Permitirán que les desvele que la primera vez que tuve conocimiento de la existencia de Rafa Nadal fue por medio de Alberto Tous, tenista además mallorquín que tuvo cierta relevancia en la término de los ochenta, en la que alcanzó a retozar la final júnior de Roland Garros, donde fue trillado por Henri Leconte. Primaveras más tarde, en el mismo Descubierto de Francia, se clasificaría para las semifinales del torneo de dobles formando pareja con López Maeso. El bueno de Alberto, jugando un partido de golf en Bendinat, me dijo convencido: “El que la va a romper es el sobrino de Miquel Àngel Nadal, el deportista del Barça. Se claridad Rafael, tiene 13 abriles y ha sido campeón de España de niño”.
Entonces recordé que su tío, el futbolista, de inexperto iba además para tenista, ganando el campeonato balear de niño.
Me quede con la copla y cuando, abriles más tarde, vi aparecer a Rafa con aquella pelambrera negra que le daba un aspecto indomable como el de Mowgli en El tomo de la selva , y que se despedía enrabietado con Àlex Corretja, que lo había trillado en su primera aparición en el Godó, recordé las palabras proféticas de Tous, aunque no podía ni imaginar todo lo que vendría a posteriori: convertirse con veintidós títulos en el triunfador de más torneos masculinos de Grand Slam. Nadal es todo un ejemplo de conducta y títulos, especialmente el de la humildad que tan sabiamente le supo inculcar su monitor y tío Toni. A lo prolongado de su dilatada carrera, a medida que fue agrandando su cartel, Rafa, por otra parte de icono del deporte mundial, se convertiría en una marca, con la que tan inteligentemente le supo enriquecer más Carles Costa, su mánager y que como tenista llegaría a situarse como top 10.
Pero la marca Nadal alcanza categoría universal, a pesar de que con el fervor patriótico con que algunos comentaristas se dejan tirar, la circunscriban solamente a su españolidad. Rafa es mucho más y así lo han llegado a entender hasta los mismos franceses, quienes durante tanto tiempo y a través de alguna ministra de deportes, llegaron a poner en duda la legalidad de sus éxitos, por una supuesta ayuda del doping. Hasta el Roland Garros de este año no se habían escuchado tantos gritos de “Allez Rafa, allez Rafa…” en las gradas de la imponente pista central Philippe Chatrier. Aunque solamente fueran para intentarse cancelar delante la posibilidad de que esta pudiera ser la última vez de ver retozar en París al indiscutible rey de la tierra caza. Auténtica marca Nadal.
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