Escritor todoterreno con libros de poemas, novelas, y experimientación, crítico culto y periodista, Pere Antoni Pons (Campanet, Mallorca, 1980) concibe la letras como un todo en que la vida quede retratada. En Dilema d’energies (EnSiola), late este día a día con un yo que se planta frente a el espejo y se mira y a veces se gusta, pero de otros asimismo se subleva contra el mundo. Es un manual dividido en formas y partes diversas con poemas en verso, en prosa, canciones, un poema dadivoso y una especie de “contrapoética” en que se filtra la sombra de Leonard Cohen, como reflexivo y objetivo al mismo tiempo.
El manual empieza con un Autoretrat als quaranta anys. ¿Intenta hacer las paces con el pasado?
No, es un manual de querer poner todo lo que forma parte de la propia vida y cómo ves el mundo, y está empachado de cosas tensionadas, contradictorias, bellas, feas, tranquilizadoras, desasosegantes, que te entierran y al mismo tiempo te elevan... El manual replica a una doble pregunta: hasta qué punto un texto puede soportar la tensión de la heterogeneidad, de la variedad formal, y por lo tanto aquí hay poemas en verso, en prosa, canciones, poemas sensuales, abstractos, más intelectuales, cortos o, largos, y qué correspondencia tiene con otra pregunta no literaria: hasta qué punto un hombre puede soportar la tensión de sus contradicciones. La vida no es una andana recta, ni siquiera una carretera con curvas, sino múltiples caminos que se cruzan, desviaciones, direcciones que van detrás, delante... Tenía la voluntad de literaturizar eso, deseos contradictorios, voluntades incompatibles, afanes que se anulan mutuamente a la vez que se complementan y se engordan. Tenía ganas de hacer un manual como muy esencial y al mismo tiempo muy desesperado, o muy intenso de una forma angustiante pero a la vez muy enérgica. Hay mucha angustia, aquí, pero llena de fortaleza y energía, porque así es como yo me siento, aunque no es del todo autobiográfico, claro. Lo es del mismo modo en que los pintores se autorretratan, no son fotos sino variaciones de lo que son o lo que pueden ser o como se ven.
Cosas que te pueden advenir a ti o no. Y a cualquiera.
Exacto, o que luego tú las formalizas de una determinada forma, que no es una transposición exacto de tu propia vida, pero sí que hay esta tensión íntima, de energía interna que te rompe pero a la vez te eleva y te llena de sentido, y quería convertirlo en poemas.
Hallarse a uno mismo reflejado en el espejo.
Sí, lo pensaba escribiéndolo. Cuando tienes vigésimo primaveras y te sientes débil, necesitas autoafirmarte, y la forma de hacerlo es con unos poemas como muy vitalistas, exaltados, propositivos. En cambio cuando tienes cuarenta primaveras y ya eres esforzado, porque la vida te ha endurecido, te puedes permitir el fasto de la autocrítica, de autoescarnecerte a ti mismo, de tratarte despiadadamente. Yo creo que este es un manual empachado de autoestima pero asimismo empachado de autoodio, empachado de soberbia pero empachado de autodesprecio, porque las personas somos eso, somos maravillosas pero asimismo grotescas y ridículas, o yo me siento así: a momentos me siento pletórico, pero a momentos me siento absolutamente vulgar y ridículo, y ya me siento lo asaz esforzado para literaturizarlo sin muchas manías. El Autoretrat als quaranta era un poco eso, las ganas de hacer un inventario nel mezzo del cammin, para decirlo tópicamente, que no son los 35 primaveras de Dante sino pasados los cuarenta. Por ejemplo, una cosa que yo antaño no tenía en mi poesía, y que ahora sí, y asaz, es el sarcasmo, el humor.
Pere Antoni Pons, hace unos días en la estantería Finestres de Barcelona
Como en el Poema de les benaurances...
Sí, un cierto sentido del humor disolvente que yo cuando era señorita no tenía, y me gusta. Una voluntad asimismo de combinar lo épico y rimbombante con lo sarcástico e irónico, porque la vida es eso.
Hay una crecimiento, pues.
Yo estuve diez primaveras sin escribir poesía. Hice tres libros entre los 19 y los 27 primaveras y luego me cogió como una crisis, no solo creativa, sino que consideraba que la inmensa mayoría de poemas que se hacían eran muy facilones y muchos poetas hacían pura retórica gratuita y me desencanté del productos y tenía ganas de ser escritor más allá de ser solo poeta y empecé a hacer mucho periodismo, que te chupa energías, novelas... Y al final de un tiempo me cogió la fiebre y volví a escribir poemas. Miguel Donaire Llauger dijo poco que me pareció muy interesante, y que “parecía que este tío no tenía que retornar a escribir poesía nunca más, y al retornar tenía dos opciones: que la poesía fuera una especie de reducto íntimo, de pureza verbal en que está todo destilado, que culmina una obra, o correctamente un tipo de poesía en que incorpora todo el bagaje que ha acumulado en los últimos primaveras”. Mis poemas de ahora son eso, no son ningún destilado sino que multiplican, cogen, comen de todo.
Incluso temáticamente.
Sí, antaño hablábamos de tensiones íntimas y contradicciones personales y de heterogeneidad formal, pero asimismo es temática, hay política, cuestiones sentimentales, una especie de celebración de la vida doméstica, y una especie de voluntad de huir de la vida doméstica, una nodriza, momentos en que te cagas en Catalunya y en España y la humanidad entera... Porque a mí me interesa todo, en sinceridad, desde una pintura de Miquel Barceló hasta la política catalana y española y mallorquina, y quería que estuviera y creo que está de una forma natural.
