Una acogida es un hecho que cambia la vida a todas las partes implicadas. A pesar de que cada vez se manejo con más ciudadanía, charlar de ello y de lo que conlleva se sigue considerando un tema tabú en muchas familias y en algunas culturas.
Este silencio, sin retención, tiene un peso importante en aquellas personas que mudaron de familiares. Que dejaron a espaldas una vida para tener otra, aun sin memorizar el cómo ni el por qué. Y eso no es poco que se pueda rehuir tan fácilmente. Al contrario, puede devenir en lo que la autora Betty Jean Lifton denominó en su tomo Lost and found: the adoption experience (1979) “reino espectro”.
En esta verdad alternativa, las personas adoptadas se imaginan cómo habría sido su vida si hubiesen crecido con su clan biológica. Pero, aunque pueda parecer una simple ficción creada por niños, en verdad es un mundo enrevesado, que se prolonga a lo generoso de la vida de una persona y se desarrolla en sintonía con ella.
Aunque pueda parecer una simple ficción, es un mundo enrevesado, que se prolonga a lo generoso de la vida de una persona
El reino espectro es un mecanismo psicológico que ayuda a “canalizar la exigencia de encontrar las partes que faltan de la historia esencial propia de cada persona”, explica Amelia Serra Zornoza, psicóloga de Prado Psicólogos. Esos “fantasmas” quedan desterrados en una verdad ficticia que “oscila entre la idealización y la devaluación de la otra vida” y evoluciona “a lo generoso de las distintas fases del avance personal, en consonancia a las herramientas, capacidades e incluso experiencias que viva la persona” para intentar dar sentido a su identidad.
Abebaye vivió en Etiopía hasta los seis primaveras con su raíz, que falleció por una infección meses antaño de que fuese dada en acogida. Llegó a España con otra raíz que no le impidió persistir la relación con su clan biológica. Hasta la época, ha viajado dos veces a Etiopía para visitarla y mantiene el contacto con ella por teléfono.
Se enteró de que iba a ser adoptada hablando con los vecinos del pueblo. Su hermana maduro no podía hacerse cargo de ella, así que viajó, aunque Abebaye tenía ganas de quedarse en su país. Es por eso que, a pesar de proceder situaciones que la hicieron reflexionar antaño de tiempo, idealiza cómo habría sido crecer allí.
En su reino, Abebaye, que ahora tiene 21 primaveras, se imagina de pequeña visitando el pueblo de su raíz, con ella todavía viva, donde fue más atinado que nunca. “En mis momentos más difíciles, siempre pienso en Etiopía. Me relaja imaginarme allí de pupila, cuando todo era más liviana”, explica. Para ella, su reino espectro se ha convertido en un refugio.
Abebaye, de 21 primaveras, se imagina de pequeña visitando el pueblo de su raíz, con ella todavía viva, donde fue más atinado que nunca
Porque puede ocurrir que, en esa ficción, las personas protagonistas se imaginen con la momento en la que fueron adoptadas a pesar de encontrarse en la etapa adulta. Tal como apunta Serra, “si la acogida se produjo a los pocos días o semanas de vida, al no tener un punto de relato o partida, puede que la persona cree su reino espectro conforme la momento que tiene en el instante en el que comienza a fantasear. En cambio, cuando hablamos de cualquiera recogido a una momento en la que ya hay más consciencia y capacidad de memoria, es más posible que se quede anclado en ese instante”.
La psicóloga explica que, aunque “hay tantos reinos espectro como personas en el mundo, existen ciertos medios comunes. Principalmente, la importancia que se le da a la figura materna y el espacio que se dedica a crear, visualizar y proyectar la relación con ella”.
Pablo siempre ha hablado con sus padres adoptivos sobre su acogida al año de germinar. Es por esto por lo que no suele imaginarse cómo habría sido su vida en Ucrania. Sin retención, todavía recuerda a dos personas con las que soñó una perplejidad hace más de diez primaveras: una raíz chavea y débil, pero con una presencia más destacable que la de un padre robusto, con barba y una camiseta de tirantes que para Pablo simbolizaba la precariedad de la pareja. Esa imagen de unos orígenes humildes no fue un incentivo para apañarse a sus padres biológicos. La curiosidad quedó atrapada en un simple sueño.
Serra pone ceremonia en una palabra que adquiere mucho peso cuando reflexiona sobre los reinos espectro: hogar. “Creo que ese puede ser el patrón que comparten casi todos. Si pudiéramos verlos representados en películas, veríamos mucho de hogar en ellos”, afirma.
En el 2022, ha habido 62 peticiones de búsqueda de orígenes a escalera doméstico, y seis internacional
Es el caso de Cuadro, que fue adoptada con tres primaveras en Nepal, y en cuyas pesadillas aparece una casa. Pero no la puede aldabear hogar. Algunas noches sueña con que está en brazos de una mujer. Su hermana aparece llorando por cualquiera que tropieza, cae y muere de un leve asalto. Siempre las mismas viviendas de fondo. Siempre la misma ventana. Cuadro se sabe los matices de memoria excepto la cara de la persona que la sostiene.
