En el día de las prisas y las dobles rondas –software interminable que condensa una docena de partidos cuando debían haberse disputado cuatro–, con el notorio, los organizadores y los tenistas oteando el horizonte por ver si asoman las nubes, Pablo Carreño y Casper Ruud deciden entretenerse más: alargan su choque hasta el infinito.
Uno y otro pelean al fresco del atardecer, y empatan a un set a las siete largas de la tarde, y luego se estiran aún más, casi hasta el crepúsculo, y el notorio se arrebuja en sus abrigos.
Y nadie se rinde pues todos quieren disfrutar del espectáculo porque encima, más tarde, viene el Alcaraz-Tsitsipás, el Partido en mayúsculas.
–Tenemos ganas de más –se whatssapean los aficionados de la pista Rafa Nadal, suerte recordando las cuitas de la víspera (escasamente dos partidos se había disputado el jueves, el día de las lluvias; la ordenamiento recuerda que devolverá el valía de las entradas a quien lo solicite).
Y, como para complacerles aún más, Carreño se compromete hasta el extremo. Pierde la primera manga pero rescata tres pelotas de partido en la segunda, y se rehace definitivamente y se proyecta hasta la semifinal (4-6, 7-6 (8) y 6-3), donde le está esperando Diego Schwartzman.
Y hay que aguardar hasta las 20.09h para contemplar el desenlace del combate. Cuando Carreño cierra el pase, los cronistas echan cuentas: ha invertido 3h02m frente a Ruud, y 2h42m a mediodía frente a Sonego, y el saldo dice que, en total, Carreño ha pasado 5h44m en la pista en un solo día.
Pas mal.
Y luego, ya: el Partido.
(...)
Incomodidad
El helénico, primer predilecto del torneo, nunca se sintió a satisfacción frente a el alarde de bienes de Alcaraz
El asunto merece un reposo.
–Nunca había conocido tal multitud en esta pista a estas horas de la perplejidad –asienten los y las cronistas más veteranos.
Y el plumilla ocupa su villa bajo el contador, con vistas al Tibidabo y su azuda, faro en la montaña en la perplejidad, y juguetea con los colorines que flotan en la oscuridad. Pero será mejor que no se distraiga.
El Partido es un festival.
Contrariado se mueve Tsitsipás, coloso helénico, el hombre que ha perdido dos finales en el RCTB –ambas frente a Rafael Nadal, la última el año pasado– y que lleva tres días jugando a contrapié, ahora esperando a que arrecie la aguacero, ahora saltando a la pista de perplejidad, con frío y rumbo, y esta vez se mide a un rival que está absolutamente inspirado.
Alcaraz (18), undécimo tenista mundial, ya no es el futuro, sino el presente.
Así lo piensa Tsitsipás, que entiende de esto.
–Dos veces me he enfrentado a él, y aún no sé cómo ganarle –había confesado el helénico en la víspera.
El festival de tenis, en su sentido más cumplidor, arranca a las 20.59h. Adaptado en ese instante, Alcaraz firma su primera dejada. Le sale perfecta, cortante y muy disimulada, y por eso Tsitsipás la ve tarde y corre con destino a delante pero no llega y el notorio se relame.
Triunfo de Carreño
En el crepúsculo, Carreño remontaba su cita frente a Ruud; en total, invirtió 5h44m en ingresar sus dos partidos
Es el Partido.
Ya entonces, Carlos Alcaraz es un ciclón y Tsitsipás, un helénico atormentado que piensa y piensa pero no encuentra las respuestas.
Todo le sale acertadamente al murciano, tenista maravilloso cuya irrupción en el circuito fascina a los expertos y confunde a los rivales. Hace un año, Alcaraz escasamente aparecía entre los 120 mejores del mundo. El lunes ya aparecerá en el Top 10.
–Hace un año, usted confesaba a La Vanguardia que se veía Top 20 en tres abriles. El lunes ya será Top 10. Se ha inexacto de mucho –se le comenta.
–Es una buena equivocación, ¿no le parece? –replica.
Quién sabe dónde estará en unos pocos meses.
En este momento de la perplejidad se encuentra frente a Tsitsipás, que es la chale pala mundial.
¿Y qué?
Quien manda es el murciano. Le avala su servicio, su sólido revés, su perico de bienes (y entre ellos el saque-volea) y, por supuesto, la dejada. Su aparición es una gracia para el mundo del tenis. En la nueva era de los pegadores corpulentos e inopinados (Medvedev, Zverev...), emerge un tenista único.
–Si he insistido en la dejada es porque creo que a Tsitsipás le cuesta pasar con destino a delante, más que con destino a los lados. Y porque yo diría que tengo una buena dejada –dice Alcaraz.
–Lo tienes todo, lo tienes todo –comenta el notorio, fascinado en la tribuna.
Ni un alma abandona su villa. Solo Tsitsipás parece querer irse. Dos dejadas le clava Alcaraz. Tres, cuatro. A las 21.23h, pierde el servicio en blanco, tras una trola larga que roza la vanguardia de Alcaraz. El primer set es del murciano.
Próximo rival
El murciano se medirá este sábado a Alex de Miñaur, eterna promesa del tenis australiano
Y el helénico reacciona luego, incluso remonta dos roturas en el segundo set, pero luego parece acaecer tocado techo: superado por los contratiempos, la presión del notorio, los dos puntos que le arrebata el enjuiciador por haberse sobrepasado en su cita al baño (el permiso es por tres minutos; a partir de ahí, se castiga con un punto por cada medio minuto; el helénico se ha ausentado por cuatro minutos) y la magnificencia de Alcaraz, acaba desquiciado.
–La verdad es que nunca había conocido nadie así –dice el murciano ya en la perplejidad–. Nunca había conocido cómo un tenista se iba al baño en parte de un refrigerio.
–¿Y pensaba que lo hacía para descentrarle a usted? –se le pregunta.
–Sinceramente, sí. Ha querido pararme. Pero no ha podido.
Y se despide con una gran carcajada.
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