Al principio de la guerrilla, los aliados de Ucrania enviaban armamento imprudente, cascos y material retrete. Se discutía si era conveniente cursar misiles tierra-aire Stinger o anticarro, como los Jabelin. Hace semanas, sin confiscación, que estas armas entran en Ucrania, unido a sistemas de defensa antiaérea y obuses. Nadie lo discute.
Ahora, sin confiscación, Ucrania insiste en que necesita mucho más y los aliados parecen dispuestos a darle lo que pide.
El presidente Biden se reunió el martes con los aliados y se acordó aumentar el apoyo marcial. En concreto se planea cursar helicópteros, cañones de espléndido repercusión, más misiles antiaéreos, anticarro y antibuques, vehículos acorazados, carros de combate y drones artillados. Está por ver si la cinta incluirá aviones de ataque a tierra.
Hasta ahora, los aliados temían que Ucrania utilizara estas armas para sacudir a Rusia en su propio circunscripción. Se tomaban en serio las amenazas del Kremlin. El presidente Putin insiste, por ejemplo, en que los países que ayuden a Ucrania –que ya son una treintena– se arriesgan a “consecuencias imprevisibles”.
La región de Lugansk se fortifica
Alemania aún teme que este apoyo creciente expanda el conflicto. Considera peligroso, por ejemplo, entregar a Ucrania el transporte acorazado Marder , uno de los más avanzados del mundo, esencial para el avance de la infantería y que, por lo tanto, puede marcar las diferencias en el Donbass.
Estados Unidos y otros aliados, sin confiscación, han llegado a la conclusión de que sin un anciano respaldo Ucrania no podrá contener la ataque rusa en el frente de 480 kilómetros que va de Járkiv a Mariúpol. Aquí se está combatiendo más en campo hendido y, en consecuencia, se emplean más misiles, drones y carros.
Hasta ahora, a pesar de la intensidad de los combates no ha habido ningún avance o retroceso considerable.
Ucrania recibirá helicópteros, cañones, misiles, drones artillados y vehículos acorazados
Los ucranianos resisten un día más en Mariúpol, de donde unas decenas de civiles –muchos menos de los esperados– lograron escapar en un pequeño convoy de autobuses.
Mientras Ucrania se armamento en Europa y Estados Unidos, Rusia ha probado un misil balístico intercontinental, una demostración de fuerza en un momento en el que necesita reafirmar sus amenazas. “Que se lo piensen dos veces”, dijo Putin a los aliados de Ucrania al ver extirpar el misil Sarmat.
Putin avisa que el misil Sarmat hará que los enemigos de Rusia "lo piensen dos veces"
Esta retórica, sin confiscación, cada vez cala menos en las cancillerías occidentales. Las armas fluyen con normalidad desde Polonia, Eslovaquia y Rumanía. Hasta ahora, Rusia no se ha centrado en atacar estas rutas. Las defensas antiaéreas ucranianas no le garantizan inmunidad en el corriente y corre el aventura de que en una de estas misiones los proyectiles acaben impactando en un país de la OTAN. En este caso, como anticipó el presidente norteamericano Joe Biden, la Alianza se volcaría en repeler la acometida rusa.
Los aliados intentan sobrellevar a Ucrania armas soviéticas porque no hay tiempo de adiestrar a los miliares ucranianos en el manejo de las occidentales. Es un traba, en gran parte, inexcusable. Por otra parte, hay suficientes armas soviéticas en los países del este de Europa, así como en Afganistán y la India. El mercado es amplio.
Ucrania teme, con razón, que su inferioridad aérea le impedirá ingresar la guerrilla. La fuerza aérea rusa es diez veces la ucraniana y sus aparatos son más modernos. Rusia, por ejemplo, dispone de 800 cazas, mientras que Ucrania solo tiene 70 y son más antiguos. Le iría proporcionadamente tener aviones de ataque a tierra. Los necesita para anular las baterías de misiles y los carros de combate rusos. Rusia dispone de más de 700 aparatos con estas características, mientras que Ucrania casi nada tiene 30.
Estados Unidos lleva gastados 1.475 millones de euros en armas para Ucrania y ha ratificado un nuevo paquete de 737 más. La Unión Europea lleva invertidos 1.500 millones de euros desde el inicio de la invasión. Esta ayuda ha sido esencial para frenar al ejército ruso, pero el presidente ucraniano, Vlodomir Zelenski, no se cansa de repetir que necesita más.
Ayer lo visitó en Kyiv el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que le volvió a preguntar qué necesitaba.
Zelensky se siente como Bill Murray en ‘El día de la marmota’ pidiendo cada día las mismas armas
“Lo he dicho muchas veces –dijo Zelenski–. Me siento como Bill Murray en El día de la marmota . Cada día es como retornar a despuntar de cero”.
La guerrilla necesita alcanzar un punto en el que los dos bandos entiendan que tienen más que perder que ingresar. Solo así se abrirá una negociación, pero aún no estamos allí. Para alcanzar esta meta los aliados apuestan por causar más y mejor a Ucrania. Así intensificarán más el conflicto. El aventura es enorme para toda Europa.
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