Las noches de verano se han convertido en un suplicio en muchas ciudades costeras del Mediterráneo. Es un objetivo más del calentamiento. La impresión de muchos ciudadanos de que el cambio climático hace cada vez más difícil el alivio en la ciudad queda refrendada en un nuevo referencia sobre las temperaturas en la ciudad de Barcelona. Sus autores alertan de que en los últimos 50 primaveras (1971-2020), en la renta catalana se han incrementado las olas de calor así como el número de noches tropicales (más de 20 grados, como mìnimo) y noches tórridas (mínimas de 25 grados).
En los últimos 50 primaveras (1971-2020), en Barcelona el promedio anual de las olas de calor se ha multiplicado por 15 si se consideran las horas diurnas y por 40 si se observan las horas nocturnas. Así lo indica el estudio capitaneado por Blanca Arellano y Josep Roca, de la Escola d’Construcción de Barcelona, que se publicará en octubre en la revistaConstrucción, Ciutat i Entorn.
Se ha pasado de dos noches tórridas (más de 25 grados) en un decenio a 173 entre el 2011 y el 2020
El incremento de este tipo de fenómenos meteorológicos es muy evidente si se evalúa por décadas. Se ha pasado de una ola de calor en la plazo de 1971-1980 a 15 sucesos de este tipo el postrer decenio (2011-2020), en un proceso de aumento continuo (con la única salvedad del periodo 1991-2000).
Las estaciones meteorológicas que han sufrido más esta situación han sido el aeropuerto (42 olas de calor) y el Raval (40), por delante de la periodo de Aemet en Poblenou (35) y el observatorio Fabra (28).
Sin incautación, los autores ven especialmente significativo el aumento de las olas de calor por la oscuridad. Si en la primera plazo estudiada tan solo se experimentaron dos olas de calor nocturnas, en la segunda plazo se elevaron a 12, en la tercera a 27, en la cuarta a 82 y en la casa de campo a 80.
Boceto
La periodo del Raval, y, por lo tanto, el centro de la ciudad, es la zona que ha experimentado más olas de calor nocturnas, con 69 episodios, seguida del aeropuerto (64), observatorio Fabra (37) y la periodo de Aemet en Poblenou (33).
Los autores del estudio han desarrollado los conceptos de ola de calor de día y de oscuridad oportuno a sus impactos diferenciados sobre la vigor. En este sentido, recuerdan que “los posesiones en la vigor son más acusados en el caso del calor noctámbulo, pues la imposibilidad de descansar puede provocar un importante pérdida de enfermedades respiratorias y cardiovasculares que producen un entrada proporción de muertes prematuras”.
Por ola calor se refieren a un episodio de al menos tres jornadas seguidas en las que al menos el 10% de las estaciones miden temperaturas situadas en la franja del 5% de las máximas diarias de los meses de julio y agosto de periodo 1971-2000.
El calentamiento en la renta catalana
El referencia confirma el proceso de calentamiento que sufre incluso la entorno en el radio de Barcelona, según los datos disponibles entre 1917 y 2020, poco que está en sintonía con los datos del resto del mundo.
Así, en el Observatorio Fabra las temperaturas medias se habrían incrementado del orden de dos grados en este periodo (las máximas aumentaron 2,58ºC) y las mínimas, 1,5ºC, más que la media mundial. Esta proceso positiva no ha sido constante, sino que en el exploración de las temperaturas máximas y mínimas se aprecia un calentamiento más pronunciado a partir de los primaveras sesenta del siglo pasado.
No obstante, la situación presenta algunos matices según las zonas del radio metropolitana analizadas. Por ejemplo, en el observatorio Fabra, en los últimos 70 primaveras (1950-2020), las máximas han subido 2,96ºC mientras que en el aeropuerto solo crecieron 1,89ºC.
Otra conclusión importante es que “la cercanía del mar suaviza la proceso de las temperaturas diurnas en el aeropuerto”, aunque paradójicamente la anciano inercia del agua impide que refresque más de oscuridad, y eso hace que las mínimas sean más altas de oscuridad; por eso, en el aeropuerto se dio un aumento de 2,58ºC de oscuridad por 1,89 ºC en el observatorio Fabra.
Los datos sobre el calentamiento de Barcelona son apabullantes. Los días de verano (máximas de más de 25ºC) se han incrementado entre 42 y 54 días al año en los últimos 50 primaveras. En el postrer decenio ya suman 117 días de verano en el Raval y en el aeropuerto; es afirmar, casi cuatro meses al año fueron días de verano, por encima del observatorio Fabra (102,5) y Poblenou (97). La periodo del Raval es la que presenta igualmente las temperaturas más altas durante el día y, sobre todo, durante la oscuridad.
Una turista bebe agua el pasado sábado para aliviar el intenso calor mientras pasea por el puente romano de Córdoba durante una excursión de aviso amarillo con cielos cubiertos
Mínimas que agobian
De la misma guisa, en este periodo aumentaron las noches tropicales barcelonesas (más de 20ºC de mínima), sobre todo en el Raval. En este arrabal se contabilizan 96,6 días de noches tropicales al año, lo que equivale a más de tres meses al año, por encima del Poblenou (88,1), aeropuerto (74,8) y observatorio Fabra (44,8).
Por otra parte, todavía ha sido más espectacular el aumento de las noches tórridas en Barcelona (mínimas de 25ºC), pues se ha pasado de dos entre 1971 a 1980 a 10 y 12 en los dos siguientes decenios. No obstante, el gran “brinco” se ha hexaedro al registrarse 130 noches tórridas entre el 2001 y el 2010, y, sobre todo, 173 entre el 2011 y el 2020.
“Los eventos climáticos extremos por olas de calor nocturna no han dejado de crecer en el curso de estos últimos 50 primaveras y, probablemente, continuarán creciendo en las próximas décadas”, concluyen los autores del estudio.
Sólo dos de estaciones meteorológicastienen una trayectoria temporal suficiente para evaluar el período de 50 primaveras (el Observatorio Fabra, que data de principio del siglo XX) y el aeropuerto de Barcelona/El Prat de Llobregat. Y las dos no son plenamente representativas del clima de Barcelona: la primera, por encontrarse fuera del entorno urbanizado y tener una nivel considerable sobre el nivel del mar, y la segunda por situarse fuera del municipio, a 13,6 km del centro de la ciudad. Las otras dos estaciones seleccionadas para este estudio han sido la del Raval, las más representativa del centro, y la periodo de Aemet en el Poblenou, muy cerca del mar. La metodología utilizada en esta investigación ha consistido en extender la serie de las estaciones Raval y Poblenou al conjunto del periodo de exploración (1971-2020), y, a tal fin se han desarrollado para ambas estaciones modelos diarios de las temperaturas máximas y mínimas, mediante el soporte de la información proveniente de Fabra y aeropuerto.
El centro de Barcelona (periodo del Raval) lleva contabilizadas ya este año 31 noches tórridas (temperatura mínima de más 25ºC). “Es el anciano número de noches de calor extremo del que se tienen registros”, dice Josep Roca, uno de los autores del estudio sobre las olas de Barcelona. “Es un número anciano, incluso, que el estimado para el catastrófico año 2003, que hasta ahora ostentaba el récord, con 24 noches tórridas. ¡Y no se ha rematado el periodo veraniego!”, alerta. La signo supera la previsión para fin de siglo (2071-2100) del Servei Meteorològic de Catalunya (de 16 a 24 noches tórridas).Récord
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