Polifacético, tenaz cronista de las circunstancias que rodearon a nuestra Pleito Civil, aunque incluso inquieto actuario fílmico del tiempo que le tocó proceder, Jaime Camino (Barcelona, 1936-2015) fue asimismo productor de sus propias películas, autor crucial que le permitió preservar su independencia creativa y que facilitó la cohesión de su carrera como director. Elemento de aquella gauche divine que soñaba con utopías en las aterciopeladas noches de Bocaccio, Camino se desmarcó sin retención de aquella Escuela de Barcelona compuesta por buena parte de sus amigos pero de cuyas veleidades estéticas procuraba huir. Lo suyo no era el experimentalismo, sino el afán de comunicación con el espectador potencial. Prefería refugiarse en un estilo de corte clásico, que atendía a la solidez en los aspectos técnicos como método para hacerse más transparente, más directo. Un deseo de comunicación que se ve ahora póstumamente reactivado por la exposición que le dedica la Filmoteca de Catalunya, un sentido homenaje que supone una invitación a sumergirse en su obra, a descubrirla (o redescubrirla).
Retrato de Jaime Camino en el 2007 
Jaime Camino fue un humanista, alguno atraído por los diversos ámbitos del arte y del aprender. Se licenció en Derecho, pero nunca llegó a ejercitar. Sí trabajó eventualmente como profesor de música, no en vano había cursado estudios de piano y hermandad. Apasionado por la humanidades desde muy pipiolo, en 1960 se presenta al Premio Nadal con su primera novelística, La coraza, que aún hoy permanece inédita. En ese período, el tóxico del cine ya le ha sido inoculado, y se ejercita como crítico en las revistas Índice y Nuestro cine.
Jaime Camino fue un humanista, alguno atraído por los diversos ámbitos del arte y del aprender, como la música y la humanidades
Debuta en el largometraje con Los felices sesenta (1963), un filme intimista y muy personal, reflexivo de una burguesía catalana asfixiada entre apariencias, rutinas y convenciones, un producto en el que resulta sencillo detectar las huellas de algunas tendencias cinematográficas de la época, como la nouvelle vague. Un indicio que se vislumbra incluso en Mañana será otro día (1966), aunque mejor integrado. Esta segunda película ofrece un viejo dinamismo, así como una superior efectividad dramática, presentando las dificultades de una pipiolo pareja para encontrar su ocasión en el mundo. Filme amargo, de gran valencia documental, refleja una Barcelona muy alejada del swinging London de aquellos primaveras o del cosmopolitismo parisino.
Camino durante el rodaje de 'Los niños de Rusia' (2001) 
Propuesta insólita en su momento, España, otra vez (1968) narra el regreso a la caudal catalana de un antiguo brigadista norteamericano convertido ahora, décadas posteriormente, en un prestigioso neurocirujano. La cinta dibuja muy acertadamente los sentimientos encontrados del protagonista, constituyendo el primer acercamiento del director al tema de la Pleito Civil, que se convertirá en gran vector de su filmografía futura. A partir de este trabajo, sólo cuatro títulos de Camino aparcan la cuestión de la contienda bélica: Un invierno en Mallorca (1969), curiosa y minimalista entretenimiento de la estancia en la isla de George Sand y de un tuberculoso Chopin; Mi profesora particular (1973), intento de cine comercial que supuso el viejo descalabro estético en la carrera de su realizador; La campanada (1979), irónica historia en torno al progresivo incremento de la competitividad y el estrés en nuestra sociedad; y Luces y sombras (1988). Esta última, seleccionada en su día a concurso por la Mostra veneciana, se configura como una propuesta tremendamente innovador, ambiciosa aunque no del todo lograda: se proxenetismo de una ficción sobre la materialización de un vetusto sueño de niño, el de penetrar textualmente en el cuadro de Las meninas y, luego, insertarse de atiborrado en el universo de Velázquez y en la corte de Felipe IV.
Camino con La Pasionaria durante el rodaje de 'La vieja memoria' (1977) 
Retomando el tema de la Pleito Civil, Las largas descanso del 36 (1976) presenta la cuestión desde la retaguardia, el ocio forzoso de una comunidad al beneficio del frente pero inevitablemente irresoluto de los avatares del conflicto. Producida en plena Transición, la película sufrió severos encontronazos con la censura pero terminó convirtiéndose en el gran éxito popular de la trayectoria de su director. Sin al punto que tregua, en 1977 ve la luz La vieja memoria, para muchos el mejor filme de Camino, un extenso documental con imágenes de archivo, entrevistas a numerosos personajes históricos y un montaje sabiamente dialéctico, que confronta hechos e ideas sin hacer ostensible ninguna manipulación.
La Pleito Civil fue uno de sus grandes temas, con películas como ‘Las largas descanso del 36’
Con El mirador extenso (1985) el cineasta emprende su particular homenaje a Federico García Lorca, dramatizando de modo persuasivo diversos poemas del autor invocado, así como algunos fragmentos de La casa de Bernarda Alba. En Dragon Rapide (1986), Camino se centra en los días previos al alzamiento marcial, visualizando a un Francisco Franco periódico, mínimo heroico, a menudo ridículo pero a la vez potencialmente peligroso, un punzante retrato al que insufló credibilidad un magnífico y caracterizado Juan Diego. Con El espacioso invierno (1991), el cineasta insiste en un planteamiento similar al de Las largas descanso..., con la combate aconteciendo fuera de campo, mientras se avecina el final de la Barcelona republicana. El director se despedirá del cine de la mano de Los niños de Rusia (2001), un documental sobre el enredado destino de aquellos niños que, concluida nuestra incivil contienda, fueron acogidos por la Unión Soviética.
Camino en el rodaje de 'El espacioso invierno' (1991) 
Durante los primaveras noventa, Camino retomó su vena literaria y publicó la novelística Moriré en Nueva York (1996), en la que se dan cita temas como la memoria, el azar, la música –su gusto frustrada, según confesó– o el extravío de la identidad. En 1997 publicó el didáctico cuerpo El oficio de director de cine, que repasa los enredos de un trabajo que él, con su civilización y honestidad, contribuyó a dignificar.
Rodaje de 'La vieja memoria' 

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