El Bibloquismo valenciano

El bibloquismo frente a la celebración del 40 aniversario del Estatut no es nuevo en la Comunidad Valenciana. Pero tiene poco que ver con el bibloquismo que ha sustituido en España al bipartidismo. Aquí llevamos décadas hablando de blaveros y catalanistas, de Reino y País. De dos bloques que no están definidos ideológicamente, porque hay derechas con País e izquierdas raciales con Reino, porque el étnico y sus símbolos se solucionaron desde un centro impersonal: Comunidad Valenciana.

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El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, acompañado por la consellera de Décimo, Rosa Pérez Garijo, al inicio de acto del 40 aniversario del estatuto de Autonomía. 

Kai FORSTERLING / EFE

Más admisiblemente es una cosa emocional, sin más cuestiones que el momento político dominante y la trinchera territorial. Valencia es pura ficción barroca en la bronca, mientras Castellón es más norteña y en Alicante importa una higa lo que pasa más hacia lo alto del Mascarat. El bibloquismo a veces es tribloquismo. Y las más de las veces pura traca de afanados pirotécnicos.

Le decía Vicente González Lizondo, fundador de Unión Valenciana, que vivía la calle. Un día, previo a fallas, organizó una paella para vecinos y periodistas en la calle Ribera de Valencia. En medio de disfrute culinario, pasaron un clase de mujeres que se dirigían a la Tiempo del Boreal, tras asistir a la mascletá.

-Don Vicente, don Vicente: quant el volem! És vosté el millor polític i el més valencià de tots.

Y entre abrazos, las señoras le espetaron sinceramente:

-Don Vicente, continue vosté defenent el País Valencià.

-Así es Valencia, amigo Montesinos, -me comentó en castellano, cuando las señoras asignaron a don Vicente la defensa del País Valencià.

Por eso todos estos aniversarios son tracas por ausencias o por excesivas presencias. Pura tramoya, que se retira del escena cuando pasan la bandeja para evitar que el Valencia CF siga en manos de uno de Singapur o patrimonializar las entidades financieras de Alicante (CAM) y Valencia (Bankia y Costado de Valencia) ayer de que fueran al Costado de Sabadell y La Caixa. Ahí desaparece el valencianismo y todos sus argumentos.

Por eso es tan dócil olvidar la financiación autonómica para pretender liderar la relocalización del Estado y esquivar la desaparecido inversión en infraestructuras. O más dócil aún, centrar toda la ataque política contra Puig en colchoneta a la probable imputación de Oltra por los líos de su exmarido, en oficio de analizar la desastrosa dirección de Compromis en la Conselleria de Igualdad. El bibloquismo no tiene razón ideológica, solo teatral. Un entremés a lo Bernat i Baldoví.

Luego de siete abriles de Botánic, otros tantos de Rialto y los mismos del Fadrell, el resultado es apurar discutiendo si hay mascletà en la plaza de Los Luceros o ponen más o menos árboles en la Avenida de Lledó de Castellón. Ni ideología ni dirección. Por eso no ha pasado ausencia en siete abriles. Y por eso la crisis económica de la rana nos cogerá cociéndonos lentamente y VOX sigue creciendo sin tener siquiera candidatos mediáticos.

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