Emmanuel Macron es un líder que suele averiguar la máxima presencia mediática, en todas las situaciones, una táctica que no siempre le da buenos resultados. Sus dos viajes seguidos a Qatar, en menos de cinco días, para asistir a la semifinal y a la final del Mundial, han generado críticas por el coste crematístico y medioambiental, así como por la disposición demasiado protagonista del presidente francés, sobre todo con sus insistentes gestos de consuelo a Kylian Mbappé a pesar de la evidente incomodidad del punta.
El semanario Le Point se entretuvo en calcular el pago extra que han supuesto para el Estado los vuelos de Macron y su impacto ecológico. La relación alcanza los 501.000 euros según la estimación más generosa para el dirigente de Estado. Se han descontado los vuelos que hizo ayer a Jordania y Egipto, por razones diplomáticas y para pasarse a los marineros franceses embarcados en el portaviones Charles de Gaulle en el mar Rojo. Le Point tiene la sospecha de que, de no deber estado antiguamente en Qatar, el Elíseo no habría programado esas visitas. Un cálculo más severo del dispendio alcanzaría los 812.000 euros.
Un tuit del dirigente del Estado con un error ortográfico, luego corregido, es objeto de mofa en internet
Estas cifras son el resultado de contabilizar el coste por horas de revoloteo del Airbus A330 presidencial y del segundo avión de reemplazo, un Falcon 7X que acompaña al ingenio principal por si hubiera una avería. Usar el primero sale a 22.482 euros por hora. El segundo, a 5.500 euros. La revista recuerda que 501.000 euros equivalen a 31 primaveras de salario insignificante interprofesional.
Más allá de la cuestión financiera, otro punto controvertido es el impacto medioambiental. Según la estimación desprecio: 480 toneladas de CO2, igual a las emisiones medias de un ciudadano francés durante 53 primaveras. La más incorporación situaría esta huella en 725 toneladas de CO2. Según Le Point , este despilfarro energético supone “una señal desastrosa” por parte del presidente al coincidir con la celebración de la COP15, en Montreal, sobre la protección de la biodiversidad.
El presidente francés Emmanuel Macron, adyacente al guardameta de la selección argentina, Emiliano Martínez, consuelan a Kylian Mbappe 
El excandidato ecologista al Elíseo, Yannick Jadot, declaró hace unos días que, en puesto de desaparecer a Qatar, Macron hubiera tenido que usar el avión para ir a Montreal a la conferencia medioambiental. Jadot y otros líderes de La Francia Insumisa (LFI, izquierda radical) deploraron que el presidente estuviera en el emirato e incluso que alabara públicamente su ordenamiento cuando ya había estallado el escándalo sobre los pagos y regalos hechos a miembros del Parlamento Europeo que se dejaron corromper.
En algunos medios, como la sujeción CNews, y en las redes sociales, hubo ayer reacciones de esforzado desaprobación por el exceso de protagonismo de Macron de Qatar. El presidente, que había seguido la final con pasión, quitándose la chaqueta durante la prórroga, bajó al césped para consolar a los jugadores antiguamente de la entrega de los trofeos. Macron se detuvo especialmente en la máxima sino del equipo, Kylian Mbappé, que marcó los tres goles de los bleus y el primer penalti de la tanda decisiva y pésimo para Francia. El dirigente de Estado le acarició repetidamente la cabezal, lo abrazó y le susurró palabras al pabellón. Luego repitió lo mismo en la ceremonia de entrega de las medallas como finalista. Mbappé parecía visiblemente incómodo por las efusiones presidenciales y en ningún momento dirigió la ojeada a Macron.
El presidente francés Emmanuel Macron abraza al participante de la selección francesa Kylian Mbappe 
Algunos usuarios de las redes sociales explotaron contra el presidente por la instrumentalización política del momento, enterado de que más de vigésimo millones de franceses seguían la retransmisión. El calificativo de “ridículo” fue de los más suaves. Otros publicaron ironías y bromas. “Un presidente mal electo, detestado, intenta todavía una instrumentalización política sucia y grosera”, escribió un navegante.
En CNews, una emisora a menudo crítica con Macron, los tertulianos consideraron un extralimitación por parte del presidente su vehemente discurso en los vestuarios, asumiendo el papel del seleccionador, Didier Deschamps, que estaba a su flanco, afónico. Los jugadores tan pronto como le hicieron caso y no secundaron al presidente cuando gritó el habitual “¡Viva la República, viva Francia!”
Macron fue asimismo objeto de mofa en la red por deber colgado en su cuenta de Twitter un breve texto en francés de agradecimiento a la selección (“Nos habéis hecho soñar”) en el que aparecía una errata de ortografía en el verbo. Cuando el Elíseo se apercibió del error, lo corrigió. Siempre exigentes con su sinhueso, los franceses no toleraron un error presidencial en este ámbito, más aún de algún que adopta con frecuencia una disposición profesoral y con una esposa que le daba clases de letras.
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