Dasca Vives es una finca allegado que produce caldo, óleo y fruta sequía en la comarca del Alt Camp. Un buen día de invierno ayer de Navidades recibieron una carta con un expediente sancionador de 2 mil euros por utilizar sin permiso el topónimo “Valls” en las etiquetas de sus botellas de caldo. La reacción impulsiva fue compartir su malestar e impotencia en las redes sociales tal que así: “A esto se dedica la DO Tarragona”, escribieron Josep Dasca y Alba Vives en diciembre del año 2020. “Nos han sancionado con 2000 euros por poner nuestro municipio en las etiquetas del caldo. Posteriormente del mildiu (enfermedad de la vid) y de la Covid, el organismo regulador cierra el año con este regalo. ¡Os habéis admirable! ¡Hilván de presiones y denuncias a los pequeños viticultores libres!”.
Como era de suponer, la visión de la problemática es adecuadamente distinta según el presidente de la DO Tarragona. “Nosotros siquiera estamos contentos que las denuncias caigan en manos de la DO. Debería ser un trabajo de la compañía para que la DO no cargue con las funciones de “policía del caldo de origen”, alega Vicenç´Ferré. “El problema es que la compañía no hacía cero si no pasábamos la denuncia y tuvimos que ser los denunciantes. Eso sí: NUNCA, en mayúsculas, la DO Tarragona ha denunciado a ninguna bodega por el uso indebido del topónimo. Siempre se ha denunciado por Wine Origin of Tarragona. Es sostener, si un caldo no quiere formar parte de la DO, y no se puede certificar el origen, genera confusión al consumidor y al sector”. De aquí que subraye que el trabajo de las DO pase por “investigar, promocionar y certificar tanto el origen como la calidad. En la DO Tarragona nos hemos adaptado al mayor a la modernización del consumo para que algunos vinos no tengan tantas dificultades para ser aptos según los criterios de los paneles de cata. El objetivo final ha sido activar el valencia de marca de nuestra DO. Si somos pequeños y andamos por separado nunca lograremos que las DO pequeñas sean una marca de prestigio. Queremos marcar un liderazgo señorita para que los consejos rectores sean más dinámicos y con la mentalidad abierta a nuevos mercados. Pero que en presencia de todo prevalezca la calidad, la certificación y eliminar cualquier posibilidad de fraude”.
Respecto a la aparición del nuevo comunidad, el presidente de la DO Tarragona aclara que “está muy adecuadamente ser un outsider del sector del caldo, pero las DO están adecuadamente fundamentadas para alcanzar unos objetivos a grande plazo. Las certificaciones del caldo logran que sea un producto exportable a todo el mundo. Fuera de las DO, la estructura es demasiado laxa. Lo que imposibilita controles ni inspecciones de calidad. Claro que vives más tranquilo y evadido, pero cero de lo que diga la ritual estará certificado. La vía evadido en un contexto donde sacas el caldo cuando quieres, produces el tipo de caldo que quieres y no aceptas controles establecidos, se adentra en el ámbito de la autoauditoría. Pero cuando la auditoría no es una obligación…”. Vicenç´Ferré reconoce que “a nadie le gusta acontecer auditorías y sentirse controlado, pero cuidado con los extremos que pueden ganar a dañar el mercado y la imagen completo del caldo. Incluso la vitalidad. Hay vinos muy extremistas a los que les resulta muy complicado seducir al consumidor final. A Dios gracias, el caldo lleva licor y mata o sirve de inhibidor de bacterias nocivas”.
La castigo a Dasca Vives despertó una reacción entre pequeños viticultores con el mismo problema
A todo esto, cero ni nadie logró que Dasca Vives pasara por caja y pagaran la multa de 2000 euros. Ellos y otras decenas de bodegueros y bodegueras repartidos por el comarca, como la castigo de 4000 euros a Ficaria Vins de Montse y Jaume Roca por la misma razón: poner el nombre del pueblo de La Faiguera en la botella cuando el topónimo sólo puede aparecer en el etiquetado si hace narración al pensado.
