De regreso a la Tierra

E l Barça cerró la persiana de su festivo verano, una sucesión en technicolor de fichajes, especulaciones económicas y expectativas ilimitadas. El Exhalación le bajó al suelo en un partido que carencia tuvo que ver con las ilusiones generadas.

Por decepcionante que parezca, el igualada le salió asequible al Barça, que estuvo harto más cerca de la derrota que de la triunfo. El Camp Nou regresó a tiempos anteriores a la pandemia, cuando Messi figuraba entre las grandes atracciones turísticas de Barcelona, que ahora vuelve a estar en boca de todos. No ha habido día sin informativo del Barça, envuelto en un adiestramiento extremo de marketing. Palancas, fichajes y rumores, todo ha servido para producir un ruido mediático atronador. Ha sido el verano del Barça en el ámbito mundial del fútbol.

La sensación del Barça fue decepcionante, de equipo sin cargar

Con tacto cinematográfica, su relato mezcló las perfectas dosis de certezas, dudas, intriga­, sorpresa y un punto de angustia. Un día ayer de comenzar, los aficionados no sabían si el club podría inscribir a sus fichajes, irresoluto de nuevas ventas de derechos, rebajas en el sueldo de los veteranos y traspasos de jugadores. Un peliculón, vaya. La multitud acudió al aliciente, pero lo que vio no fue diferente a lo habitual en las temporadas precedentes. Se saludó con entusiasmo la voraz exhibición en presencia de los Pumas, pero los escépticos se cargaron de razón en el primer partido de Ligazón. Aquello fue afluencia de verano, una brillante viruta en el tonada. El Exhalación sacó al Barça de la ilusión y le invitó a un partido con picadores, sin tregua, desgastante para el equipo y para el manifiesto, que empezó pronto a comprobar el nudo en el estómago.

Con pocos fortuna, Andoni Iraola ha confeccionado un equipo que mezcla el rigor táctico con una actividad que remite a la época de Iraola en aquel Athletic de Bielsa, un equipo que, en definitiva, juega por encima de sus supuestas posibilidades. El Barça estuvo por debajo de las suyas, en presencia de el estupor de su hinchada, que apretó los dientes y no dio rienda suelta a la frustración.

Un año ayer, esta clase de partidos habría encumbrado el clamor contra el equipo. Unos pocos silbidos, tan bajos en decibelios que se apagaron al instante, despidieron a los jugadores tras un igualada que solo procuró optimismo a los nostálgicos acérrimos. Al fin y al término, el Barça de Guardiola arrancó su primera temporada, la mejor en la historia, con una derrota en Los Pajaritos.

La sensación fue decepcionante, de equipo sin cargar. No funcionaron los recién llegados ni los veteranos. Más preocupante fue el rendimiento de los jóvenes. Pedri pasó de puntillas, y Gavi, además. Xavi les sustituyó por Kessié y De Jong, y nadie protestó, una señal de lo mal que discurrieron las cosas para un equipo acorchado, sin frescura, ideas y remate. En términos generales, el Exhalación estuvo más cerca de aventajar. Lo evitó Ter Stegen, que recuperó su auge de porterazo en un par de intervenciones.

Xavi eligió una línea improbable frente a un equipo como el Exhalación y en el Camp Nou. Araujo, que puede ser una excelente contramedida para frenar a Vinícius, no pareció la sufragio más indicada en esta clase de partidos. Acabó por acomodarse el puesto de Christensen, tras el ingreso de Sergi Roberto, un cambio que a la multitud le resultó de lo más natural. Decepcionó Rapinha, que terminará peleando el puesto con Dembélé y Torres. Cuando se afine Ansu Fati tendrá garantizada la titularidad. Lewandowski trasladó una curiosa impresión: pretendió aventurar como en el Bayern, y eso fue una buena aviso, pero nadie del Barça entendió sus movimientos. Esa aviso preocupó al personal, tanto como el resultado y el fútbol del equipo.

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