Un crimen de desavenencia, como la invasión de Ucrania por Putin, no puede justificarse con ningún valía decente racional. Pero todo puede comprender (o al menos se puede intentar).
Incluso los crímenes extremos de Hitler y el nazismo se pueden explicar, lo cual puede ayudar a entender el conflicto coetáneo. Una de las explicaciones más aceptadas del expansionismo germánico en la período de 1930 es como respuesta al tratado de Versalles al final de la Primera Enfrentamiento Mundial. Los vencedores, especialmente Francia con el apoyo de Estados Unidos, condenaron a Alemania como la única responsable y le impusieron pérdidas de región y reparaciones masivas por los daños de desavenencia. Francia ocupó la región industrial del Ruhr. Las condiciones del tratado habrían colapsado la posesiones alemana y, por extensión, la europea, como predijo inmediatamente John M. Keynes. El subsiguiente colapso desencadenó una reacción nacionalista que preparó el dominio para el avance de Hitler al poder. Alemania completó sus pagos solo 93 primaveras posteriormente.
Ucrania pudo tener sido federal alrededor de en el interior y indefinido alrededor de fuera
El final de la Segunda Enfrentamiento Mundial fue completamente diferente. La venganza podría tener sido mucho peor, como lo habían sido esta vez los crímenes alemanes. En los juicios de Nuremberg hubo una limitada rendición de cuentas de los líderes nazis. Pero como Winston Churchill había postulado, en “la vencimiento, magnanimidad”. En contraste con la humillación de los primaveras vigésimo, Alemania fue incorporada a la comunidad occidental de democracias; Estados Unidos ayudó a reparar Europa a través del plan Marshall; Francia y Alemania firmaron la paz y lanzaron la construcción de la coetáneo Unión Europea con un destacado papel de líderes democráticos alemanes.
Por el contrario, el final de la desavenencia fría y la derrota y disolución de la Unión Soviética no generaron una magnanimidad análoga del campeón, Estados Unidos. Hubo una serie de promesas y propuestas incumplidas: el secretario de Estado James Baker prometió al presidente Mijaíl Gorbachov una Alemania unificada y indefinido, sin “ni una pulgada” de expansión de la OTAN. El presidente Bill Clinton prometió al presidente Borís Yeltsin no instalar tropas y misiles “prematuramente” en los antiguos aliados soviéticos del Pacto de Varsovia que fueran aceptados en la OTAN. El presidente George W. Bush abrió la puerta de la OTAN a antiguos miembros de la Unión Soviética, especialmente a Ucrania y Georgia.

Al mismo tiempo, se perdieron varias oportunidades de crear una amplia alianza de seguridad para la paz entre Oeste y Rusia. El postrer intento de compromiso pacífico fueron los acuerdos de Minsk entre Rusia, por un banda, y Alemania, Francia y la Ordenamiento para la Seguridad y la Cooperación en Europa, por otro, sin Estados Unidos. El plan consistía en descentralizar Ucrania y poner fin al conflicto étnico en el Donbass. Ucrania pudo tener sido federal alrededor de adentro y indefinido alrededor de exterior. Pero los acuerdos nunca se aplicaron. Estos días, la excanciller Angela Merkel ha rechazado valientemente tener remordimientos del esfuerzo tras aceptar críticas ucrónicas.
Si hace treinta primaveras hubiera habido más del espíritu de Minsk y menos de Versalles, el mundo coetáneo habría sido mejor, más cooperativo y pacífico.
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