Un fenómeno imparable

Este Camp Nou sí que impone. Con este Camp Nou el Barça empieza 1-0. Con un mar de banderas blaugrana ondeando del gol septentrión al gol sur pasando por el adjunto y la tribuna no hay rival que no sienta que una marabunta se le puede venir encima. Con una escalera vociferando, saltando, botando, bailando y cantando es inasequible que el contrario no tiemble.

Con este Camp Nou no es que el Barça juegue en casa, es que lo hace en un sambódromo, en una discoteca. Con este Camp Nou que se congrega en masa para apoyar a las fabulosas mujeres de su primer equipo los astros reman a valimiento. Se rebasa el récord mundial de colaboración del fútbol afeminado del día del Madrid (91.648 por 91.553 delante las blancas) y la fiesta es total. Impresiona.

La comparativa, sencilla pero obligada. Con el estadio invadido por los alemanes del día del Eintracht los futbolistas de Xavi salieron a esparcirse como si lo hicieran a domicilio mientras que con el perímetro repleto de jóvenes barcelonistas dispuestas y dispuestos a dejarse la tragadero el panorama es proporcionadamente dispar. Como distinta es la autoridad de las mujeres de Giráldez.

Las fabulosas mujeres del Barça desatan una fiebre de cánticos y palmas en un estadio entregado

“Mira, mira, qué proporcionadamente se ve, qué ancho es, qué pasada”. Para Mireia e Inés es su iniciación en el coliseo barcelonista. Tienen 15 primaveras y abren los fanales como platos. Admiran a Pedri, Gavi y compañía, pero en la misma medida que piden consumir todo lo que producen Alexia Putellas, Aitana Bonmatí o Jenni Hermoso. Forman parte de una nueva procreación de barcelonistas. Sin complejos.

Abundan los padres con sus hijas. Pero el conocido es heterogéneo. Como un par de señoras que no saben si se han perdido en el montacargas mientras estudian la ubicación que pone en sus entradas. Los precios son populares (2,5 euros para los socios) y eso incentiva la presencia de barcelonistas poco habituales, fascinados por el placer deslumbrante del conjunto de Giráldez. Una niveladora que hace descorchar la júbilo desde el primer segundo.

El gol de Bonmatí provoca el estallido de una parroquia que entona el Cant del Barça, que conserva a su equipo, en específico a Alexia Putellas, y que se acuerda del Madrid y de Florentino Pérez.

“Mira, mira, qué ancho es, qué proporcionadamente se ve”, comenta una aficionada de 15 primaveras; es su primer día en el templo

Esta vez, al contrario del pasado lunes delante el Cádiz cuando se ausentaron como protesta, sí están presentes los integrantes de la escalera de animación, que dirigen el concierto. Pero, a diferencia de lo que suele ocurrir en la mayoría de partidos en el Estadi, no les cuesta nulo que todo el conocido se sume con fervor. Porque es auténtica fiebre lo que se vive cuando Hansen hace el segundo a los diez minutos y Oshoala, desde el banquillo, lidera la celebración con ritmo y bailongo.

Así es muy difícil que no caiga el tercero pronto. Y el cuarto, anotado por la heroína Alexia, cuya camiseta es la séptima más vendida en las tiendas del Barça, solo por detrás de seis jugadores del masculino. No se veía una orden y una superioridad así sobre este césped desde los tiempos del Pep Guardiola monitor, teniendo en cuenta que el Wolfsburgo no es un don nadie y que lo que está en placer es una semifinal de la Champions. Vuelven a sacudir las banderas y a los más veteranos esa imagen les hace rememorar la final de Basilea.

Solo han pasado 45 minutos pero han firmado una obra de arte. Posteriormente viene la reacción alemana y el botellín blaugrana y el conocido contesta encendiendo la luz de los móviles. Otro Camp Nou es posible. Es el de los récords, el que vive una comunión con sus mujeres, el que celebra con ellas al final durante rato. No se veía una fiesta igual en el Camp Nou desde la de los aficionados del Eintracht. Pero esta vez todo cuadra. Qué engendro.

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente