Arrastrados por el imperio

Irresoluto de lo que suceda en Francia (cuando salga el artículo ya sabremos si se ha destapado en Europa un nuevo círculo infernal), quisiera echar un vistazo al mundo partiendo de Ucrania. Parece que Putin se propone apoderarse de toda la costa ucraniana del mar Desfavorable hasta montar al estuario o limán del Dniéster, próximo a la Transnistria, una peculiar franja autónoma de Moldavia, rusa de facto desde 1992. Se calcula que hay unos 12.000 soldados rusos en esa franja. Si estos militares no han intervenido hasta ahora en la refriega (podrían atacar Ucrania desde el sur-este) es oportuno, al parecer, a su yerro de dotación belicoso. Sea como fuere, la conexión entre el ejército ruso invasor y el de Transnistria dejaría a Ucrania sin salida al mar y sin vía de salida a sus exportaciones. Putin no necesita conquistar Kyiv para superar la partida.

Damos a Biden lo que quería Trump: avalar un ejército, carecer de táctica

La tecnología marcial rusa es obsoleta, lo que explica fiascos como el del hundimiento del Moskva. Lenta e inapta, Rusia avanza. La última refinería de petróleo de Ucrania ha sido destruida. El ejército ucraniano ha combatido maravillosamente, gracias a la tecnología superior, saco, turca e israelí. Pero en el frente del este, antiguamente de las batallas decisivas por el mar Desfavorable, empieza a faltarle gasolina; y las armas prometidas (incluidas las españolas) tardarán en montar, tardarán en ser dominables por los soldados y no se sabe si encajarán con la munición ucraniana. Lenta y obsoleta, Rusia está en condiciones de dar un buen mordisco a Ucrania.

En el sur del mar Desfavorable, Turquía juega con dos barajas. Aprovechando que el mundo está irresoluto de Ucrania, bombardea a los kurdos de Irak. ¿A quién le importa ahora Oriente Próximo? Rusia y EE.UU., archirrivales en Ucrania, han pactado la estabilidad de Bashar el Asad, causante del sangriento desastre de Siria. Todavía Israel está interesado en dicha estabilización (el Ramadán ha despertado una nueva crisis con los palestinos). Turquía y Qatar (que posee inmensas reservas de gas) se han unido en muchos escenarios ahora eclipsados: de Afganistán al Sahel. Erdogan ejerce de turco en Libia. Americanos, rusos, turcos, israelíes mueven sus piezas en el ártico de África, donde ya ni Francia juega un papel claro. La precaria Túnez tendrá que dejar ocurrir las tuberías de gas de Argelia; y ésta ha decidido ampliar su espacio crematístico hasta las costas de Mallorca y Cerdeña. El ártico de África está en peligro de incendio, por la misma causa que inflamó las mal llamadas primaveras árabes : el precio del pan. Entre Ucrania y Rusia suministraban un tercio del trigo y la cebada mundiales. El pan, mucho más que la energía, puede hacer explotar el malestar.

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DPA vía Europa Press / EP

Todo se mueve en nuestros bajos. Y en nuestro tejado, Alemania se armamento como potencia por primera vez luego de la Segunda Lucha Mundial. Los cuatro grandes países europeos (España incluida) avanzan alrededor de un ejército europeo. La retórica europeísta lo celebra, aunque, en efectividad, estamos concediendo a Biden lo que nos pedía Trump: pagaremos nuestra defensa. ¿Reforzará dicho ejército la táctica europea? Reforzará la OTAN, y permitirá un peculio a los americanos. Que podrán dedicarlos a su posible confrontación con China. Si este gran choque llega, el imperio gabacho nos arrastrará (pagando nosotros, ¡of course! )

Los cadáveres de Ucrania son dolorosamente reales. La invasión es pura barbarie. Pero ello no debería impedirnos darnos cuenta de la deducción imperial que nos arrastra. Y discutirla.

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