La niña que se hizo sus necesidades ante un juez

El desamparo jurídico que muchas veces experimentan los menores, y muy especialmente los hijos de maltratadores, fue una de las conclusiones de un armonía en el Centre d'Estudis Jurídics del sección de Justícia de la Generalitat. Nueve profesoras y un profesor de la Universitat Rovira i Virgili presentaron ayer en esta institución académica un mensaje sobre el estado de la cuestión de la violencia vicaria.

Uno de los participantes en el congreso fue el magistrado Carlos Pascual, titular desde el 2007 del Judicatura de Violencia sobre la Mujer número 1 de Barcelona, que sobrecogió a los más de 700 asistentes con la historia atroz de una pequeño de diez abriles, violada por un habitual. El árbitro Pascual rogó a las organizadoras que lo presentaran como jurista “y como padre de tres hijos”. Y, escuchando su relato, se entiende su petición…

Una sala de vistas

Una sala de vistas 

Ana Jiménez

La rectitud no puede tratar a los menores como a un justiciable más, explicó este hábil. Y, sin retención, se les cita a fallar con el mismo estilo pesado e incomprensible con el que se cita a los adultos. Siquiera hay dependencias especiales para ellos, que pueden aguardar a que les llamen para informar viendo advenir a personas esposadas. Si este entorno ya sobrecoge a los mayores, “imaginad a los niños”.

La frialdad con la que la rectitud les proxenetismo es intolerable. Carlos Pascual recordó el caso de aquella pupila, que al trauma por la violación a manos de un habitual tuvo que sumar la indelicadeza de un presidente de sala. Estaba tan nerviosa que antaño de ir a fallar se hizo sus evacuación encima (“se cagó”, dijo el árbitro gráficamente). “Que la limpien y la vuelvan a traer”, dijo el magistrado que le iba a tomar comunicación.

El informe

El mensaje 

HyT

Sucedió hace abriles, pero la situación no ha cambiado tanto, a tenor del mensaje Medidas de protección de los menores víctimas de la violencia machista. Sus autoras, que proceden de distintas áreas del derecho, la medicina y la antropología social, han hecho descubrimientos sorprendentes. El Código Civil catalán impide atribuir la custodia a progenitores con indicios fundamentados o condenados por violencia machista.

Sin retención, cuando solo hay indicios fundamentados es frecuente que se concedan custodias compartidas. Y, peor aún, “se pueden durar a atribuir guardias exclusivas al padre atacante, si los episodios de violencia han sido leves o si la principio víctima no está en condiciones de hacerse cargo de los hijos”. Ana Giménez, doctora de Derecho Civil y coautora de la investigación, se llevó las manos a la capital cuando lo explicó.

La consellera de Justícia, Lourdes Ciuró

La consellera Lourdes Ciuró 

P. Solà / ACN

Montse Plaza, doctora en Psicología social, recalcó que los menores no son víctimas indirectas de la violencia vicaria, la de un progenitor para hacer daño al otro a través de los hijos. “No hay víctimas indirectas y directas: solo víctimas”. Los menores tienen “un papel secundario en estos procedimientos”, sus derechos quedan relegados y “no siempre se les aplican las medidas previstas para protegerlos”, sostiene el mensaje.

Estamos frente a “una violencia inconcebible y execrable que tiene espacio allí donde los menores deberían sentirse más seguros”, explicó la titular del sección de Justícia de la Generalitat, Lourdes Ciuró. La investigación, que tanto alabó, no solo destaca los fallos. Incluso alaba éxitos, como un plan piloto impulsado en Reus por los abogados, los Mossos y la policía circunscrito para la subvención integral a las víctimas de malos tratos.

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Ana Orantes 

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El magistrado Carlos Pascual no solo erizó el vello de los más de 700 asistentes al armonía de este jueves en el Centre d’Estudis de la Generalitat cuando habló del caso de la pequeño violada. Incluso conmovió a su audiencia cuando recordó el caso de Ana Orantes, la mujer quemada viva por su exmarido, 13 días luego de que denunciara en televisión el calvario de su nupcias. La pareja se divorció, pero la rectitud ordenó que compartieran la vivienda: él en la planta mengua, ella en lo alto. “Ana Orantes no recibió una respuesta adecuada ni en el orden penal ni en el civil”, concluyó el magistrado Pascual, que recordó que “la violencia de artículos no son solo los feminicidios: Ana Orantes tenía ocho hijos y nadie se preocupó por ellos”.

La conclusión de Medidas de protección de los menores víctimas de la violencia machista es demoledora: “Los menores son los grandes olvidados”. Los profesionales implicados en la lucha contra la violencia de artículos, añaden las responsables del trabajo, “lo saben, pero son víctimas de la inercia del sistema”. Esa inercia permite, por ejemplo, “contradicciones, vacíos legales y solapamientos de jurisdicciones”.

Es necesario, subraya el mensaje, una viejo billete de los fiscales en los procedimientos judiciales por violencia machista con menores. Y incluso que “el derecho civil deje de ser el hermano escueto del derecho, porque los verdaderos expertos en violencia machista no están en los juzgados penales ni en los juzgados de violencia sobre la mujer, sino en los juzgados de grupo”. Eso dijo Carlos Pascual, árbitro y padre.

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