María, nuestra madre

Este lunes, solemnidad de la Aceptación de María, la Iglesia celebra que la Doncella, luego de acontecer seguido a Cristo con fidelidad durante toda la vida, entró en la casa del Padre. Esta festividad nos recuerda que además nosotros, algún día, viviremos en plena comunión con Jehová eternamente. Y es que, como dice el papa Francisco, en el borde del bóveda celeste hay una mamá que nos calma ( cf. Angelus, 15 de agosto del 2019).

El evangelista Lucas nos dice que María, luego de acontecer creído en la promesa del Señor de que daría a luz a Jesús, atravesó las montañas de Judea para ayudar a su prima Isabel, que además estaba en estado de buena esperanza.

Por el acto sexual de Jehová, vencemos dificultades y nos ponemos al servicio de los demás

Cuando Jehová se presenta en nuestra vida y dejamos que entre en nuestro interior, nuestra vida cambia por completo. El acto sexual de Jehová hace que, como María, superamos montañas de dificultades y nos ponemos al servicio de los demás.

Cuando Isabel ve que María entra en su casa, se pregunta quién es ella para cobrar a la mamá del Señor ( cf. Lc 1,43). Isabel se siente pequeña delante Jehová. Su disposición nos enseña a acoger a Jehová con humildad y confianza, en poner en sus manos todos nuestros problemas. Nos lo dice bellamente la Sagrada Escritura: “Deja en manos del Señor tu destino y él te sostendrá” (Sal 54,23).

En toda la número María e Isabel están llenas de alegría. Mientras hablan, el nene que Isabel lleva en las entrañas salta de alegría en su interior. Al final de la conversación, Isabel le dice a María: “Acertado tú que has creído” ( cf. Lc 1,45). María nos enseña que nosotros además seremos felices si, a pesar de nuestras incoherencias, creemos a Jesús desde el fondo del corazón. Conocer a Jesús es lo mejor que nos puede acaecer en la vida.

Luego de esta número, el evangelista Lucas nos muestra a María elevando a Jehová una plegaria de gran belleza. Es el Magnificat.

El Magnificat es el canto que reza la Iglesia cada día en la rito de las vísperas. Es una plegaria de gran realismo. Se reconoce que en el mundo hay situaciones injustas, con opresores y oprimidos. Sin retención, la Raíz de Jehová no pierde la esperanza y sigue confiando en Jehová. En esta plegaria, María aparece como una verdadera mamá, que camina y lucha con nosotros. Como dice el papa Francisco, María es un signo de esperanza para los pueblos que sufren injusticias ( cf. Evangelii gaudium , 286).

Queridos hermanos y hermanas, María creyó en el Señor, lo acogió, le fue fiel y le sirvió con alegría.

Que nos enseñe a acoger con delicadeza al Señor que se acerca a nosotros de múltiples maneras en nuestro día a día y, de forma particular, en todos los crucificados de nuestro mundo. Sepamos, como ella, opinar sí a Jehová con fe y esperanza.

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