La gran dama que salvó a los cartujos de la muerte

"Cuando puedas, escribe un compendio para que se sepa todo lo que ocurrió en la Cartuja de Montalegre en 1936”, le pidió en el capa de asesinato al doctor Pedro Clarós su abuela Mercedes. Y el eminente otorrinolaringólogo, por cuyas manos han pasado las grandes voces del Liceu, acaba de hacer efectividad este final deseo con la novelística La dama de Panamá (RBA). Para ello, ha buceado en su propia historia general, pero igualmente por los archivos privados de la Cartuja de Montealegre que le permitieron elaborar previamente una disertación doctoral sobre la décimo de familias catalanas en la salvación de esta comunidad de monjes ubicada en Tiana y que incluso presentó al Papa Francisco en una audiencia privada.

El doctor Pedro Clarós retratado en el jardín de la Clínica Clarós en motivo de su nueva novela

El doctor Pedro Clarós con la bandera de Panamá, país donde vivió primaveras su abuela Mercedes

Montse Giralt / Shooting / Colaboradores

Con unos fundamentos históricos más que sólidos, emprendió entonces el camino afectado hasta calar a trenzar una novelística que poco tiene de ficción, superada como ocurre muchas veces por la propia efectividad. No es difícil de deducir, la dama de Panamá es la abuela Mercedes, “una mujer brava, que se daba a los demás, intransigente para el mal y absolutamente tolerante para el admisiblemente”, recuerda Clarós. Una mujer que ya de bisoño imprimía carácter. A pesar de la competición auténtico de su comunidad, se obstinó en desposarse con un hombre viudo con hijos que le doblaba la permanencia. Hubo flechazo y sexo, según relata el nieto. Y se acabó casando con el exitoso hombre de negocios Pedro Clarós, propietario de una refinería de licores que traspasó fronteras en dirección a Colombia y Panamá. Hasta tan allá se remonta la historia para calar al fatídico julio de 1936.

Mercedes Doménech comandó desde su casa la ocultación de monjes y igualmente su huida del país

Primeras horas de la Aniquilamiento Civil. La persecución religiosa por parte de las milicias no pasó por suspensión los cartujos de Montalegre. Algunos fueron asesinados en las cunetas y otros acabaron refugiados en hogares de Badalona a estancias del propio corregidor de la ciudad, Frederic Xifré. Mercedes Doménech comandó desde su casa la ocultación de los monjes y igualmente su huida del país. Las vicisitudes que se vivieron para ganar su salvación son dignas de una novelística, la que ha viejo dando forma el nieto de la dama de Panamá.

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La cartuja de Montalegre a principios del siglo XX

REDACCIÓN / Otras Fuentes

Hay anécdotas que rozan el surrealismo, como la décimo del embalsamador Juan Vilá, conocido por tratar el despojos de Gaudí, que pretendía proporcionar la huida de los monjes en coches funerarios. O cómo el casi analfabetismo de los miembros de un control que dio el suspensión a un coche con dos religiosos que viajaban para ocultarse, leyó mal la profesión de presbítero que indicaba la cédula de uno de ellos. “Leyó ‘presbitéro’ y pensaron que era una profesión como cocinero o zapatero”, rememora Clarós.

El doctor, que codirige su propia clínica y constantemente viaja a países emergentes con su fundación humanitaria, no descarta retornar a entregarse otro tiempo a la escritura tras esta primera novelística. “Llevo 116 misiones y a lo mejor me atrevo a contar mi vida a través de la ONG médica, sorpresas y desengaños que he tenido”, apunta. De momento, la promesa que hizo a su abuela está cumplida y la memoria de esta comunidad ha quedado preservada. Una más de las muchas que acaban tejiendo la gran Historia.

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