Existe una gran diferencia entre dirigir una campaña electoral para acomodarse la presidencia y timonear una vez renombrado para el cargo desde la presidencia. El objetivo principal de una campaña es la popularidad transformada en votos. Pero una vez en el Gobierno, la popularidad tan solo es un medio para un fin. Timonear y percibir elecciones al mismo tiempo no es tarea viable.
Los presidentes, de hecho, pueden perder su popularidad en un segundo, un día, un mes o en el zaguero año. Hay que saberla dirigir y utilizarla en valimiento de objetivos materiales mucho más importantes que uno mismo. El éxito de un presidente se mide por sus logros tanto en el propio país como en el exógeno y, sobre todo, por su diplomacia a la hora de liderar campañas y gobiernos recuperando popularidad. El desgaste en el prueba del poder es la norma, porque todos los logros son inicialmente deseos incomprendidos antiguamente de ser reconocidos.
Para percibir se necesita un equipo indiscutiblemente más válido que cualquier alternativa de gobierno
Por todo ello el tiempo es el mediador más sabio. Nunca te derrota de inmediato, te deja hacer, para al final dar la razón a quien tiene una visión frente al que no la tiene. ¿Cómo reintegrarse una visión? Las crisis de gobierno pueden contribuir sin división a dudas. Recuperan el coeficiente, a menudo soslayado, pero que revitalizamos en Europa en el inicio de la pandemia y que es imprescindible reconquistar para alzar cualquier visión: la ético de triunfo. Me lo recordó estos días la estratega y periodista ucraniana Anna Korbut. En un valentísimo gachupin, Anna, que ha sido consultora de la BBC y es analista de narración en Europa, define ético de triunfo como la convicción de que se puede percibir y la determinación de alcanzar los objetivos para la triunfo, aunque parezca que todo está en contra. Este es, sin duda, un punto medular no solo en la admirable resistor ucraniana frente a la atroz golpe rusa, sino igualmente en cualquier velocidad histórica.
Pero en esta resistor frente a la lucha, como antiguamente frente al virus y hoy frente a la inflación, subyace una válido sociedad civil que hay que reunir para avanzar. Mujeres y hombres a menudo anónimos, que están detrás, que se organizan para conseguir ahí donde no llega el Estado y que están a la cumbre del desafío. Que lo dan todo por una visión. Que toman decisiones y elecciones diarias para hacer auténtico esa triunfo soñada, a pesar de decepciones, miedos y mediocridades. Verdaderos ciudadanos.
Pedro Sánchez en el oscilación del curso político el pasado 29 de julio
El otoño de fuego y hielo será extraordinariamente difícil. Anna cree, como residente en Madrid al igual que muchos españoles, que nuestro país es capaz de recuperar su formidable ético de triunfo. Pienso lo mismo. Pero la política sin visión nunca inspirará a nadie. Ninguna ley, ningún auténtico decreto, aunque sea de extraordinario valía, puede por sí mismo originar ni un momento de paz ni de prosperidad ni recuperar popularidad. No hay Regimientos Aranzadi ni industria de ideas de tipo universitario que puedan concebir en absoluto un sistema de decisiones capaz de sustituir a la ético de triunfo. La primera ola de la pandemia se enmarcó como una lucha, y ahora, en plena lucha, no deberíamos olvidarnos de cómo se superó lo peor de la pandemia. Ni de quiénes ni cómo lo hicieron. Verdaderos ciudadanos.
Nadie vence proyectando derrota. Una crisis de gobierno es una gran oportunidad para recuperar la ético de triunfo poniendo nuevamente en lo más detención tu visión. A nadie le interesan ni las victorias individuales ni la reelección, pero sí una visión clara, colectiva sobre los logros materiales y un equipo indiscutiblemente más válido que cualquier alternativa de gobierno. Ese es el ámbito, el eje que lleva a la pregunta adecuada: ¿estar en buenas manos o no? ¿O un presidente contrastado o una hipótesis? La cartera más importante de cualquier gobierno nunca la tiene nadie. ¿Saben por qué? Se la reserva el tiempo, el mediador más sabio. ¿Puede, contra el cronómetro, un zaguero año empachado de visión y fe darle la reverso a todo? A veces, David deseo a Goliat. Íntegro de triunfo lo llaman, es opinar, verdaderos ciudadanos.
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