Sin planificar.
No mucho, no. A partir de un momento vi que había esta doble pregunta y me dije: “Ahora jugaremos a hacerlo heterogéneo y diverso y contradictorio”, pero ya me salía solo. Ya me salía una canción, luego un poema en prosa, y luego trataba de equilibrarlo y quizá acababa saliendo un poema en verso...
Que no sea prosa recortada...
Sí, es verso vaco, a menudo. Los que quieren métrica y rima, consumado, pero para hacer un poema lo que necesitas, lo fundamental, es tono y ritmo. Si tienes eso, ya tienes el poema, más allá de lo que digas, que asimismo es importante, claro. Es poco que a veces se olvida y pensamos que el verso vaco no necesita carencia; al contrario, es el que más lo necesita, porque no tiene carencia más.
Lo que le decía Pla a Ferrater, la “mica de musiqueta” (“el poco de musiquita”)...
Exacto, en Ferrater se ve mucho, aunque él a veces era muy precioso, asimismo, en la métrica, haciéndolo a su forma y dándole este tono conversacional. Aquí hay momentos en que se adopta un tono que parece que el poema acento a mil personas, otros en que acento a una persona sola, o a nadie, o a uno mismo, poemas que gritan, o hablan en plan confidencial... todo eso asimismo es la variedad y variedad que quería que hubiera, porque a veces gritamos, o insultamos, elogiamos.
Igualmente es un manual muy vitalista.
Porque incluso las sombras mismas forman parte de la fortaleza. Sin que parezca un manual de autoayuda, pero los errores, fracasos, las desilusiones, rencores, los deseos que se han podrido, las frustraciones... todo eso lo acumulas pero asimismo es vida. Ser capaz de resignificarlo energética y literariamente es una de las ventajas de escribir. Escribir permite que todo tenga sentido.
¿En qué punto diferencia la poesía del resto de géneros?
Pues la diferencio pero no mucho. En este manual hay versos que perfectamente podrían ser frases de un artículo de opinión, y me gusta mezclarlo. Hay escenas que podrían salir en una novelística, igual que en una narración de vez en cuando me permito estallidos líricos que parece que tendrían que salir en un manual de poemas. Cada productos es como es, pero al mismo tiempo todos son impuros, todos tienen trasvases entre ellos. La poesía no puede ser poco sacralizado, que hable solo sobre determinados temas, utilizando determinadas palabras. Al contrario, las palabras más tópicamente poéticas tienes que procurar evitarlas, porque ya están muertas.
No se debe caer en un estilismo infructifero.
Si te gusta mucho un poeta tienes que intentar no ser un epígono ni copiarlo demasiado, pero la idea de Ferrater de hacer poemas como quien charla con un amigo en un bar o como quien escribe una carta comercial, exagerándolo del todo, utilizando se verbo de cada día pero elevándolo, cargándolo de tensión emotiva e intelectual, es una catequesis poética fundamental. ¿Eso quiere sostener que a mí Riba no me gusta? No, ¡a mí Riba me vuelve alocado, y Foix!, y asimismo he aprendido cosas de ellos. Pero como poeta me siento cómodo con eso y tengo que ser coherente, y me gusta.
¿I Leonard Cohen aquí dónde entra?
Es un hombre que tiene todas estas especies de contradicciones asumidas de polimorfismo inútil.
Es de los cantautores más diversos...
De los cantautores y de la humanidad. Es un tío que ha sido yonqui, mujeriego, fiel, budista, hiperintelectual, desbocadamente carnal... Es un hombre que estuvo en todo, y su música y sus canciones asimismo. Claro que llevo escuchándolo más de 24 primaveras de un modo absolutamente obsesivo, me parece un poeta singular y un cantautor insuperable. Yo creo que le habrían tenido que dar el premio Nobel a él, y no a Dylan, o ex aequo a uno y otro, incluso, y todo el mundo contento. Hay trivio de Leonard Cohen que son algunos de los mejores poemas del siglo XX.
El ocultación que engloba Famous blue raincoat, por ejemplo.
¡Si hiciéramos una cinta encontraríamos más de cincuenta maravillosos! Nadie ha explicado mejor que él los triángulos amorosos. En sus trivio encuentras desde la idea más espiritual y mística hasta la cosa más material y vulgar.
Como Hallelujah...
O el disco The future, que ahora estoy escuchando mucho adjunto al New York de Lou Reed en paralelo, que son como la misma cosa política pero uno como contemplativo apocalíptico y el otro como realismo desaseado. Al final, la poesía está por todas partes. ¿Qué haces, solo te influyes de poetas? No, lo incorporas todo. Picasso miraba el mundo impasible y todo era susceptible de ser convertido en pintura. O cineastas, o novelistas. Las novelas, como los poemas, se hacen con todo lo que hay en el mundo, porque son el mundo. No creo que la letras sea poco menos de la vida, es vida formalizada, convertida en palabras, pero es vida, y quiero que en mi letras haya el palpitación desaseado de la vida. Es una obsesión mía, incluso prefiero que no quede tan aseado y pulcro pero que tenga esta energía sucia. En este manual de poemas creo que eso está, porque lo que me latía internamente de la vanguardia lo he puesto encima de la página.
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