Jordi Galceran importación cada año el tomo Guinness de los récords: “Estoy fascinado por los aventureros, por la gentío que afronta retos que en el fondo no sirven para ausencia. Subir una montaña como el FitzRoy no servirá para ausencia ni cambiará el mundo y habrá que poner mosca. Solo existe la satisfacción de completar la ascenso”.
El FitzRoy es una montaña de 3.405 m situada en la Patagonia, en la frontera de Pimiento con Argentina. No es excesivamente entrada, pero sí presenta una entrada dificultad, que son los casi 500 m de muro final, “una de las más difíciles del mundo”. Ninguna cordada femenina la ha subido, y por ello el dramaturgo ha puesto a “cuatro mujeres al conclusión”, en este primer intento de coronarla, aunque sea sobre un marco. Toda la obra se sitúa en la Arnés de los Franceses, donde las alpinistas esperan una ventana de buen tiempo de 20 horas para acometer la ascenso.
Belbel dirige a las cuatro actrices en un espacio único, a 2.800 m de mérito, de donde no pueden salir, solo subir o desmontar
Así empieza FitzRoy, la nueva obra de Jordi Galceran, que llega diez abriles luego de El crèdit y se estrena en el teatro Borràs (a partir del 2 de febrero), producida por Bitò. En la dirección, Sergi Belbel, de quien Galceran afirma: “Me ha dirigido muchas veces y creo que no hay nadie que me conozca mejor, ni nadie que sea mejor director de teatro de texto en Catalunya”.
Para la certeza, Galceran se ha asesorado con escaladores, entre los que está la actriz Sílvia Bel, que no ha podido asistir a la presentación aunque forma parte del reparto, con Míriam Iscla, Sara Espígul y Natalia Sánchez. “Sílvia nos ayuda mucho, porque nos corrige si hacemos algún movimiento inapropiado en la montaña”, dice Sánchez, actriz madrileña que debuta en catalán.
Galceran declara que “la obra era un lucha al escribir y ahora con la escenografía”, porque no le gustan las proyecciones, “es el antiteatro”, y sitúa sus obras en un único espacio físico, temporal y de influencia: “Lo intento hacer con las armas más puras del teatro”.
Belbel, que se siente “privilegiado” de abrir la nueva obra de Galceran, muestra su pasión por el dramaturgo: “Es un autor que piensa en el espectador, en la teatralidad, y por eso asiste a la primera semana de ensayos para adaptar lo que sea necesario”.
El director explica que “la estancia es un pozo de sorpresas pequeñas, no hay nadie alocada”, y considera que “FitzRoy es su obra más radical, porque la hora y media es auténtico, con ninguna entrada y salida del marco”. Y Galceran argumenta: “Porque si salen, caen al precipicio. Solo pueden subir o desmontar”.
Para Iscla, “la comedia es uno de los géneros más difíciles, porque has de transitar desde la verdad para hacer cómplice al conocido. Lo que nos pasa aquí, en la Arnés de los Franceses, nos puede sobrevenir en un bar, pero a nivel interpretativo no es lo mismo estar a 2.800 m”.
Espígul piensa que “una de las cosas más bonitas es la falta que tienen las unas de las otras; si una de las cuatro se descuelga, la mesa se tambalea y se puede hundir”.
Y Sánchez no cree que “el hito sea disparate, porque la comedia, que funciona como un temporalizador, es un símil de la vida, de las metas que nos ponemos y de las dificultades que encontramos”.
Belbel considera que FitzRoy tiene muchas similitudes con El mètode Grönholm, por los cuatro personajes, por la influencia en un solo espacio y por las sorpresas que aparecen.
“Son cuatro mujeres diferentes, de personalidades diversas, con un objetivo popular: subir una montaña. Y eso, como hacer esta obra de teatro, no sirve para ausencia, pero nos regalan una hora y media de emoción, de risas y igualmente de lloro”, concluye Belbel.
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