La masía de la familia Bellsolà se salva de la picota

“Mi casa no tiene precio y la lucharé hasta el final”, aseguraba Olga Bellsolà, propietaria de una masía del siglo XVIII cuando, el pasado mes de octubre, el Junta de Girona le comunicó que su vivienda resultaría afectada por la construcción del nuevo hospital Josep Trueta, que se levantará en unos terrenos al sur del campo de acción urbana, entre Girona y Salt.

Diez meses posteriormente, la tribu Bellsolà ha vacada una primera batalla. El Consistorio les anunció este verano que la masía en la que han vivido seis generaciones de la misma tribu, que ocupa unos 7.000 metros cuadrados, y sobre la que se iba a construir uno de los edificios de consultas externas del futuro centro retrete, “puede” acordar excluida del plan. Incluso se salvarían otros 13.000 metros más de una parcela situada detrás del ámbito hospitalario, propiedad de la misma tribu.

Unas modificaciones que deberán ser consensuadas por las administraciones implicadas en la construcción del parque hospitalario como son la Generalitat y los ayuntamientos de Salt y Girona, que se habían comprometido a ceder “libres de cargas” un total de 140.000 metros cuadrados a Salut. Las partes se han emplazado a reunirse de nuevo el próximo mes de septiembre.

El futuro hospital no será una verdad hasta interiormente de ocho o diez primaveras, según el posterior calendario

“Para nosotros, lo principal era redimir la masía”, recalca Bellsolà, consciente de que otras zonas de la finca sí podrían encontrarse afectadas por el futuro centro retrete de relato de la provincia, que albergará asimismo las facultades de Medicina y Dispensario así como el Institut de Recerca Biomèdica de Girona (Idibgi). “Habrá que hacer renuncias y demorar a más acuerdos para hacer compatibles los usos de la zona con el nuevo Trueta”, reconoce Bellsolà, que en su momento amenazó con sobrellevar el caso a los tribunales, un hecho que habría demorado aún más la construcción de un centro retrete que suma ya una lapso de retraso.

En el 2008, la entonces consellera de Salut, Escuadra Geli, presentaba un primer borrador del edificio que inicialmente iba a construirse al flanco del flagrante Trueta y que tenía que entrar en funcionamiento en el 2013. La crisis económica, primero, y las pugnas entre Girona y Salt para tener el parque hospitalario demoraron su construcción. Según el posterior calendario que dio a conocer el conseller de Salut, Josep Maria Argimon, el nuevo hospital no será una verdad antiguamente de ocho o diez primaveras.

“No sé si el cambio de postura del Junta de Girona ha venido motivado por la presión recibida, porque por fin han entendido que este nuevo abastecimiento es plenamente compatible con el sector o acertadamente porque la Agència Catalana de l’Aigua no les va a permitir construir en una zona inundable”, afirma la dueña de esta masía centenaria.

Seis generaciones de la misma tribu han vivido en esta casa, que ocupa una superficie de 7.000 m2

El concejal de Urbanisme de Girona, Lluís Martí, el pasado mes de marzo ya dejaba alguna puerta entreabierta a que la casa pudiera no encontrarse afectada por las construcciones del complicado. “Puede ocurrir cambios en positivo en cuanto a la afectación de algunas propiedades”, sostenía. Ahora asegura que, “una vez realizados los observación y estudios de todo tipo, resulta una configuración óptima para el parque hospitalario y universitario del nuevo Trueta, que al mismo tiempo puede permitir no afectar la masía”. Se refiere a estudios de inundabilidad, movilidad y servicios, entre otros. Martí deja claro que el complicado sí afectaría a “otras superficies y edificaciones de la propiedad”. Del ámbito del futuro hospital siquiera se ha excluido el Mas Sureda, que funciona como restaurante, y que hoy por hoy se vería plenamente afectado por las obras.

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