Las empresas turísticas lanzaron un SOS preciso antaño del verano alertando de la escasez de personal que temían sufrir en una temporada esencia para la recuperación del sector. Los pronósticos se han cumplido, y en pleno pico de agosto, la desliz de trabajadores es palmaria. Hasta el punto de que, por primera vez, negocios de hostelería se han trillado obligados a someter su propuesta –menos días u horas abiertos– porque no pueden cubrir todo el horario. No les faltan clientes, pero sí empleados.
Los veraneantes habituales de la playa de Pals (Costa Brava) se sorprendían esta semana al comprobar que uno de los restaurantes más emblemáticos de la zona, el Solimar, cierra un día a la semana cuando más demanda hay. “Es que no tienen personal suficiente para funcionar de lunes a domingo si quieren respetar los turnos de refrigerio, como es su caso”, explican empresarios de la zona.
"Nos enfrentamos a una desliz de personal diaria y muchas dificultades para completar las plantillas"
Francesc Pintado, presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería de Tarragona, define la situación como un “sufrimiento constante”. “La temporada está siendo muy buena en cuanto a demanda y facturación, pero nos enfrentamos a una desliz de personal diaria y muchas dificultades para completar las plantillas”. Ven restaurantes que han corto los servicios, hoteles que no han hendido todas las habitaciones o puntos de saldo porque les desliz masa para atender en condiciones de calidad... “La situación es crítica”, afirma.
La playa de Cambrils el jueves por la mañana, en la Costa Daurada, refleja este tromba de turistas que han llegado a las costas para retornar a disfrutar de un verano como antaño de la pandemia. En la arena abundan las sombrillas, y los negocios están llenos. En el restaurante El Pòsit incluso tienen comensales haciendo trasero en la puerta, a la calma de que abran al mediodía. “Clientela no nos desliz”, explica Àngel Pérez, propietario del establecimiento, uno de los más populares de Cambrils y vencedor de varios premios. Por primera vez ha tenido que someter mesas de forma puntual –“solo algún día”– por desliz de personal para preservar la calidad del servicio. “El 70% de la plantilla es estable, son personas que llevan tiempo con nosotros; pero el resto son refuerzos para la temporada de verano, y es aquí donde se concentra el problema”, subraya Pérez.
La situación que ha vivido coincide con la que explican muchos otros negocios consultados: personas que comienzan a trabajar pero que a los tres o cuatro días desaparecen o que piden “cobrar una parte en indignado” y, por lo tanto, no se les puede contratar. Pérez incluso ha publicado sus tablas salariales en la web del restaurante, con sueldos para un camarero de entre 1.700 y 1.800 euros brutos al mes y dos días de refrigerio semanales. “Pensaba que sería una preeminencia competitiva, pero no ha sido así; nosotros no pagamos en indignado, intentamos hacer las cosas adecuadamente, hemos puesto en marcha un plan de igualdad, respetamos los turnos... pero aun así cuesta encontrar empleados con experiencia”, añade.
“Llegan personas a trabajar y a los tres días desaparecen; cuesta completar las plantillas”
En la oficina de la Unió d’Empresaris d’Hostaleria i Turisme de Costa Brava la tramitación de altas y bajas en la Seguridad Social es constante. “No es un verano frecuente, nunca nos habíamos enfrentado a una rotación de personal tan inscripción; los trabajadores de refuerzo llegan y se van a toda velocidad de hoteles y restaurantes”, explica Judit Lloberol, director de la entidad. Esto obliga a los negocios a estar formando desde cero a una parte de los empleados sin cesar, sin tiempo a dar estabilidad. Incluso se ha producido una supresión de sueldos en los lugares con más demanda de trabajadores. “Haces un entendimiento a algún y a los tres días dice que se va al negocio de al flanco porque les pagan 50 euros más, aunque sea en indignado”, lamenta un patrón del sector.
En militar el salario medio está subiendo porque se está pagando como ayudante de sala a trabajadores sin ninguna experiencia previa en hostelería. Joan Carles Sánchez, con negocios en Calella de Palafrugell, Pals y Torroella de Montgrí, comenta que este año paga como ayudante de camarero (unos 1.500 euros brutos) a personas que no han trabajado antaño. “Si no, ya ni vienen”, explica. En su caso, incluso ha concorde la capacidad de los restaurantes al número de empleados disponibles según el día. “Nos estamos esforzando por apoyar la calidad del servicio, aunque sea a costa de facturar menos; con familiares, buscando trabajadores de forma constante, mejorando las condiciones...”, señala. Muchos empresarios han recurrido incluso por primera vez en verano a compañías de búsqueda de empleados o ETT. “No lo había requerido antaño, pero ahora estamos dados de inscripción en seis empresas de personal”, cuenta Àngel Pérez.
Incluso los negocios que pagan mejor sufren para encontrar empleados; ¿se acabaron las reposo baratas?
El sector hotelero incluso ha decidido una bolsa de trabajo online propia, una especie de Infojobs, para intentar atraer personal, explica Jorge Marichal, presidente de la patronal Cehat. La han traducido al ucraniano intentando así advertir refugiados que busquen empleo en España.
“Es hora de dignificar el sector si queremos un turismo de calidad”, coinciden todos. Esto implica mejor formación, horarios y sueldos. Y incluso la toma de conciencia de los clientes de que quizá la época de las reposo baratas ha rematado. Que te atiendan adecuadamente un domingo al mediodía, insisten, “tiene un precio”.
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