Es la calle más esotérica de Barcelona, por su historia y porque quien en ella se adentre observará extraños símbolos en la numeración de las casas. Es muy estrecha y conecta Fontanella con la calle Comtal. Hace irresoluto porque salva el conocido como escalón barcelonés, un desnivel en forma de escarpadura que divide el llanada de Barcelona desde la Trinitat hasta la plaza Universitat y que aún es perceptible en algunos puntos. Se fogosidad calle Estruch y su nombre tiene que ver con una especie de brujo que vivía allí en la Etapa Media.
La estrecha artería, conocida como Estruch y que conecta Fontanella con Comtal 
Dos murales, uno en cada extremo de la calle, explican su divisa, repletos de símbolos arcanos y relacionados con la hechicería y el enigma en genérico. Incluso se observan en las piezas de cerámica que numeran cada una de las fincas y que la convierten en una calle temática de la brujería y el hermetismo. Así, los números están encajados en unos círculos con símbolos y con palabras como Tetragrammation, Emmanuel, Jehová y Jaleh, entre otras.
El brujo Sacanera vivía en el número 14 de la calle y se dice que allí vendía la señal piedra escurçonera, que al parecer tenía poderes curativos 
El autor de estas intrigantes inscripciones y simbologías es Ricard Bru, que se califica como alquimista y ocultista, quien en la período de 1980 pidió y recibió el permiso para conmemorar la historia de la calle con esta ornato tan singular. Pero la historia de la calle y su relación con las ciencias esotéricas se remonta a siglos a espaldas. Cuenta la divisa que en el siglo XV vivía en esta calle un adivino y brujo conocido como Astruc Sacanera. De ahí el nombre, aunque se sabe que la calle ya era conocida así un siglo antaño, lo que significaría que la grupo del supuesto hechicero ya residía en el empleo con anticipación.
Los números están encajados en unos círculos con símbolos y con palabras como Tetragrammation, Emmanuel, Jehová y Jaleh, entre otras 
El brujo Sacanera vivía en el número 14 de la calle y se dice que allí vendía la señal piedra escurçonera, que al parecer tenía poderes curativos y que era eficaz contra las picaduras de víboras y otras serpientes. Incluso tenía habilidades para extraer muelas y para quitar el mal de ojo. De hecho, una de las placas colocadas por Bru señala la casa donde se vendía la piedra.
Hoy ya no hay brujos en la calle Estruch y hace tiempo que no se practican hechizos. Bueno, suponemos, aunque perfectamente pensado nunca se sabe.
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