Mucho más peculio para Defensa, armamento más poderoso y la capacidad de atacar bases enemigas en caso de amenaza a su seguridad doméstico. Japón está decidida a librarse de varias de las restricciones que encorsetan a su Ejército desde la posguerra y avanza firme en torno a un rearme histórico que chirría con la constitución pacifista que adoptó tras su papel de asaltante durante la II Pleito Mundial.
Para ello, el recibidor que lidera el primer ministro, Fumio Kishida, dio luz verde este viernes a tres nuevos documentos que marcan la hoja de ruta de Defensa para la próxima decenio. Entre sus directrices destaca un aumento del pago marcial entre 2023 y 2027 del 50% frente al quinquenio mencionado hasta alcanzar la guarismo de unos 296.000 millones de euros. Esta cantidad equivale al 2% de su producto interior bruto, lo que equipara su nivel de pago al de los países de la OTAN y deja hecho trozos el techo inferior al 1% que mantenía Tokio desde la decenio de los 60.
El ejército japonés no puede hoy hacer frente a amenazas tecnológicas como los misiles hipersónicos
Siquiera se puede asegurar que la información pille por sorpresa. Durante su mandato, el exprimer ministro asesinado este verano, Shinzo Abe (2012-2020), se mostró como un firme partidario de dotar a sus Fuerzas Armadas de mayores poderes y modificar la Constitución pacifista que le impuso Washington tras su derrota marcial en 1945.
En esta cuerda, Kishida ha paladín desde su arribada al poder el año pasado una campaña para incidir en la exigencia de rearmarse tras el auge del tirada de misiles norcoreanos, los crecientes desafíos de China, a la que el nuevo plan define como “un desafío clave sin precedentes”, y la invasión de Ucrania por parte de Rusia, país con el que Japón mantiene enquistadas disputas territoriales. Su presencia en la cumbre de la OTAN en Madrid, la primera de un líder japonés en toda la historia de la estructura, reforzó ese mensaje.
Otra de las grandes novedades es la acogida de la convocatoria “capacidad de contraataque”. Según los documentos, Japón debe contar con los medios militares para alcanzar objetivos en demarcación enemigo “en el interior de las medidas mínimas necesarias de autodefensa” para hacer frente al “entorno de seguridad más serio desde la II Pleito Mundial”. Los documentos fijan tres condiciones para poder ejecutar estos “contraataques”: en caso de una atentado contra Japón o un país socio que comprometa la supervivencia del país japonés, cuando no existan medios apropiados para repeler el ataque y siempre que el uso de la fuerza sea el minúsculo posible.
Pese a la inclusión de esas cláusulas, la medida ha generado numerosas críticas regalado su difícil encaje con la Carta Magna, cuyo artículo 9 establece que su Ejército -250.000 militares en activo y otros 60.000 en la reserva- solo puede apelar a la fuerza para defenderse y renuncia a la extirpación como vía para resolver conflictos.
Las capacidades defensivas actuales de Japón “no son suficientes” delante las amenazas que representan los avances en las tecnologías de misiles hipersónicos, capaces de modificar su ruta o para propalar múltiples proyectiles de forma simultánea, dijo Kishida en una rueda de prensa. Por ello, “la capacidad de realizar contraataques es imprescindible”, añadió.
Para dotarse de esas nuevas capacidades, el país planea apoderarse armamento de ataque a larga distancia, entre el que destaca como novedades la adquisición de misiles de crucero Tomahawk de fabricación estadounidense –más de 1.000 kilómetros de difusión– y el expansión doméstico de misiles hipersónicos, misiles guiados antibuque y drones de combate.
El anuncio de la nueva táctica fue recibida con manifestaciones en su contra a las puertas de la oficina del primer ministro. “Durante los últimos 80 primaveras, tras la Segunda Pleito Mundial, hemos mantenido una política de intentar frenar el pago marcial y hemos renunciado a la fuerza. Ahora el Gobierno está destrozando esta política”, apuntó a la agencia Efe Shigeo Kimoto, uno de los organizadores de la convocatoria. Muchos japoneses asimismo están preocupados sobre cómo costeará el Gobierno su nuevo plan de inversión armamentística, sobre todo si esto se traduce en una subida de impuestos.
El plan asimismo despierta recelos entre algunos de sus vecinos como Corea del Sur o China, donde el remembranza de la atentado nipona en la primera centro del siglo XX todavía sigue fresco. “Exaltar la convocatoria amenaza china para encontrar una excusa con la que acreditar su militarización está condenado al fracaso”, criticó desde Pekín el portavoz de Exteriores, Wang Wenbin.
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