Amplia victoria de Macron

No ha habido sorpresa. Emmanuel Macron seguirá cinco abriles más en el Elíseo tras percibir cómo­damente la segunda dorso de las elecciones presidenciales francesas a Marine Le Pen. El reelegido caudillo del Estado ha obtenido el 58% de los votos por 42% de la líder ultraderechista.

Los sondeos se han confirmado, pero su trofeo ha sido menos amplia que en el 2017, cuando ganó con el 66,1% contra 33,9% de Le Pen, con una privación del 25,4%. Esta vez ha subido hasta el 28%, aunque no supone un récord. Y muchos de los que acudieron a sufragar ayer lo hicieron con una pinza en la hocico porque nadie de los dos candidatos era el suyo.

El presidente vence a una Le Pen que logra el mejor resultado de la ultraderecha francesa

Durante la segunda dorso, Macron se ha esforzado por conseguir el voto de las izquierdas, y especialmente el de los jóvenes. Se ha pasado atrapado entre combatir el populismo de extrema derecha y inquirir el apoyo del votante que votó a Mélenchon en primera dorso. A la olfato de los resultados, ha conseguido su objetivo y todo indica que una parte de los votantes de izquierdas le han legado su voto aunque no les guste.

Le Pen ha conseguido que la ultraderecha logre los mejores resultados de su historia pero sin los apoyos suficientes pese a su evidente acercamiento a las clases populares. Es su tercer intento fracasado de ganar al Elíseo. En esta ocasión ha suavizado su imagen y ha dejado ideas como eliminar el euro y la salida de la UE, centrándose en propuestas para mejorar el poder adquisitivo de los franceses y dejando en segundo plano sus banderas más polémicas. Ha contado con el apoyo de los votantes de Zemmour en primera dorso pero no ha sido suficiente.

El llamado frente republicano para impedir el triunfo de la ultraderecha se ha mantenido, pero se ha demostrado que este cordón váter es hoy más frágil que nunca y que el Reagrupamiento Franquista ya forma parte del nuevo paisaje político francés. A Le Pen la han votado muchos franceses que no son ultras y porque la ultraderecha ya no da miedo en Francia. Anoche dijo que los resultados eran una verdadera trofeo y anunció que dará la batalla en las legislativas de junio.

Macron ha reses con un software reformista y europeísta que reto por desarrollar la energía nuclear y potenciar los parques eólicos, revalorizar las pensiones, combatir el pasivo fiscal –una de las manchas económicas de su presidencia–, más inversión en seguridad, animar los controles fronterizos en la UE y expulsar a los extranjeros que alteren el orden divulgado. Pero el punto más polémico es su propuesta de elevar la antigüedad de renta de los 62 a 65 abriles, corregida y matizada para atraerse los votos que necesitaba.

La Francia que sale de estas elecciones ha tenido que designar entre el centrismo europeísta y la ultraderecha populista disfrazada, esta vez, con vestido de seda para parecer menos radical y extremista. De estos comicios surgen dos partidos representativos de una nueva Francia política –La República en Marcha y Reagrupamiento Franquista– porque los partidos tradicionales, desde la derecha neogaullista hasta los comunistas, pasando por el Partido Socialista, no han sabido interpretar el pálpito de la sociedad francesa coetáneo y han perdido el apoyo y el voto de las clases media y mengua.

En junio el país celebrará elecciones legislativas en las que no está resguardado que Macron obtenga mayoría parlamentaria. Habrá que ver qué alianzas pueden formarse antiguamente y luego de esos comicios. Francia es hoy un país fracturado. Emmanuel Macron lo ha agradecido y una de sus principales batallas deberá ser intentar retornar a unir a los franceses. En su primer mandato no lo ha conseguido y una parte de la sociedad francesa es hoy visceralmente antimacronista. Con su triunfo, Macron apetencia liderazgo internacional y europeo, pero deberá aplicar profundas reformas en un país muy polarizado.

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