El BOE que pone fin a la cometido de las mascarillas en los espacios interiores tiene tanta composición pequeña, tantas excepciones, que parece “la parte contratante de la primera parte” de los hermanos Marx. En un asunto tan importante era positivo el sentido global, pero “el sentido global es el menos global de los sentidos” , como dijo Voltaire. Y Oscar Wilde. Y Ramón Gómez de la Serna. Y...
Lo de ayer en Barcelona es una buena prueba. Los boletines horarios de la radiodifusión anunciaron a primera hora de la mañana que el aspecto de los pasajeros del medida no se diferenciaba mucho del de la víspera: casi todo el mundo con mascarilla, incluso en los andenes, aunque a partir de ahora solo será obligatoria en los vagones. El autor mirón de esta crónica, sin incautación, presenció numerosos dislates.
LV_Desconcierto en las empresas para determinar si hay que seguir o no con la mascarilla
Las valor de numerosos pasajeros homenajeaban a la película Liberad a Willy. La mascarilla, incluso las FFP2 no sirven de mínimo con la orca a la apariencia. Si la desidia en el uso correcto del tapabocas ya era habitual antiguamente entre ciertos viajeros, junto a imaginar que ahora aún lo será más. Con toda modestia, este cronista pediría a los colegas avaladores de la normalidad matutina del suburbano que repitan la cita por la tinieblas.
Que vuelvan a esas horas en que, como explicaba el gran Paco González Ledesma en La dama de Cachemir “los primeros noctámbulos se cruzan con los últimos trabajadores”. O, mejor aún, que viajen en los trenes de medianoche de la R1, la bisectriz de la costa. Las mascarillas llevan tiempo descarrilando aquí. El decreto deja mucho beneficio al criterio de los ciudadanos, aunque es tajante: mínimo cambia en los transportes públicos...
El pianista Carlos Capello, en el hospital de Sant Pau 
Ni en los hospitales. El pianista y músico de piano Carlos Capello, de Rosario (Argentina), amenizó ayer la demora en el hospital de Sant Pau con sus interpretaciones. La Asociación del Concurso de Música Maria Canals instala cada año por estas fechas un piano de huesito dulce en el vestíbulo. A unos metros del concertista, un visitante se bajó la mascarilla para departir por teléfono. Lo mismo hicieron dos mujeres en el módulo 4.
Este no es un recuento de infractores, solo la constatación de que seguimos sin tenerlo claro, más de 700 días a posteriori. Hubo quien no se puso la mascarilla cuando era necesario y quien se la puso cuando no lo era. La mayoría de turistas de la Sagrada Família ignoraban la legislatura. Los estadounidenses Rita y Nick Duarte explicaron que no llevaban la mascarilla por la covid, sino “porque Barcelona es polvorienta”.
Barcelona, ayer 
Al mirón casi le da un ataque de grandeur y les replica que para ciudad polvorienta Tombstone, en el condado de Cochise, Arizona. Eso y que lo de Barcelona no era polvo, sino la cansancio primaveral y la crisis polinizadora de los plátanos, que vivieron uno de sus picos. “Ya sé que podría no llevarla, pero me la dejo puesta para evitar que el polen se me atragante”, decía Flora, una clienta del mercado de la Llibertat, en Gràcia.
En pesquisa de sensatez
Avisos a la entrada de las farmacias recordaban que las mascarillas seguían siendo obligatorias aquí. Una tienda de moda de la avenida Gaudí, y no es un caso único, rogaba: “Por su vigor y la nuestra, entren con mascarilla, por distinción”. Y, como el sentido global es el menos global de los sentidos, el cronista ha acudido a alguno que derrocha sensatez: Àlex Leris, cofundador de Etcètera, premio del Gremi de Llibreters este año.
“Nuestro criterio en la biblioteca ha sido siempre único, no solo por lo que se refiere a las mascarillas, sino todo lo demás. Hemos seguido escrupulosamente los criterios del área de Salut, incluso cuando no le veíamos la razonamiento, pero si las autoridades decían x, x y x, eso hacíamos nosotros. Ahora no son obligatorias las mascarillas. Sin problema. Que decidan los clientes. Otra cosa es lo que hagamos nosotros. Seguiremos atendiendo con mascarillas”.
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