Además su mente ha rellenado vacíos a partir de los memorias, puede que falsos, de su hermana biológica: tiene una imagen de ella en brazos de su tío y con su hermana al flanco, viajando en autobús alrededor de un orfanato. Su tío le promete que volverá. Pero sabe que ese momento nunca ocurrió porque los informes dicen que la dejaron en la puerta de una tiempo de policía.
Los padres adoptivos no deben tener miedo a que sus hijos tengan curiosidad por memorizar de dónde vienen. Querer apañarse no implica necesariamente querer cambiar de vida. “Al revés: es más habitual que las personas que buscan sea evidentemente porque sienten que no hacen entrar a nadie en competencia con la otra clan”, dice la psicóloga Meritxell Pacheco, directora en el Institut de Psicologia i Desenvolupament (IPSIDE) de Catalunya y profesora investigadora sobre identificación adoptiva en la FPCEE Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull.
Querer apañarse a la clan biológica no implica necesariamente querer
cambiar de vida
Descubrir los orígenes siquiera supone que esos fantasmas desaparezcan: las expectativas entran en conflicto con la verdad, pudiendo retomar más enrevesado ese reino. “Muchas veces, a partir de ese momento, se inicia un nuevo proceso de reajuste de ideas, expectativas e incluso duelo, en el que hay que despedirse de la imagen que se había creado y poco a poco integrar la nueva”, explica Serra.
Pacheco, a su vez, recomienda que, si se realiza una búsqueda, se haga con ayuda profesional. “Dar respuesta a tus orígenes implica una serie de riesgos: apañarse no significa encontrar. Y, si encuentras, no significa que quieran memorizar de ti. Eso es poco para lo que la persona tiene que estar preparada”, explica.
Para ello, existen instituciones como el Institut Català d’Acolliment i Adopció (ICAA), que pone al servicio de las personas adoptadas una pelotón para la búsqueda de la clan biológica. Según los últimos datos de la entidad, en el año 2021 hubo 15 solicitudes de búsqueda para adopciones internacionales y 75 nacionales. En el 2022, hasta el 31 de julio, ha habido seis peticiones internacionales y las nacionales ya se elevan a 62.
A Cuadro, sus padres le regalaron un revoloteo a Nepal por su decimoséptimo cumpleaños porque llevaba un tiempo queriendo conocer el sitio donde nació. Pero, a diferencia de su hermana, que fue adoptada por otra clan española y la acompañó en el alucinación, no se sintió preparada para conocer a sus anteriores padres: rechaza memorizar quiénes son para que no le perturben su presente.
Cuadro, de origen nepalí, rechazó conocer a sus anteriores padres para que no le perturben su presente
Ella sabe que los derechos de la mujer en Nepal son nulos y agradece no tener que casarse, ser raíz y ama de casa sin quererlo. El alucinación a su país de origen solo le hizo reafirmar el hecho de no querer retornar; aprendió a valorar la clan que ahora tiene.
Por otro flanco, Pablo imagina que, si viviese allí, lo más probable es que ahora estuviese combatiendo en la querella. Por consiguiente, siquiera tiene motivos para querer tener otra vida. Todavía le emociona una frase que una vez le dijo su raíz: “El acto de darte en acogida fue el maduro regalo que tu raíz biológica te podría tener hecho”. No descarta, eso sí, alucinar algún día a Kyiv para conocer el extensión donde nació.
Tanto él como Cuadro no han desarrollado un posible reino espectro. Su subconsciente les recordaba su acogida en sueños porque en algún momento de la infancia tenían demasiadas preguntas por hacer y por hacerse. Pero ya no; solo reconocen a su clan contemporáneo como la verdadera.
Abebaye es la excepción. Ella sigue imaginando cómo sería su vida allí porque, a diferencia de Pablo y Cuadro, tiene memorias de un hogar que dejó a espaldas. Sin retención, esa nostalgia no le impide estar conforme con su vida contemporáneo: ser adoptada significó tener “otra oportunidad para tener una raíz” y notar orgullo de sus orígenes: “Nunca he olvidado de dónde vengo. Soy como soy por todo lo que he pasado, así que en absoluto sentiré rechazo por mi país”.
Cuadro tiene el copiado memoria de su tío llevándola al orfanato y prometiéndole que volverá a por ella
Hay ciertos factores que provocan que los reinos espectro se agraven y hagan de una simple ficción un sitio recurrente al que aparecer, afirma Pacheco. “Cuanta menos comunicación haya con la clan, en normal y sobre la acogida en particular, y más escasa sea la vida social de esa persona, más liviana es que crezca esa ficción”. Sin el primer dato, una buena comunicación, la persona puede sufrir una crisis de identidad en la adolescencia.
Cuadro, Pablo y Abebaye son ejemplos de personas que han sabido integrarse en sus nuevas vidas gracias a la comunicación con sus actuales familias. Su acogida no se trató en una conversación aislada durante la infancia; ha sido un proceso de educación constante para convivir con un pasado que no pudo ser presente o con la incertidumbre de no memorizar de dónde provienen.
Publicar un comentario