Boris Johnson queda muy tocado, pero no hundido

El del Batavia , el del Bounty , el del Hermione , el del Globe , el del Somers , el del Spithead , el del P otemkin … A los grandes motines de la historia naval hay que sumar ahora, en traducción política, el del Fiesta (Boris Johnson recibió la novedad de que era objeto de una moción de censura organizada por sus correligionarios tories mientras observaba el desfile del domingo en el palco vivo y se llevó las manos a la habitante). El primer ministro ha sobrevivido por 211 votos a 148, pero se tráfico de una sublevación de grandes proporciones que lo deja aún más débil.

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El primer ministro inglés, Boris Johnson, saliendo este lunes del Parlamento a posteriori de la moción de censura

TOLGA AKMEN / EFE

La posterior cita de Johnson con el destino son las elecciones de Tiverton y Wakefield, el próximo día 21

“Volvería a hacer lo mismo otra vez –dijo Johnson refiriéndose a las fiestas del partygate en los prolegómenos de la votación–. ¿Quién no necesita desfogarse de vez en cuando con unas copas?”. La palabra remordimiento no figura en su diccionario, como siquiera la palabra dimisión, por mucho que una tercera parte del agrupación parlamentario se haya vuelto en su contra. Está dispuesto a seguir mientras no se acabe la cuerda, pase lo que pase. “Podría estar desnudo en pleno Piccadilly Circus y aun así no sentiría vergüenza. Para él, todo el mundo es inocente y culpable a la vez, todo depende de cómo se mire”, dice un diputado que votó en su contra.

Históricamente, los líderes objeto de una moción de censura han consumido tirando la toalla por la presión

La próxima parada del Johnson Express , un tren desbocado que se ha quedado sin frenos, son las elecciones parciales del día 21 en Wakefield (Yorkshire) y Tiverton (Dorset), los dos escaños conservadores, amenazados en el primer caso por el Labour y en el segundo por los liberales demócratas. Si pierden, los tories podrían cambiar la regla de que su líder queda a ileso por un año a posteriori de vencer una moción de confianza, o enviarle a Downing Street a los hombres y mujeres de vulgar para decirle que le ha llegado su hora, como hicieron con Thatcher. Pero no es seguro que nadie se atreva a ir, por miedo a tomar una paliza.

Al premier le ha apoyado la gran mayoría de los diputados que le deben el cargo en el Gobierno

Las horas previas a la moción de censura fueron, como los buenos motines, un polvorín de intrigas. Los rebeldes, que no eran un agrupación homogéneo y acertadamente organizado, hicieron circular un memorando de 789 palabras, muy acertadamente escogidas, con las razones para deshacerse de Johnson: el desprestigio internacional en que ha sumido al país, el grava electoral en que (supuestamente) se ha convertido, la deshonestidad, las mentiras, el fracaso a la hora de sacar partido al Brexit, la parálisis frente a la crisis del coste de la vida, la italianiza ción de la capital con destino a un maniquí de crecimiento débil, la creciente polarización, la desintegración territorial (Gran Bretaña es una mera expresión geográfica sin identidad doméstico), su obsesión trumpista con atizar la aniquilamiento cultural, las subidas de impuestos, el negligencia de la conformidad thatcherista, el desmadre del compra divulgado, la errata de un software coherente, la sumisión a los sondeos, el arbitrio constante a soluciones populistas (recuperar las medidas de peso y importancia imperiales, privatizar el canal 4 de televisión, amenazar con romper los acuerdos del Brexit…), la inmigración, ataques a jueces y funcionarios, recortaduras de libertades. “Pero lo peor de todo –señala un tory tradicional– es la vulgaridad”.

Algunos votaron en su contra por razones morales; otros, porque consideran que es un grava electoral

Johnson, menos agitado de lo habitual, respondió echando la desliz de sus problemas a la prensa y diciendo que ya es hora de dejarse de tonterías con el partygate y permitirle trabajar, porque en Europa hay una aniquilamiento y la capital se asoma a un despeñadero como el de las décadas setenta y ochenta, incluso a una depresión. Preparándose para un día así, se ha deshecho de todos los cerebros brillantes del partido y llenado el Salita y hasta los cargos de director normal con medianías a sueldo, que este lunes tuvieron que acreditar el peaje, aunque algunos se apuntaron al motín. En los próximos días se dispone a propalar una ataque legislativa con medidas en Sanidad, Educación y Vivienda. Y tal vez anunciando el incumplimiento de los acuerdos del Brexit sobre el Ulster, que podría desencadenar una aniquilamiento comercial con la UE. Huida con destino a delante.

Decía Confucio que un político tiene que dar al pueblo armas, comida y confianza. Pero el problema de Johnson es que no solo la mayoría de los votantes, sino asimismo una parte muy importante de su partido, ha perdido la fe en él, se ha cansado de su incoherencia y ansia de poder, lo ve demasiado perezoso, confuso y carente de auténticas convicciones, por mucha que sea su inteligencia verbal y por brillante que resulte en ocasiones. Los tories son un partido dominado por los conceptos de capital y clase, en un mundo impresionado por la civilización y los títulos. Tras 12 abriles en el poder (el periodo más amplio desde el siglo XIX), se encuentran en medio de la aniquilamiento entre dos almas y dos capitalismos, el que exploración la estabilidad y para ello acepta ciertas regulaciones, y el que considera ilegítimo todo lo que va en contra del beneficio (impuestos y demás). El primer ministro, caótico, subversivo, ingenioso, un ilusionado profesional, no sabe de qué costado está. A veces va de padre disciplinario, a veces deja al hijo ver la tele y usar el móvil todo lo que quiera.

En el siglo XVII, el Batavia , un buque de 24 cañones propiedad de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, vivió un motín poco a posteriori de zarpar de Ciudad del Angla en su alucinación inaugural, cuando dos tripulantes, Jacobsz y Cornelisz, se hicieron con el control y decidieron cambiar el rumbo. Tras fracasar, los supervivientes se mataron entre sí por el oro y las joyas, hasta que un soldado puso orden y acabó con la sublevación. En el motín del Fiesta , el barco tory aún no se ha estrellado contra los acantilados y Johnson se aferra al timón, mientras dos facciones pugnan por dirigir la nave con destino a destinos distintos, uno más thatcherista y otro más distributivo y keynesiano.

Kiko Matamoros, Nacho Palau, Ainhoa Cantalapiedra, Anabel Pantoja, Marta Peñate… A la repertorio de Supervivivientes en el reality show de la política británica hay que añadir a Boris Johnson. Tocado, pero no hundido.

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