La mascarilla trae cola

Los dos primeros días de vida sin mascarilla han sido el festival del caos y de la confusión. Cualquiera tenía que decirlo. El Gobierno aprobó un auténtico decreto que de forma clara fijaba que el uso de las mascarillas dejaba de ser obligatorio en los interiores, fuera de las excepciones de los transportes públicos, los centros sanitarios, los espacios con contactos próximos con personas vulnerables y en actos multitudinarios donde pueda tener mucha proximidad entre los asistentes. Hasta aquí existe poco beneficio para el desbarajuste.

Un hombre tira una mascarilla a una caja reciclab

Un hombre tira una mascarilla a una caja reciclab

Getty Images/iStockphoto

El problema lo fija el propio BOE cuando añade a esta orden una adversativa: “No obstante, los responsables en materia de prevención de riesgos laborales, de acuerdo con la correspondiente evaluación de los riesgos de trabajo, podrán determinar las medidas preventivas adecuadas que deban implantarse”. ¿Qué significa esto? Pues que Sanidad deja a vacío criterio de las empresas y sus trabajadores el uso o no de las mascarillas en el ocasión de trabajo. Así, podemos encontrar, por ejemplo, entidades bancarias, restaurantes o comercios que piden a sus trabajadores que las lleven y otros que no. Un ciudadano puede entrar en una tienda donde no hay nadie con tapabocas y a posteriori ir a otro comercio donde todos los dependientes lo llevan puesto. La propia ministra de Sanidad, Carolina Darias, fue entrevistada el pasado miércoles en el software de Carlos Alsina en Onda Cero, y mientras ella no llevaba mascarilla (“tengo que dar ejemplo”, afirmó), el resto de los asistentes al estudio sí.

El Gobierno afirma que no puede imponer una reglamento normal para todos y que debe ser cada empresa quien valore mejor la ventilación del almacén y la distancia de los puestos de trabajo. No deja de tener su dialéctica, pero la situación ha generado importantes controversias en los centros de trabajo, entre los que defienden el final definitivo de la mascarilla y los que creen que se debería surtir la obligación de llevarla. Es un debate difícil y complicado. Existe aún mucho temor a ser contagiado por el virus a posteriori de dos abriles largos marcados por la amenaza de la pandemia. Delante la indefinición que ha dejado el Ejecutor, solo junto a pedir sentido global y responsabilidad a empresas y trabajadores para que la situación no acabe en un Vietnam.

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