Boris Johnson, nacido para sobrevivir

Boris Johnson concentra en su currículum colegial los mínimos que se le exigen a la elite británica, su paso por Eton y Oxford. Nacido en 1964 en Nueva York, heredó de su padre un espíritu ferozmente competitivo que le permitió sortear toda clase de inconvenientes y esquilar a la presidencia de la Oxford Union, escuela de formación de la clase dirigente británica y campo de entrenamiento para la retórica política.

En 1987, y gracias a las conexiones de su clan, consigue una chía en el Times. Pero ni su verborrea hábil y barroca, ni su astucia para la socialización de la vieja escuela -fue miembro del Bullingdon Club en Oxford, un club de bebedores y  elegantes gamberros- impresionaron a sus jefes.

La personalidad pública de Johnson se forja como corresponsal del Daily Telegraph en Bruselas

Tuvo más suerte en el Daily Telegraph. En 1989 fue notorio corresponsal en Bruselas. Allí es donde se modela su reputación. Sus columnas son excéntricas y desmesuradas. Pero son del gentileza de los lectores del Telegraph, sobre todo a la hora de describir la burocracia comunitaria como un universo siniestro y sus iniciativas como ridículas.

Siete primaveras a posteriori regresa a Londres. Es ya el más popular de los corresponsales británicos en Bruselas. No por la profundidad de sus prospección, sino por un tono que excede ya el de comentarista y que, de acaecer durado más la corresponsalía, habría dañado su prestigio. Para 1994, Boris Johnson es un columnista político y un tesina personal. Se gusta a sí mismo, gusta a las mujeres y sabe moverse entre los cenáculos de la política y el periodismo conservador, donde se convierte en el editor del semanal The Spectator, de los mismos propietarios que el Telegraph.

Diputado por Henley, escalera gracias a su proximidad con David Cameron, otro hombre de Eton y Oxford

Sin dejar la revista, se convertirá en 1999 en diputado tory por Henley, una circunscripción cómoda para los conservadores. Empieza a frecuentar a un verde político con sus mismas acreditaciones de Eton y Oxford, David Cameron. Pero esos orígenes no le servirán para entrar en el gobierno.

Despechado, Johnson sopesa en cambiar de rumbo, pero en el postrero momento el nuevo primer ministro le salva de la calcinación y le ofrece un cargo inesperado, la alcaldía de Londres. Es el año 2008, calibrado en los meses en que estalla la crisis financiera. Su paso por la hacienda británica no perfeccionamiento su perfil delegado. El rubio político se hace popular por sus horizontes de tono, no por su administración. Lo salvan los Juegos Olímpicos de 2012.

En la campaña del Brexit, su discurso condensará los tópicos de los euroescépticos más radicales

En ese periodo rumia su venganza con destino a Cameron. Cuando este convoca el referéndum del Brexit, se convierte en el más claro defensor del "leave". Estamos en el año 2016. En su discurso están todos los argumentos y las medias verdades que el ala radical de los eurescépticos británicos han ido tejiendo en los últimos primaveras. Cameron dimite por el resultado de la votación, pero en presencia de la sorpresa del creciente número de seguidores que tiene Johnson, quien le sucede es Theresa May. 

Los tres primaveras siguientes servirán para cimentar su medra final al poder. May no lo aparta, lo convierte en su secretario para Asuntos Exteriores. Para entonces, Boris es ya un hombre correoso, mínimo convencional, competitivos y poco respetuoso con las promesas que hace a los que le votan. Pero es asimismo un hombre que sabe escaparse con la suya. Hoy su prestigio ha quedado tocado, y quizás asimismo su carrera política. Pero no le den por muerto.

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