Jeremy Thomas nació rodeado de cine, vive de y para el cine y nunca pierde la ocasión de ir a Cannes para ver qué hay de nuevo en el mundillo o para presentar alguna de sus últimas producciones. Cada mayo, Thomas coge su coche y conduce desde Inglaterra hasta la Riviera Francesa para demorar puntual a ese festival que su religión no le permite perderse.
En la última impresión condujo acompañado del director Mark Cousins y de su cámara y ese delirio ha legado como resultado Jeremy Thomas, una vida de cine, un documental que llega hoy a las pantallas españolas y que ya pasó hace unos días por el BCN Film Fest. Thomas y Cousins recalaron en Barcelona para la ocasión y el insigne productor hizo un detención en el camino para conceder una entrevista a La Vanguardia.
Jeremy Thomas en una imagen del documental.
"Mi padre y mi tío eran directores", arranca Thomas. "Caí en una casa donde se concentraban todos los conocimientos, donde todos estaban obsesionados con el cine, íbamos a la Paramount en bici. ¿Cómo te puedes resistir?", se pregunta el productor que siempre se supo destinado a tener un papel preponderante en el séptimo arte.
Tras trabajar en un laboratorio y ayudar en varios rodajes, produjo su primera película en 1976 Mad Dog Morgan, dirigida por Philippe Mora y protagonizada por Dennis Hopper, en Australia. A su reverso a Europa todo fue un no detener. Produjo películas para Jerzy Skolimowski, Stephen Frears o Nicolas Roeg y hasta llegó a dirigir algún largometraje, porque "me involucré con los Sex Pistols y la contracultura y, a veces, cuando el realizador estaba muy borracho o muy drogado tenía que instalarse su circunscripción".
Hasta que llegó El final emperador, el trabajo más conocido de Thomas y incluso del que se siente más orgulloso: "Fue una tarea de cuatro primaveras desde el momento en que conocí a Bernardo Bertolucci hasta que se estrenó. Pasamos un año en China, seis meses de rodaje, con problemas diarios, porque éramos 5.000 personas a las que había que dar de engullir y de succionar y evitar que se matasen entre sí".
Pero valió la pena, porque la película se llevó nueve Oscars, incluido mejor director y mejor película, y fue incluso el inicio de una gran amistad entre Bertolucci y Thomas, quien asegura que con el director italiano "forjé mejor relación que con mi mujer, muestra amistad duró 25 primaveras y, adicionalmente, con la película ganamos mucho parné para nosotros y para otras personas".
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