El lado oscuro de Jerry Lewis

Cuando allá por 1966 se casó con el director de moda de aquel entonces, el fabuloso Stanley Kramer, tuvo que hacerlo a escon­didas para escapar de los repor­teros, que de todos modos obtuvieron la información sobre aquel acontecimiento que debió favor sido privado. Es que en aquellos tiempos Karen Sharpe era una figura muy reconocible para los amantes del cine y la televisión.

Aunque comenzó su carrera a los 16 abriles, se hizo famosa cuando ganó el Orbe de Oro a la actriz más prometedora en 1954 por Escrito en el Paraíso , en la que compartió cartel con John Wayne, pero incluso trabajó con Robert Mitchum en Con sus mismas armas y con Anita Ekberg en El hombre de la cámara acorazada .

Karen Sharpe, en la gala de los premios Óscar este año

Karen Sharpe, en la ropa de los premios Óscar este año

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Luego, en tiempos en que el cine y la televisión eran dos mundos que no se cruzaban, Sharpe apostó por la pantalla pequeña, participando en series legendarias como Mi bella talante , El agente de Cipol y Bonanza , entre muchas otras. Por eso cuando Jerry Lewis, una de las figuras más poderosas de esos tiempos, la convocó para que interpretara a su novia en Caso clínico en la clínica , Sharpe creyó que su carrera había cubo un alteración, y fue así, pero no cómo ella lo esperaba. Lo que ocurrió en esa filmación la puso en contacto con quien se convertiría en su marido hasta el momento en que él falleció.

A posteriori de casarse Sharpe se retiró de la diligencia y se dedicó por completo a ser esposa y mamá de los hijos que él tenía de un nupcias previo y de los que tuvo a posteriori con él. Durante esos abriles aunque el crédito fue para Kramer, Sharpe trabajó duramente detrás de número en filmes como Adivina quién viene esta indeterminación , por la que Katherine Hepburn se ganó el Oscar a la mejor actriz, El secreto de Santa Vittoria y RPM: Revoluciones por minuto , ambas con Anthony Quinn, y De presidio a primera página con Gene Hackman, entre otras.

Tras ofrecer resistor, “me di cuenta de que estaba furioso: sentí que era poco que nunca le había pasado antaño”

A posteriori del fallecimiento de Kramer, en el 2001, su viuda se concentró en honrar su memoria, estableciendo el prestigioso premio del Sindicato de Productores que en su nombre celebra cada año la película que más ha con­tribuido al avance de las causas sociales.

En febrero, sin secuestro, Sharpe, que hoy tiene 88 abriles, salió de su relativo anonimato para contar qué fue lo que ocurrió en el plató de Caso clínico... . Tras ofrecerle tripicar su salario y un vestuario exclusivo, Sharpe firmó arreglo, pero cuando Lewis la convocó para una prueba de vestuario en la mansión en la que filmaban, una vez que se marchó todo el mundo, la gran sino decidió que era hora de satisfacer su apetito sexual: “Me tomó, comenzó a toquetearme y se bajó la cremallera del pantalón. Yo no lo podía creer”, le confesó a los documentalistas Kirby Dick y Amy Ziering, realizadores del documental Allen v. Farrow , quienes crearon un corto que se difundió en el sitio web de la revista Vanity Fair .

Karen Sharpe y Jerry Lewis, en una escena de 'Caso clínico en la clínica'

Karen Sharpe y Jerry Lewis, en una número de 'Caso clínico en la clínica'

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Según explica Sharpe en ese filme, en el que incluso brinda certificación otra actriz que vivió una situación similar con Lewis, Hope Holiday, ella levantó la mano y le dijo: “Aplazamiento un minuto. No sé si esto es un requisito para las coprotagonistas de tus películas, pero es poco que yo no hago”. En sus declaraciones frente a la cámara, afirma: “Me di cuenta de que estaba furioso. Sentí que era poco que nunca le había pasado antaño”.

En entrevista con La Vanguardia , Sharpe asegura que a posteriori de ese incidente, Lewis la condenó a un aislamiento completo: “No ensayaba conmigo, no me hablaba, así que me estuve sola casi toda la filmación”. Sharpe optó por no contar lo sucedido durante abriles hasta que en el 2016 le entregó el premio Stanley Kramer a Dick por su cultivo en el documental The Hunting Ground sobre viola­ciones en universidades que fueron ocultadas por las autoridades educativas y este le preguntó si tenía una historia para contar.

“Ni siquiera se lo había mencionado a mi consorte o a mi clan”, señala Sharpe y explica: “Porque en 1965 las mujeres estaban marginadas en la industria del cine. Los jefes generalmente eran hombres. Y si una mujer se que­jaba, igual tenía que filmar la película. ¿Quién la iba a creer en un caso así? En aquellos tiempos si protestabas te preguntaban qué era lo que tenías puesto, si estabas tratando de tomar superioridad, porque según ellos las mujeres coquetean y luego no debían reparar si les hacían un cumplido o una insinuación. Por eso hemos estado calladas durante tantos abriles”.

Al menos el castigo de Lewis sirvió para ponerle en el camino correcto. Un día en que no filmaba y aburrida por el aislamiento que le habían impuesto entró en el plató de El barco de los locos en los estudios Paramount para ver llevar a cabo a Vivian Leigh. El director, que era Kramer, la vio y el flechazo fue inmediato.

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