Por qué llevar la mochila de tus hijos es un gran error de los padres modernos

En 2004, la antropóloga Carolina Izquierdo pasó varios meses viviendo con los Matsigenka, una comunidad indígena del Perú amazónico. Estaba allí porque, yuxtapuesto a su colega de la Universidad de California, Elinor Ochs, se han especializado en estudiar cómo se educa a los hijos a aceptar responsabilidades en diferentes culturas. Lo que vio entre los niños de aquella tribu le impactó. En su estudio Responsibility in Childhood: Three Developmental Trajectories (ETHOS), ella y Ochs detallan cómo los menores tienen un rol muy activo y positivo en la comunidad.

Los niños van al colegio pero además colaboran, desde muy pequeños, en casa, llevando a promontorio tareas como cortar ramas con machetes, cocinar, cazar, barrer, sumergir la ropa y cuidar de sus hermanos. Los niños Matsigenka, remarcaron las antropólogas, participan en la intendencia doméstica de forma autónoma y sin aprieto de constantes instrucciones por parte de los padres. Todavía hacen los deberes sin supervisión adulta y se les deja equivocarse: la prueba-error se considera una de las formas más efectivas de educación. De hecho, lo que más temen los futuros padres Matsigenka no es que su hijo se equivoque, sino que sea tenue.

Padres-mayordomo

Los antropólogos Izquierdo y Ochs vieron en los niños de Los Angeles mucha menos autonomía e implicación en las labores de casa que en los niños indígenas de Perú

Cuando Izquierdo y Ochs trasladaron su trabajo de campo del Amazonas hasta un situado distrito de Los Ángeles, se quedaron además en shock. Pero no a causa de la autonomía y ganas de cooperación de los niños angelinos sino, precisamente, por lo contrario: en las confortables casas americanas, Izquierdo y Ochs vieron madres estresadas despertando a sus hijos adolescentes, preparándoles el desayuno y recordándoles sin cesar que se lavaran los dientes, se peinaran, se pusieran los zapatos y no olvidaran la fiambrera. Las diligentes madres además les indicaban donde colocar las mochilas en el coche y qué extraescolares tocaban ese día. Si en algún momento les pedían ayuda en alguna tarea doméstica, normalmente acababan haciéndolas ellas. Las antropólogas observaron la transformación de la figura paterna o materna en la de “un mayordomo para el escuincle”.

Un niño preadolescente tiene problemas para acabar sus deberes y su madre la está ayudando

Una mama ayuda a su hijo con los deberes 

Getty Images

Quien esto escribe ya habló de los padres-mayordomo —y de los padres-helicóptero, quitanieves, secretarios, mánagers o guardaespaldas— en el obra Hiperpaternidad. Del maniquí mueble al maniquí altar, con la teoría que, en parte, ha inspirado el recién publicado Niños Autónomos. Educa a tus hijos para que puedan valerse por sí mismos (además de la editorial Plataforma).

Sus autores son Óscar Casado y Beatriz Castro, un casorio con dos hijos pequeños, maestros de educación inmaduro y primaria, que llevan tiempo detectando la creciente descuido de autonomía de los alumnos. “El problema de la hiperpaternidad, de esta crianza sobreprotectora y con una atención obsesiva cerca de los hijos, lo vemos constantemente en el colegio”, cuenta Óscar Casado: “En clase, cada vez son más los alumnos condicionados por la figura del adulto que nos piden que les digamos absolutamente todo lo que tienen que hacer. Cosas como: 'Profe, ¿puedo galantear este lapicero?' Hay una descuido de confianza, una inseguridad, que a menudo se genera en casa. Pero claro, si siempre le estoy diciendo a mi hijo lo que tiene que hacer y cuándo y cómo y no le dejo espacio para tomar decisiones, pues es inverosímil que, como por arte de brujería, desarrolle la autonomía”, sintetiza.

La autonomía se trabaja temprano

Como maestra de inmaduro, Beatriz Castro tiene clarísimo que cuanto antaño se inicio a educar en la autonomía, mejor: “Si se trabaja pronto los niños responden muy correctamente. Todo aquello que les vayas enseñando —a vestirse solos, guardar sus juguetes, poner el plato en el lavavajillas…—, lo absorben”. El problema, dice: “Son las ideas, enraizadas, de: 'Vamos a tenerles agarraditos, son muy pequeños, no pueden hacer nadie…' ¡Y, no! Ya pueden hacer un montón de cosas y eso se reflejará de forma muy positiva en etapas posteriores”.

Porque la autonomía, insisten entreambos, “es poco que, como todo, se aprende”. Un concepto amplio, basado en la capacidad del escuincle “de autorregular su conducta y de tomar decisiones para solucionar problemas en el día a día: de un conflicto con su compañero a hacer una tarea en casa sin la constante supervisión de los padres”, definen. Esta tiento se trabaja en la escuela, donde al formar parte de un corro amplio, los niños no tienen un adulto sobrevolando constantemente sobre ellos cual helicóptero, pero se desmonta a menudo en el entorno ordinario. “Hay niños que en el interior del clase son autónomos, maduros pero, cuando salen, ya están los padres llevándoles mochila o poniéndoles el chupete”, ejemplifica Beatriz Castro.

