El mediador de Igualada que desde el pasado 1 de noviembre tutela la investigación por la extraordinario acometida sexual sufrida por una beocio a la salida de una discoteca de la Anoia ha decretado prisión incondicional para el mozo de 21 abriles detenido el jueves pasado en la aldea donde sucedieron los hechos. El magistrado recibió este sábado al sospechoso, que acompañado de su abogado de oficio, se negó a fallar tras 48 horas en dependencias policiales.
Brian Raimundo C. M., boliviano, de 21 abriles, fue detenido la crepúsculo del pasado jueves cuando todavía dormía en su asfalto del número 13 de la calle Sant Sebastià de Igualada. Durante las más de siete horas que duró el minucioso registro de la vivienda, el mozo no abrió la boca. No articuló ni una palabra y presenció distante como un enjambre de policías, de paisano y algunos protegidos por un macaco completo de color blanco, no dejaba ni un rincón de su casa por mirar. ¿Qué buscaban? Más indicios de los que ya tenían para sustentar la carga de prueba contra el que en el final mes se convirtió en el único sospechoso de la Dispositivo de Agresiones Sexuales (UCAS) de la División de Investigación Criminal de los Mossos d’Esquadra.
El registro y la coherente inspección presencial fue un éxito, como reveló La Vanguardia en su tirada del sábado. La policía localizó las prendas de ropa que llevaba el sospechoso la tenebrosidad de la acometida sexual.
El mediador que tomó enunciación al destacado ya estaba al corriente, cuando lo tuvo delante, de todos los indicios que en las últimas semanas los investigadores reunieron contra el mozo. Una colección de rudimentos a los que se llegaron a partir del antecedente policial por delito sexual contra una hermana que constaba en el historial del individuo.
El aguado como caso Nit fue enrevesado desde el primer instante. Primero por las condiciones en las que el atacante abandonó a su víctima. Moribunda, inconsciente, con un traumatismo craneoencefálico y multitud de lesiones que la obligaron a estar varios días en la dispositivo de cuidados intensivos del hospital de Sant Joan de Déu. Las policías de la UCAS que asumieron la responsabilidad de susurrar con ella, siempre las mismas para que la beocio afianzara su confianza, tardaron semanas en poder tocar con la beocio lo que le había sucedido. Y cuando la mozo se sintió con fuerzas de susurrar con las policías tan pronto como pudo aportar datos de su asaltante.
Sin relato de la víctima, sin una descripción del asaltante, sin el contexto de lo que podía ocurrir pasado, la UCAS empezó a trabajar en el marco; buscando coartadas en el entorno de la beocio y en todos los individuos que esa tenebrosidad coincidieron con la mozo en la fiesta de Halloween que organizó la discoteca Epic.
Siquiera había cámaras que inmortalizaran si en el momento en que la beocio abandonó la discoteca, sobre las cinco de la crepúsculo, con un mozo que se despidió a pocos metros de la puerta, cualquiera la pudo seguir. Las cámaras exteriores de la sala no funcionaban, en el polígono industrial donde la chica fue asaltada había pocos dispositivos y solo uno dio a los investigadores una imagen del asaltante que por más que ha sido tratada en laboratorio y en ordenador, solo se aprecia un bulto.
Luego, los investigadores trabajaron sin enunciación de la víctima, sin descripción y sin imágenes del asaltante. Por eso, al menos de momento, el mediador no se plantea la posibilidad de realizar una rueda de inspección con el sospechoso. Es impracticable retener si el mecanismo de defensa que borró todos los memorias horribles de aquella crepúsculo, se reinvierta y con el individuo delante la muchedumbre recuerde lo sucedido y señale al responsable.
El mediador retraso sobre todo el resultado de los laboratorios de la policía científica de los Mossos que escudriñamiento restos genéticos de la víctima en las prendas del sospechoso. Unas pruebas que tardarán, por lo menos, dos semanas
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