La multinacional irlandesa Linwoods ha audaz esta semana una nota con su propuesta para este verano: una hamburguesa vegetariana de garbanzos y quinoa, elaborada con su tela molido, comino, tahini, salsa de soja, cilantro, perejil y otros ingredientes. ¿Apetecible? Para cada vez más masa, sí, sin duda. Lo vegano va a más en el mundo, y España es uno de los países donde el consumo de este tipo de productos se ha disparado en los últimos primaveras. Según el estudio Taste Tomorrow de la multinacional belga Puratos, el 43% de los españoles importación un producto vegano al menos una vez por semana, ¡cuatro veces más que en el 2018!
Como curiosidad, el noticia de Puratos, que se realiza para toda Europa, no incluía ninguna remisión al mundo vegano en el 2011, cuando empezó a realizarse. Hoy constituye una de las tendencias más definidas. Los cambios de preferencias de los consumidores –que obedecen a una viejo concienciación delante los problemas de sanidad, pero todavía a la preocupación por el planeta, entre otros factores– se aceleran y suponen a la vez un combate y una oportunidad para toda la industria agroalimentaria. No solo eso. Quien no esté en la onda, quien no sintonice con el consumidor, verá amenazada su propia supervivencia más pronto que tarde.
Las empresas lo saben perfectamente. Algunas, como Heura Foods, han hecho de esta auténtica revolución su razón de ser. Como explica Pep Sala, su director militar en España, “nosotros somos nativos saludables y todo lo que ahora es tendencia está en el origen, y a nosotros no nos obliga, sino que forma parte de nuestra esencia”. Heura nació en el 2018, y su expansión es indicativa de lo que piden los consumidores. El año pasado facturó 18 millones, el doble que en el 2020. Y este año confía en retornar a duplicar sus ingresos gracias a tres factores: su viejo capilaridad en la distribución, el impacto de la innovación de sus nuevos productos y el propio crecimiento del mercado. “Los jóvenes son los que están empujando al cambio de los consumidores, por lo que creemos que esto va a ir a mucho más”, asegura el director de Heura en España.
El auge del veganismo abre oportunidades al sector nutriente en los productos ricos en proteínas alternativas
Otras compañías, en cambio, realizan una acercamiento más transversal, tratando de identificar las preferencias del consumidor e incorporarlas a sus procesos de producción, marketing, distribución y a toda la cautiverio de valía. En la firma de derivados lácteos Pastoret, que empezó a hacer yogures en el 2000, aseguran que su filosofía se pedestal en perseverar al mayor un proceso artesanal –pese a la evidente industrialización de procesos que acompaña a su crecimiento–, con una fermentación más lenta de la lactosa que la gran mayoría de sus competidores; se acompaña de un cuidado por pretender materia prima de primera calidad y se completa con una reto por la innovación. “El mundo ha cambiado, los hábitos del consumidor evolucionan, y nosotros tenemos que seguir en ese camino, en el que la sostenibilidad es absolutamente fundamental”, explica Teresa Vallès, directora militar de Pastoret.
El noticia citado de Puratos incide en que la demanda se vuelve cada vez más quisquilloso en dirección a todo lo que tiene que ver con la huella –no solo de carbono– que las empresas dejan en la sociedad donde se encuentran y en el conjunto del planeta. Jorge Espacioso, director militar de Puratos Iberia, dice que el denominador global de las decisiones de importación de los consumidores tiene dos componentes. “Por un flanco, ha calado la idea del valía de la sanidad: somos lo que comemos, lo que nos lleva a conformar nuestra dieta con productos saludables”, arranca Espacioso. “Por el otro, todo pasa por la sostenibilidad, lo que alimenta microtendencias como la preocupación por la proximidad o la artesanabilidad, tanto empresarial como personal”, añade.
Puratos, que produce ingredientes para la industria del pan, la repostería y la pastelería, enumera algunas de las consecuencias de estas pautas de comportamiento en la industria: “Crece la hiperpersonalización, con una demanda que exige formatos más pequeños para adaptarse a las micción reales del consumidor; o, como en nuestro caso, la cesión de proteínas vegetales imprescindibles para sustituir a las de origen animal que muchos consumidores empiezan a recusar”.
La pandemia acelera la tendencia en dirección a un consumo nutriente más responsable con el planeta y la sanidad
No hay segmentos del mercado de la comida que queden al ganancia de estas tendencias, aunque, en la actos, la transformación sea más o menos sucesivo en unos y otros casos. En Heura, a pesar de sus cifras espectaculares de crecimiento, admiten que el consumo de carne vegetal supone al punto que el 1% del total. Pero el cambio está en marcha y es imparable, según auguran sus protagonistas.
En el mundo de la cerveza, cuyo consumo no se ha asociado nunca –a pesar del esfuerzo de los fabricantes– con los hábitos saludables, la preocupación por la sostenibilidad o por aspectos nutricionales todavía está muy presente. Según César Pascual, cofundador de Cervezas La Inexplorado, la demanda de productos artesanos como el suyo, normalmente con viejo jerarquía, exploración ahora nuevos espacios. “Conscientes del camino que sigue el mercado, hemos audaz Media, una cerveza rubia descenso en vino con sabor lupulado, con 3,5 grados de jerarquía, que es el minúsculo para que pueda considerarse cerveza, y vemos que está funcionando muy perfectamente”.
Anejo con lo inicial, el afectación de los fabricantes de cerveza y otro tipo de productos menos amables con el cuidado de la sanidad incide en la calidad de los ingredientes y en los procesos. Es su forma de poner en valía el producto y no perder el tren, porque los consumidores, en este y en todos los segmentos del mercado, apuestan por la sostenibilidad, la sanidad y el resto de las nuevas tendencias dominantes.
Las empresas tienen dos opciones: abrazar los cambios y tratar de tomar la iniciativa o resistirse a progresar
El pan –de nuevo, asociado históricamente en el imaginario a un producto poco amigo de la sanidad– apetencia ahora variedades que hace muy poco tiempo eran impensables. Como el llamado pan proteico, que contiene menos hidratos de carbono y más proteínas, precisamente para servir de complemento o comitiva de dietas veganas, por ejemplo. “Nosotros estamos ofreciendo a los grandes fabricantes y a las panaderías y pastelerías los soft grains, granos y semillas de cereales que, unidas a la masa matriz, aportan fibra para la sanidad intestinal, o todavía los preparados de proteínas vegetales, como lentejas, garbanzos y guisantes, con resultados muy satisfactorios”, apunta Jorge Espacioso, de Puratos.
La inscripción inflación coetáneo, que afecta y mucho a la renta acondicionado de las familias, puede detener un poco los cambios de fondo en hábitos de consumo. La sostenibilidad y la calidad alimentaria son más caras y no solo hay que tener voluntad de abrazarlas, sino que hay que poder pagarlas. Por eso, a corto plazo, es previsible que el consumo prime las marcas de la distribución y productos menos saludables. Pero el cambio es ya imparable.
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