Desde 1973, las Naciones Unidas impulsan cada 5 de junio el día mundial del Medio Concurrencia. Medio siglo a espaldas, la conciencia medioambientalista estaba mucho menos extendida que ahora. Todavía eran muchos menos los problemas relativos a la crisis climática. Ahora, en cambio, son manifiestos y muy graves y exigen una respuesta decidida y sostenida, si de veras se quiere evitar que el planeta siga calentándose a un ritmo que compromete el futuro de los seres humanos y de la naturaleza, que se extingan un millón de especies ahora en peligro o que la contaminación siga envenenando la Tierra hasta hacerla inhabitable.
El panorama es más que preocupante. Esa sería la mala novedad. La buena es que la insuficiente respuesta institucional e industrial a esta crisis, que amenaza con hacerla irreversible a escalera general, contrasta poderosamente con la concienciación popular sobre la aprieto de afrontarla con empuje y celeridad.
Las autoridades deben reduplicar esfuerzos en la lucha general contra la crisis climática
Este es, al menos, el mensaje que se desprende de un estudio patrocinado en España por la Fundación BBVA, en el que participaron 4.500 personas mayores de 15 primaveras, durante el segundo semestre del año pasado. La principal conclusión que se desprende de esta macroencuesta es que el interés por el medio hábitat y los títulos medioambientales está profundamente enraizado en la sociedad española y que tiene ya sus reflejos tangibles en las conductas personales.
Las cifras y los porcentajes recogidos en este estudio son concluyentes. El 80% de los españoles considera graves los problemas del medio hábitat y, además, que dichos problemas están científicamente acreditados (84%) y que son atribuibles a la actividad humana (80%); está convencido (9,2 en una escalera de 10) de que es necesario preservar la Tierra, y es por ello que tráfico de contribuir con sus conductas personales –practicar el reciclaje, evitar el uso de las bolsas de plástico, acotar el consumo de agua y energía, incluso a costa de cierto confort propio– a la lucha contra la crisis climática.
Es satisfactorio que la conciencia social avance en este contorno y en este sentido. Y es imprescindible que las administraciones públicas muestren más empeño a la hora de implementar las políticas adecuadas y coordinarlas a escalera general. En primer sitio, porque estamos positivamente en presencia de una emergencia. Y, en segundo, porque quienes dirigen la sociedad deben prestar atención a las inquietudes y las reclamaciones de los ciudadanos.
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