Faltan camareros

Tal vez sea una gran nota para la hacienda española. Porque las razones son obvias: bajos salarios (1.300 euros y muchos mileuristas) y condiciones de trabajo extenuantes denunciadas por los sindicatos desde hace tiempo. Con un 20% pagados en desfavorable. Como dijo Biden a los empresarios que se quejaban de que la multitud abandona sus empleos: “Si quieren que trabajen, páguenles más”. Es positivo que la multitud se plante, sobre todo pensando en el mercado de la hostelería en Europa con un promedio de 3.500 euros. Pero si los trabajadores cambian de empleo es porque ahora pueden. La reforma profesional ha tenido artículos positivos inmediatos en la creación de empleo y en la calidad de los contratos, la decano parte indefinidos. Las empresas, que pactaron la reforma, se adaptarán a la situación saliendo de la hacienda de productividad negativa característica de la hostelería. No es sencillo tras décadas de empleo extensivo y poco cualificado aprovechando el crecimiento del turismo.

La opción a corto plazo es reducción de márgenes en merced de salarios y condiciones de trabajo. Pero adicionalmente hay otra logística posible: el incremento de productividad del trabajo, origen del crecimiento crematístico para todos. Seguir creciendo concentrándose en sectores de desaparecido productividad y suspensión empleo (hostelería, construcción, servicios personales, agricultura) es condenarse al retroceso relativo. Es complicado ponerse a producir tecnologías de información, servicios financieros, diseño y otras actividades de suspensión valía añadido, aunque igualmente lo hacemos. 

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Mumemories / Getty

Pero no hay sectores necesariamente de desaparecido productividad del trabajo. Depende de cómo sea el trabajo y el proceso productivo. Sabemos del potencial del ecoturismo, el turismo rural, el turismo cultural, con demanda solvente en sectores de altos ingresos y masiva en los jóvenes. Es menospreciar al turista, confinarle al turismo de sol y espejo. Al platicar de un país “de camareros” se estigmatiza lo que puede ser un distinguido oficio de inscripción productividad, incrementando la cualificación y cambiando la concepto de servicio, desligándola del servilismo.

En los países nórdicos los huéspedes están acostumbrados a vestir las maletas a la habitación o a servirse el de­sayuno o a hacerse la cama. Hay formas de añadir valía que tienen que ver con la atención personalizada. Ejemplo: al ofrecer la carta, el camarero suele relatar una sarta culinaria. Cuando lo que le importa a la multitud es retener cómo le va a caer la comida. Más que ofrecer hay que preguntar qué le puede complacer o qué tolera su estómago. Para eso hace equivocación educación nutricional como formación profesional. Asimismo, lo que necesita el viajero es apoyo logístico, información para el motivo de su delirio. Eso requiere formación e información del agente de hostelería, eso es valía y se paga más

Para una nueva hostelería se requiere formación, salario, estabilidad de empleo y cambio cultural

En el fondo es una cuestión cultural, se viaja para que te sirvan o para compartir. Huir del señoritismo para compartir experiencia es otra forma de cambiar la vida. Formación, salario, estabilidad de empleo y cambio cultural son los ingredientes de una nueva hostelería de suspensión valía añadido.

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