Los premios Max más mediterráneos, celebrados anoche en el teatro Principal de Maó, el coliseo municipal de ópera más antiguo de España, encumbraron a Juan Diego Botto como mejor actor del año y a su observación a Lorca en Una tinieblas sin vitral , de la que es autor, como mejor espectáculo de teatro, aunque su mayor competidor en esta publicación de los grandes premios de las artes escénicas españolas, la producción catalana Canto jo i la muntanya balla , de La Perla 29, se acabó llevando asimismo tres de los galardones más importantes de la tinieblas: la mejor dirección para Joan Arqué y Guillem Albà, la mejor composición musical para Judit Neddermann y la mejor escenografía para Alfred Casas y Laura Clos. El bailarín de Badalona Jesús Carmona, del ciudadela artesano de Llefià, como quiso remarcar, logró ausencia menos que dos Max como mejor espectáculo e intérprete de danza del año por Bailete de bestias . Y el Company, de Antonio Banderas, acabó arrancando el premio al mejor musical en una garbo en la que la complicada situación de conocido que están viviendo los teatros llevó a Juan José Solana, presidente de la Fundación SGAE, organizadora de los premios, a examinar que “tras la pandemia el teatro y la danza no se han recuperado como esperábamos, hay cierto acomodo al vídeo en casa” y a pedir “que nos levantemos de esos asientos cómodos y que se vuelva al teatro”.
Con una garbo repleta de oleaje en suceso en la que brillaron el piano del menorquín Situación Mezquida o la concierto de la mallorquina Samantha Hudson, que cantó el Parole parole de Mina en catalán, Paraules, paraules , vestida como una mezcla de drag y Marilyn rubia y reflexionando sobre las virtudes minerales de las chirimoyas y las bananas, el gran abastraído fue el actor y autor Juan Diego Botto, que tenía un rodaje, pero en sus dos galardones envió palabras militantes a través de su hermana Nur Levi y del director de Una tinieblas sin vitral , Sergio Peris-Mencheta. Agradeció a su mama, Cristina Rota, que le enseñara que comprometerse con la profesión y la vida son dos caras de un mismo delirio, y dedicó el primer premio, como mejor actor, “a ella y a todos los que siguen esperando en las cunetas de este país que se haga razón, que sus restos puedan tener una sepultura digna adyacente a sus seres queridos”.
Mònica López, mejor actriz del año por ‘De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda?’, de La Calòrica
Peris-Mencheta recordó que Botto escribió esta aposento porque había ecos hoy del mundo que vivió Lorca con el coetáneo auge de la extrema derecha “que niega los derechos de los demás y quiere expulsar a los que piensan y sienten desigual, y apropiarse de la españolidad para negársela a todos los demás”. Recordó, encima, el asalto de Estado de Franco y que “trazó un plan de precisión ideológica y exterminó a miles de compatriotas; Lorca es el desaparecido más afamado de nuestra historia, pero no el único”.
Guillem Albà y Joan Arqué subieron sorprendidos y divertidos al tablado a dar asilo el Max a mejores directores de teatro del año por Canto jo i la muntanya balla y reivindicaron su condición de payasos: “Decíamos con Joan, subiendo, que esto lo vamos a rememorar toda la vida. Pero somos payasos y lo seguiremos siendo aunque nos den un premio por un espectáculo serio”, añadió. Otro catalán, Jesús Carmona, ganó dos Max con Bailete de bestias y rogó que “si algún chiquillo dice quiero hurtar, apóyenlo, apláudanlo, yo fui un chiquillo así, vengo de Llefià, de un ciudadela de obreros, muchedumbre sin posibilidades, que un día dijo quiero hurtar, y hoy estoy aquí”.
Antonio Banderas siquiera pudo estar en la garbo por un rodaje en Dublín, pero envió un mensaje para celebrar que Company , producido en la pupila de sus luceros, el teatro del Soho Caixabank de Málaga, se convirtiera en el mejor musical del año: “Reiterar mi compromiso con la suceso española, queremos seguir luchando por las artes escénicas porque encima pienso que se necesitan en los tiempos que estamos viviendo donde parece que solo las cosas que están grabadas existen”, reivindicó.
La mejor actriz del año fue Mònica López por la producción del Teatre Franquista de Catalunya De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda? , de la compañía La Calòrica, y otra producción catalana, Carrer Robadors , que abrió el pasado festival Grec, les dio la mejor acondicionamiento del año a Julio Manrique, Marc Artigau y Sergi Pompermayer a partir de la novelística de Mathias Enard.
La mejor intérprete de danza fue Lucía Lacarra por In the still of the night . El mejor espectáculo de calle fue Alter , de Kamchàtka, que se vio en la pasada Fira Tàrrega, mientras que el mejor espectáculo abierto fue Cris, pequeña robusto , una reivindicación de la infancia trans.
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