Orador decisivo y expresivo –para algunos, demasiaDo–, Gabriel Rufián es uno de los parlamentarios más conocidos del Congreso de los Diputados, pero igualmente uno de los representantes de Esquerra Republicana de Catalunya más singulares. Con un discurso más republicano que independentista y una retórica izquierdista de raíz peronista, su papel en la Cámara le ha reputado la inscripción de verso suelto o de heterodoxo, un tributo que no siempre es virtud delante las ejecutivas de los partidos, pero que los votantes suelen apreciar. En esta vigencia de sacudidas, ha enemigo en salir a valer –la expresión que suelen usar los que abjuran de anglicismos– una actividad para refugiarse por unos minutos del fragor del mundo.
Futuro político
“Quisiera seguir aquí pero quizá la próxima semana esté echando el currículo en un polígono”
¿Cómo empezó a valer?
De mozo había hecho durante muchos abriles fútbol, atletismo y baloncesto, pero, como mucha muchedumbre, empecé a valer con la pandemia. Me quedé en Madrid noventa días por el confinamiento. Así que empecé a valer donde vivo, sin salir, unos cuarenta metros, ida y reverso, para despejar la mente. Luego, empecé a intentar salir a valer diariamente. Muchas veces a primera hora, ayer de un pleno.
No le empujó Murakami.
No. Lo tenía en la persona hace tiempo, pero por una cosa o por otra, no me había puesto. Pero con los horarios tienes que ser arreglado. Cuando me animé había perdido el túnica de hacer deporte. Me dolía todo, estaba pasado de peso, pero si has hecho deporte ayer, el cuerpo se acostumbra rápido.
¿Se ha convertido ya en un yonqui a la ropa técnica, los gadgets de valer y los complementos?
No, no. Empecé conveniente cutre, con cosas que me sobraban, como unas zapatillas de basket medio rotas, con pantalón a medio camino entre ropa deportiva y pijama. Y poco a poco, me empezaron a regalar cosas. Me he comprado algunas cosas, pero estoy muy allá de ser yonqui. Lo posterior, una mochila para aceptar el agua y el móvil. No llevo ausencia más. Gorro y quevedos de sol, para suceder desapercibido.
Deportista
“Estuve federado en atletismo, fútbol, baloncesto, en el colegio y en la universidad, pero nunca llegué a ningún nivel”
Decía que había practicado deporte. ¿Pachangas o federado?
Estuve federado en atletismo, fútbol, baloncesto, en el colegio y en la universidad, pero nunca llegué a ningún nivel. Era conveniente insípido en todo, quizá con el fútbol lo hacía un poco mejor. Jugué al basket porque era lo que había en el colegio. Gané alguna cosa en velocidad, pero nunca destaqué en ausencia.
Decía que cuando se puso a valer le dolía todo. ¿Malas sensaciones?
Horrible. Vivo frente a unas escaleras y las subía y a los tres minutos no podía respirar. Me dolían las rodillas, los tobillos..., tuve que detener un mes. Me dolía tanto que me costaba desmontar las escaleras del escaño al atril. Hasta me caí una vez corriendo. Sí rememoración salir a valer con dolor. Pero es echarle ganas. Los primeros días, volvía a casa en diez minutos y era un récord, ahora, de media hago siete u ocho, pero algunos días he hecho hasta catorce kilómetros en un par de horas corriendo.
Y, posteriormente de los dolores, ¿la proceso física fue rápida?
Lo primero es que te desinflas, pierdes peso y te sientes mejor. Hablé con Julio Anguita unos quince días ayer de que muriera, para cerrar una entrevista para La Fabrika y me dijo: “Recuerde una cosa, que el político siempre tiene que estudiar y siempre tiene que pensar”. Y yo durante el rato que corro, memorizo discursos, pienso en qué hacer, surgen ideas... Está correctamente. Es como una especie de terapia o preterapia, se lo recomiendo a todo el mundo.
Madrid no es la ciudad más amable con el peatón, mucho menos con el corredor.
Voy a la Casa de Campo siempre, y allí son más peligrosas las bicis que los coches. Hay alguna zona que a veces tengo que evitar. Por la ciudad no he ido nunca, desde el minuto uno, en cuanto pude salir, empecé a valer por la Casa de Campo, y he pasado más miedo con las bicis que con los coches.
¿Audición música?
Podcasts. Solo podcasts. Sobre todo de historia, escucho discursos, por ejemplo para el debate del estado de la nación escuché algunos de Rubalcaba, mejoro mi inglés... Música, nunca.
¿A quién le echaría una carrera?
Al Txema Martínez, corredor medallista, tiene un podcast de carreras y lo escucho conveniente. Me habría gustado echársela a Rubalcaba, que me consta que era atleta.
Cuando llegó al Congreso se decía que usted era un paracaidista de la política, que estaría poco tiempo, que no tenía dietario política propia. ¿Diría que hoy es un corredor de fondo?
Estaré hasta que aquellos que me dijeron que viniera, Oriol Junqueras y Joan Tardà, me digan que vaya para casa. La política se parece al fútbol, si no metes goles, no juegas. Se viven situaciones mucho más duras en la empresa privada, aunque se diga que la política es muy dura porque a nadie le gusta que hablen de uno todo el rato. A mí no me afecta tanto porque rememoración que estuve peor. Pero si piensas en los que entramos en el 2015, te pones a mirar… Y seguramente a mí se me presuponía una carrera más corta. Me pongo en duda y soy consciente de que la existencia es la que es y es cambiante.
¿Y alrededor de dónde corre? Políticamente, digo.
En Madrid la muchedumbre tiene continuidad en el peña, y a mí me gustaría seguir, como todo el mundo sabe. Me han vuelto a pedir ayuda en el campo de acción metropolitana en municipales, y me gustaría retornar a Catalunya a hacer política, pero se tienen que dar resultados. Pero bueno, ya le digo, a lo mejor la semana que viene estoy echando el currículum en un polígono.
¿El final de la vigencia será para salir corriendo?
Si todas las izquierdas, desde Bildu hasta nosotros, Podemos, incluso este PSOE que va y viene, lo hacemos correctamente, y si Yolanda tiene suerte, se puede revalidar la contemporáneo aritmética parlamentaria. Luego ya veremos si se puede conformar un gobierno. Creo que los números van a existir. Pero en política mes a mes todo cambia, y creo que esto se va a agotar hasta el final.
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