Oscar Casado y Beatriz Castro, un matrimonio con dos hijos pequeños, maestros de educación infantil y primaria

Oscar Casado y Beatriz Castro, un casorio con dos hijos pequeños, maestros de educación inmaduro y primaria

Para fomentar la autonomía hay que despuntar desde casa, con cosas sencillas. Los expertos coinciden que la colaboración de los hijos en las tareas domésticas y su responsabilidad en ciertos aspectos de su día a día —como resolver sus deberes— son utensilio muy enseres. Sin confiscación, para muchos padres hoy no es una prioridad que los hijos ayuden a poner la mesa o se preparen la mochila. Estos gestos sencillos no parecen prestigiosos en un mundo en el que, sin confiscación, los niños hacen cosas muy sofisticadas, precozmente. En una de las paradojas de este siglo, hoy encontramos niños de corta existencia que esquían y estudian chino pero no saben atarse unos zapatos, pelar una estancia de fruta o poner la ropa en el cesto de la ropa sucia.

“Es verdad que, en la crianza, las prioridades las establecen los padres, pero igual eso que parece lo más importante no es lo más necesario para tu hijo”, reflexiona Óscar Casado, cuya conclusión doctoral versó sobre la autorregulación en el educación. A él le parece guay que un escuincle sea un campeón de ajedrez o toque el saxofón pero considera “que primero están las cosas del manducar”. Y lo que interesa es que un hijo sea, por ejemplo, capaz de hacer sus deberes o de pernoctar solo: “Esas cosas básicas que le van a dar seguridad e independencia en la vida; que le servirán para entender que no siempre depende de sus papás”.

¿Cómo sé que mi hijo es autónomo?

En Niños Autónomos (Plataforma) hay un test que indica, en función de la existencia, el porción de autonomía de nuestros hijos. Estas son algunas pistas, seleccionadas por los autores, que señalan que se va por buen camino:
​Hasta 2 abriles: Prefiere hacer las cosas solo y se enfada si le intentas ayudar. Se interesa por descubrir los rincones de su habitación, su casa, etc. No le importa esparcirse solo y se entretiene en periodos variables de tiempo sin el adulto.
​Entre 3 y 6 abriles: Casi nada reclama ayuda durante la realización de tareas escolares y cuando lo hace, es porque lo ha intentado varias veces. Actúa de forma independiente y atrevida en parques y espacios similares.  Aprende del error y no repite las mismas conductas si no dieron buen resultado.
Entre 7 y 10 abriles: Afronta el fracaso como un contienda y comercio de superarse. Asume pequeñas responsabilidades de buen porción. Sabe el día que es y las actividades que toca hacer y las prepara.
Entre 11 y 14 abriles: Cocina platos sencillos para sí mismo o para su comunidad. Planifica sus tareas escolares y su tiempo de ocio con escasa supervisión adulta. Se muestra flexible y con capacidad de improvisación.

Criar hijos autónomos es parte de un proceso que requiere tiempo y constancia. “No se comercio de dejarles a la deriva sino de acompañarles, con fortuna adecuados a su existencia”, indica Beatriz Castro. Los fortuna abundan. Las extraescolares, por ejemplo: “A veces tienen tantas que ni ellos saben a dónde van, en parte porque no se ha fomentado esa autonomía; actuamos como secretarios”, observa. Los padres, dice, deberíamos servirse estas situaciones para enseñarles poco tan valioso como es la autogobierno del tiempo: “Ayudarles a que ellos aprendan a organizarse para las actividades: qué han de arrostrar, a qué día, a qué hora… La autonomía va ligada al ampliación de la responsabilidad y para ser responsable, necesito ser consciente”.

Para conseguir hijos autónomos, estos expertos proponen un maniquí de paternidad preocupado por el bienestar de los hijos, obviamente, pero evitando la sobreprotección. Esta, reiteran, es el principal obstáculo para la emancipación. Una crianza atenta, que confíe en las capacidades de los hijos, les deje equivocarse y aproveche cualquier oportunidad para desarrollar la autonomía en situaciones cotidianas. Lo llaman el Método Mary Poppins, en homenaje a la mítica y sabia niñera de Disney: “Lo ideal es encontrar el invariabilidad entre dar afecto a los hijos pero, al mismo tiempo, dejarles que se enfrenten a desafíos, adquieran responsabilidades y encuentren momentos para tomar decisiones y aceptar las consecuencias de estas”, indica Oscar Casado. Y así, paso a paso, hasta salir al punto en que ya no nos necesiten: “Lo interesante de Mary Poppins es que hay un momento en el que dice: 'Ya he hecho mi trabajo y ahora… me voy'. Desaparece y ellos siguen su camino, que es un poco una metáfora de la paternidad”, resume.

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