Carreño gana su primer Masters 1000 en Montreal tras vencer en la final a Hurkacz

Por razones evidentes, ha vivido a la sombra de un titán como Rafa Nadal y en los últimos meses le ha superado el engendro Carlos Alcaraz, pero Pablo Carreño, a sus 31 abriles, ha sabido esperar, siguiendo su camino con constancia y trabajo, y finalmente este domingo cazó su momento tras sacudir en Montreal a Hubert Hurkacz en su primera final de un Masters 1.000. El polaco, que ya había yeguada un torneo de esta categoría en Miami y venció al castellano en la final de Metz, sucumbió en tres sets (3-6, 6-3 y 6-3) frente a el asturiano, que culminó una semana redonda, con un tenis implacable y saciado de confianza. “No sé cómo sentirme ahora, ha sido el mejor triunfo de mi carrera”, dijo emocionado.

El plan auténtico del asturiano pasaba por detener los intercambios para contrarrestar la potencia del rival e intentar sobrevivir al resto, una proeza frente a el concurrencia de cañonazos. Carreño ya había dejado en el camino a ogros como Berrettini y Sinner y no había cedido un set hasta la semifinal. En el partido por el título empezó en la misma partidura, sin fallos reseñables, pero en el primer set se topó con un deportista con un servicio inabordable sobre pista rápida. 

Los segundos servicios del polaco fueron la rendija por donde se intentó colar el de Gijón y en ese círculo se encontró a un Hurkacz sorprendentemente efectivo desde el fondo y resolutivo en la red, a la que subió repetidamente. Para colmo, cuando Carreño oteaba la opción de break su rival activaba de nuevo la palanca de los aces. La táctica no funcionaba y el castellano colapsó en el sexto conjunto, donde concedió el primer break. Con el señalador a gracia, Hurkacz se refugió en su tiro hasta hacerse con la primera manga, que cerró con el sexto tiro directo del set.

Pablo CarreñoTenista

Sin ganancia de error, Carreño jugó sin tapujos, retando al de Breslavia con un conjunto más directo y agresivo. Dio un paso delante, más centrado en explotar sus virtudes que en dañar las de su oponente. Una doble desatiendo de inicio en el segundo conjunto fue la invitación para que el castellano creyera en sus posibilidades y aprovechó los segundos saques para sacar un enorme despojo: un break siempre carísimo frente a un cañonero. 

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Hubert Hurkacz se lamenta tras un punto perdido frente a Carreño. 

Minas Panagiotakis / AFP

Carreño enlazó los mejores minutos del duelo, sobre todo con su servicio, con el que se mostró inexpugnable. Llevó el partido al tercer set cediendo cinco puntos con su tiro, encima de sumar merienda ganadores en el set y tras cometer solo tres errores no forzados.

Antiguamente de asomar el final envite, el definitivo para el título, los dos se tomaron un respiro de casi ocho minutos para ordenar las ideas fuera de la pista. Hurkacz, sin confiscación, solo acumuló tensión y su conjunto lo notó en el tercer conjunto, cuando no supo manejar la segunda oportunidad de rotura de su rival, la tercera del partido. Conectó un buen primero, pero Carreño la puso en pista y el polaco se precipitó con una dejada a la red. Pagó su error con la pala. El polaco aumentó más si cerca de la velocidad de sus golpes planos, pero al asturiano no le tembló el pulso en el momento más importante de su carrera y cerró el partido al resto frente a un Hurkacz que ya no confiaba ni en la potencia de su tiro. Carreño ya puede poner el trofeo del Masters 1.000 de Montreal adyacente a la medalla de bronces de los Juegos de Tokio

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