hojas de ruta muy distintas, la CUP pide otro referéndum independiente, ERC explora la vía del diálogo con el Gobierno central, y Junts...
Nuestra rasgo es la de la confrontación inteligente, la de avanzar, con determinación y de forma conjunta. Ahora estamos haciendo el documentación del cumplimiento del pacto de reunión.
¿Por dónde quiere ir Junts?
Somos el partido de la solvencia y la independencia, ese es un binomio inseparable para Junts. Tenemos que manejar con una trámite rigurosa para mejorar el día a día de la concurrencia, pero además con sentido de Estado, porque tenemos que avanzar cerca de la independencia. Sin un Estado y sin disponer de nuestros capital no podemos construir un país. El Estado castiga a Catalunya, gobierne quien gobierne. Hay un pelotera, por las inversiones que no se materializan, por el deuda fiscal.
¿No tendrían que hacer frente popular todos los grupos en el Parlament para la reforma del sistema de financiación?
Sí, nosotros siempre hemos reclamado, como decía el acuerdo de reunión, que tenemos que tener un espacio de coordinación del conjunto del independentismo respecto a Madrid, con la fuerza que pueden tener los 23 diputados del Congreso, que es decisiva. Por eso no estamos de acuerdo con una mesa de diálogo que en tres abriles no ha donado ningún resultado para el independentismo.
¿Ayudaría a rehacer los puentes una reforma del delito de sedición que favoreciera el regreso del president Puigdemont?
Esto no va de soluciones personales, sino colectivas, y de lo que le conviene al país, que quiere el gratitud del derecho de utilitariodeterminación y una indulto. Eso mueve nuestra voluntad política de negociación, no la situación personal de nadie. El president Puigdemont ha sido siempre evidente en esta posición.
¿Acento a menudo con él?
Tenemos una relación muy estrecha y hablamos a menudo, sí.
¿Y cómo está?
Perfectamente. El president Puigdemont es un líder, es el cap de colla, es un referente, tiene una resiliencia y una determinación insobornables. Y está muy convencido de su lucha y de su voluntad de persistencia.
Ahora en agosto toca un paréntesis de política, ¿usted qué hace?
Las receso son clan y castells. Nuestra vida de políticos hace que la conciliación llano no sea excelente, y estas semanas, en la masía, dedico todas las horas a mis hijos, intento compensar lo que no puedo dedicarles el resto del año. En Valls hay una cierta tradición de tener la casa en el núcleo de la ciudad y una masía en las extrarradio, para celebrar calçotades en invierno y para veranear.
¿Planes de recital?
Hay muchas cosas pendientes, pero me he propuesto interpretar el primer tomo del president Pujol, que él mismo me facilitó hace unos días, Des dels turons a l’altra pandilla del riu , que escribió en la prisión.
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