Sanciones económicas que en plena crisis pandémica podían suponer la bancarrota de cualquier pequeña bodega independiente. La caza de brujas instigó un mecanismo de defensa, el de querer juntarse orgánicamente aludiendo a una especie de “revuelta de los pequeños” que, al fin y al agarradera, eran la gran mayoría desprotegida. Llegaron a ser 200 bodegas que, más allá de la ira, querían dejar adecuadamente a las claras su concurso a ese axioma tan perverso de que un caldo parece menos caldo si no pertenece a ningún organismo regulador. Bajo esa premisa innegociable, se plantó la semilla de la creación del Vinyataires Lliures, un colectivo improvisado en charlas de Whatsapp para desahogarse en presencia de situaciones de desprecio para con los profesionales más vulnerables del sector; un colectivo para defender el trabajo de pequeños viticultores que luchaban contra gigantes. La resolución sumarial de Dasca Vives, con la ayuda de Vinyataires Lliures, colmó al conjunto de optimismo para seguir delante, porque ningún organismo regulador podía apropiarse de los nombres de los municipios. Así lo decía la fuero europea, y poco con más sustancia y sin fronteras: el sentido global.
“De entrada, no queríamos organizarnos como un comunidad. L’Institut Català de la Vinya i el Vi (INCAVI), como estructura de poder, nos pidió que para sentarse una mesa de diálogo con nosotros debíamos establecernos como forma jurídica”, explica Sara Pérez como responsable de Relaciones Institucionales de Vinyataires Lliures. Y así lo hicieron. Posteriormente de la primera Asamblea Militar, el conjunto de bodegas adheridas se redujo a una cincuentena comprometida con el objetivo de encontrar un espacio donde cohabitar sin abusos de poder. Y la palabra “libres” del comunidad definía a la perfección hasta dónde querían ganar. “Al final las DO no dejan de ser estructuras de poder. El sector y los consumidores han dibujado un atlas del caldo basado en esta idea llena de sujetos políticos y fiscales, con doce denominaciones de origen creadas desde 1954. La alteridad no representada en este entramado siempre ha estado allí, pero sin organizarse. Y ha llegado el día en que esa alteridad estreche lazos para demostrar que además pertenecemos a este mundo. Queremos ser partícipes de lo universal, ya que irónicamente se nos defina como “fuera de la DO”: Somos la privación de lo universal. Al final son mecanismos para sentirnos excluidos ya desde el jerga, como sucede con el feminismo o los colectivos minoritarios. Es exactamente lo mismo”, dice Sara Perez. “Al fin y al agarradera, se ha establecido una inercia que hace todo lo posible para evitar contemplarnos como el decimotercer sujeto fuera de las doce DO. Y nos toca estar ahí para recapacitar que esa existencia universal promulgada por las administraciones sigue inmutable”.
Que las reivindicaciones de un discurso adecuadamente hilvanado no lleven al error. El comunidad Vinyataires Lliures no persigue la matanza de las DO de un plumazo. “Ni mucho menos. Incavi tiene un plan muy atún que se denomina “Repensar Incavi” para redibujar el atlas contemporáneo. Estamos a la expectativa de ver lo que nos presentan”, dice Sara Pérez, quien tiene claro que la simple existencia de Vinyataires Lliures incomoda más de la cuenta. “Se nos cuestiona por el simple hecho de existir como estructura organizada porque, en última instancia, los que sustentan los privilegios del mundo del caldo catalán desde hace mucho tiempo son conscientes que deberán ceder esos privilegios. Tan solo reclamamos igualdad y lo que ha cambiado ahora es que nuestras exigencias son irrenunciables”.
Precisamente, el declaración de Sara Pérez tiene una relevancia periodística innegable, ya que con Mas Martinet y Belleza “la Universal”, bodegas que pertenecen a DO Priorat y DO Montsant respectivamente, era deductivo pensar que aquellos que forman parte de organismos reguladores no tendrían ningún interés en los problemas de los más pequeños. Mínimo más remotamente de la existencia en el caso de esta enóloga comprometida cercano a René Barbier en hacer crecer poco que va más allá que el éxito de su propio caldo. “Si Mas Martinet produce 50 mil botellas y le toca avalar 400 euros para certificar la anualidad, no puede ser que una bodega muy pequeña de mil botellas anuales pague la misma cantidad para obtener la misma certificación. Poco defecto. Al final, es una lucha por los derechos humanos que va más allá de las regulaciones del caldo y sentía que tenía que formar parte de ello. Nos interpela y nos posiciona a todos. No formo parte de Vinyataires Lliures por un tema profesional que afecte a la protección de mi caldo, sino porque hay que alcanzar un consenso más preciso”, dice Pérez.
