Piqué y las personitas del montón

Una frase epitáfica: “El fútbol pertenece a los fans. Hoy más que nunca”. La escribió Gerard Piqué en Twitter cuando el Barça se puso a rueda del Actual Madrid para la creación de la Superliga europea con el único objetivo de ingresar más mosca. Susurrar es gratuitamente, así que hallar con el discurso es siempre el negocio más rentable puesto que no requiere de inversión ninguna. Sin más desembolso que cuatro palabrejas, en inglés eso sí ( Football belongs to the fans. Today more than ever) , el central adquiría en pleno debate sobre la mercantilización del fútbol la condición del Robin Hood del césped que lucha a apoyo partido contra las fuerzas del hacienda, conjuradas para hacer de la pelota exclusivamente un negocio.

Siempre hemos indispensable héroes. Por ello nos entregamos con entusiasmo a la humana tarea de imaginarlos en cada remate. Nos sirve cualquiera, con tal de poder fantasear a placer con la idea de que son un compendio superconcentrado de lo mejor de nosotros mismos. El yo aspiracional que no seremos nunca. Piqué, por ejemplo. Incluso necesitamos a los villanos, sus contrarios, para poder proyectar en su espalda nuestras miserias y el miedo que todavía nos profesamos. Unos y otros nos reconcilian con la obligada convivencia con nuestra mediocridad de personitas del montón.

Lo erudito y escuchado solo demuestra que estamos delante un futbolista aferrado a los títulos de su tiempo

Ahora que sabemos probado que Gerard Piqué dedica tiempo y energía a hacer lo contrario de lo que predica –que el futbol pertenezca a los jeques y no a los aficionados a cambio de mucho mosca–, existe la tentación de apearlo del Olimpo de los héroes y reubicarlo en el cenagal de los villanos. Del bóveda celeste al cieno. ¡Qué escándalo! ¡Un central en activo comisionista y manoseando los torneos que luego él y su equipo van a disputar! Los títulos del fútbol pisoteados. Una Supercopa negociada con los sauditas para blanquearles la reputación cuando aún estaba presente en la memoria del mundo el cuerpo troceado vivo y hasta la asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia en Estambul.

No caigamos en el exceso. Con Piqué exclusivamente ha pasado que, como todo hijo de vecino, su carrera no resiste las exigencias que el guion impone al pretendido héroe. Lo erudito y escuchado solo demuestra, a fin de cuentas, que estamos delante un futbolista aferrado a los títulos de su tiempo, lo que viene a significar que se alcahuetería de un señor excepcionalmente natural. Otra cosa es que la normalidad, puesta delante el espejo, nos resulte entre poco y mínimo atractiva aunque tenga los luceros azules. Piqué llevaba razón cuando escribió que el futbol es de los fans. Pero olvidó la coda que hace cierta la afirmación: solo cuando los micrófonos están abiertos. Ahora sí. Hoy más que nunca.

Gerard Piqué comparece en Twitch

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