Camino de la salida

Supervivencia, es la palabra. Boris Johnson ha sobrevivido esta perplejidad al voto de censura de su propio partido. Pero su conquista, por 211 votos a 148, frente a los tories que querían echarle del número 10 de Downing Street es demasiado estrecha como para que el primer ministro anglosajón pueda consolidar su posición. No digamos ya reforzarla. Antaño al contrario, sale enormemente débil. Que 148 parlamentarios de su propio partido (el 42%) piensen que le ha llegado la hora de renunciar da la medida de la amplitud del descontento y de la contestación interna. Johnson ha conseguido mantenerse en el cargo, teóricamente un año más –durante ese tiempo no puede presentarse contra él una nueva moción de censura-, pero no es más que una prórroga.

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Boris Johnson, en la puerta del número 10 de Downing Street 

TOBY MELVILLE / Reuters

Theresa May, su antecesora en el cargo, todavía sobrevivió en diciembre del 2018 a una moción de censura de su partido, que ganó por 200 a 117 votos. No duró más que cinco meses en el cargo. Las tensiones del Brexit –por tres veces vio rechazado en el Parlamento su propuesta de acuerdo con la UE—la forzaron a dimitir en mayo del 2019. Hay todavía otro antecedente. En 1990, Margaret Thatcher fue retada por Michael Heseltine, que le disputó el liderazgo conservador y a quien venció por 204 a 152. Efímera y corta conquista que le llevó un par de semanas posteriormente a retirarse de la carrera y desatender Downing Street. Como premier le sucedería al final John Major.

Boris Johnson no está mejor. Ni mucho menos. El escándalo del partygate es sólo la tomatillo del pastel. El primer ministro anglosajón ha mostrado aquí su doblez y su desparpajo en la mentira, pero no es poco que no se conociera. Un característica de carácter que había pulido en sus tiempos de corresponsal europeo del Daily Telegraph y que explotó con gran profesionalidad y éxito en el referéndum para la salida de la Unión Europea.

Es cierto que el partygate ha sido un leñazo pata su imagen. Pero no es el único delegado, y probablemente siquiera el más importante. La situación económica, con una inflación vertiginoso y una muy acusada pérdida de poder adquisitivo, lastran todavía su credibilidad. Su nivel de popularidad ha caído al 26% y los sondeos indican que los conservadores estarían perdiendo a marchas forzadas el voto operario y popular que hizo triunfar al Brexit y dio a los tories la mayoría absoluta en el 2019. Su partido podía perdonar a Johnson su indisciplina, sus payasadas e incluso su heterodoxia económica, siempre que ganara elecciones. Pero su hado palidece. Y le han impresionado ya el camino de salida.

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