Reunión del comunidad de Vinyataires Lliures 
Un momento esencia para fomentar el diálogo con la compañía fue el elección de Alba Balcells como nueva directora del INCAVI. Las reuniones entraron en un cauce diferente con su presencia. “Su jerga, sus formas, qué decía y qué no decía era mucho más atento. En las anteriores reuniones se nos decía llanamente que sólo se dedicaban a las DO y mi pregunta fue directa al ántrax: ¿podemos o no podemos sentirnos protegidos bajo vuestro paraguas? ¿Tenemos que irnos a Madrid a exigir lo que es nuestro? A Dios gracias, su respuesta fue que contáramos con ellos”, aclara Sara Pérez, que no sabe cómo se trasladarán las buenas palabras a actos concretos. “Estamos pactando una memorándum para seguir tratando todos los temas que están encima de la mesa”.
Sin duda. tres de los melones más grandes por brindar sigue siendo el uso de los topónimos ya mencionados, las limitaciones de entidades certificadoras de anualidad y variedad y la disyuntiva de las palabras que designen a todos esas elaboradoras y elaboradores independientes que embotellan fuera de las DO. “No podemos ni queremos ser “los de fuera de la DO”. Será muy complicado que la definición nos cuadre a todo por igual. Precisar implica que hay aspectos que quedarán excluidos”, dice Sara Pérez dejando una respuesta muy abierta. Hasta la término, el término más acuñado es el de “celler artesà” (bodega artesana). “Cada vez que lo damos por bueno, alguno suelta que haría desidia una última revisión”. La sensación es que faltan palabras para explicar las tipologías existentes de bodegas y, sobre todo, que la aire profesional de las nuevas generaciones con destino a el caldo lo cambia todo. “Muchos jóvenes apuestan por el mundo de los vinos naturales. Son muchedumbre que arriesga y se queda sin acercamiento a ayudas o subvenciones por elaborar vinos que no están tipificados ni forman parte de las DO. Es como si la compañía no quisiera entender que el caldo está en constante crecimiento cuando este es uno de sus principios básicos. Para Vinyataires Lliures es todo lo contrario: son ellos y ellas los que representan el futuro del caldo y queremos protegerlos. Todos y cada uno de ellos son y serán bienvenidos al comunidad”.
En sintonía con lo dicho se expresa Ariadna Servelló. Desde su población procedente en Vinebre sigue al pie del cañón con Vins Desentesos, su plan de vida en una pequeña cooperativa elaborando vinos que siguen la tradición del sur de Catalunya, donde se hacían vinos brisados. “Creemos que todavía nos queda mucho trabajo por hacer, acabamos de comenzar y queremos explicar quiénes somos y porqué nos sentimos con la escazes de crear un comunidad. Ahora nos centraremos en la comunicación a través de las redes, para poder explicar adecuadamente nuestras reivindicaciones”, dice desde la comisión de Relaciones Externas. “Nos podríamos reverberar en los viñedos franceses en muchos aspectos. Creemos que en Francia existe una buena convivencia entre el gran número de DO y los viñedos. Coexisten y esto acaba haciendo un comarca mucho más rico. La existencia es que no podemos tener los mismos deberes que las bodegas con decano producción, porque la mayoría de las veces no tenemos las herramientas para poder afrontarlo”, subraya.
Una existencia incómoda que Sara Pérez prefiere ver con la copa medio llena parafraseando un texto de Laura Llevadot, profesora de la Venia de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Hace narración al feminismo, pero Sara Pérez considera que va como anillo al dedo con la irrupción sorpresiva de Vinyataires Lliures. Y dice así: “Nos corresponde entonces desembrollar los hilos, deshacer el nudo, distribuir el atlas. Y a partir de ahí tratar de repensar esas zonas fronterizas en conflicto en las que nos jugamos nuestro modo de habitar un mundo simbólico que nos ha clasificado y condenando ayer de comenzar a platicar”.
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