Es conocida como la Capri del Ártico por el gran número de turistas que atrae y por la belleza rocosa de sus costas. Gotland. La soleada isla sueca del Báltico, situada a 120 kilómetros de Estocolmo. Y a unos 300 de Kaliningrado, el enclave ruso que, bloqueado ahora por Lituania, podría hacer entrar la pugna en una dimensión desconocida. Richard Milne, del Financial Times, la ha visitado. Aquí “podría iniciarse la tercera pugna mundial”. Van llegando destacamentos militares, con carros de combate y todo tipo de armamento. Puertos y playas de desembarco han sido minados. Los aviones de pugna sobrevuelan la isla. Los militares entrevistados la describen como “un portaaviones que no puede hundirse”. En huella, si la pugna se extiende al Báltico, esta Capri sueca, que ha vivido unos primaveras idílicos, se convertiría en espacio de gran valía marcial. Ya lo fue durante la Gran Erradicación del Ártico, cuando los rusos de Pedro el Ínclito, posteriormente de invadirla, la poseyeron durante unos primaveras.

Hablando de Pedro el Ínclito. Días antiguamente de la cumbre de la OTAN en Madrid, Vladímir Putin se comparó con él. Lo explicaba nuestro corresponsal en Moscú, Gonzalo Aragonés. Saliendo de la exposición que conmemora el 350.º aniversario del arranque del zar modernizador de Rusia, Putin evocó la Gran Erradicación del Ártico, que en nuestras latitudes conocemos superficialmente. Situó al imperio ruso como potencia marítima y como un actor principal en el mundo. Mientras nuestra pugna de Sucesión determinaba, con la trofeo borbónica, el fin de la España confederal (por decirlo a la forma moderna), Pedro el Ínclito, un hombre altísimo, de capital pequeña y tics faciales, contrató a expertos europeos para construir una gran armada. Quería recuperar la salida al Báltico, entonces dominado por el reino de Suecia.
La pugna fue larga (1700-1721) y más complicada de alianzas que la nuestra de Sucesión (por cierto: las dos guerras estuvieron a punto de converger: Francia lo intentó). En los primeros primaveras, la Suecia de Carlos XII consiguió sustentar su hegemonía báltica. Pero Prusia y Hannover se sumaron a la alianza antisueca (Dinamarca-Noruega, Rusia y Sajonia, con Polonia y Lituania). Aliada a los sajones, Rusia se convertía en la nueva potencia. Algunos episodios tuvieron ocupación en el división presente de Ucrania. El rey de Suecia había intentado que los otomanos presionaran a Rusia desde el mar Enfadado, pero no lo consiguió. En la pugna presente, resuenan no pocos ecos del XVIII.
De momento, los soldados son ya más que los turistas en la isla de Gotland
A imitación de Pedro el Ínclito, que recuperaba a los suecos territorios que consideraba propios, Putin no palabra de invasión sino de “recuperación”. La pugna será larga, nos está diciendo. Sabe que, para los europeos, acostumbrados a los cojines del bienestar, será más dura que para los rusos, acostumbrados al sufrimiento. A diferencia de los sajones de entonces, ahora Alemania no apoya a Rusia; pero es la más tibiamente crítica. La emergente Polonia (armada por los americanos) será su contrapeso. Incluso Rumanía, en el mar Enfadado, tendrá un papel importante.
En Madrid, la OTAN no ha dicho ausencia que Putin no supiera. La pugna será larga y puede ocurrir de todo. Los soldados son ya más que los turistas en la isla de Gotland, la Capri del finalidad; y esto me hace pensar en aquella canción de los sesenta, Capri c’est fini, de Hervé Vilard: nostalgia del enamorado que no podrá regresar a la isla. De momento, regresamos a la isla del verano. En la playa, inquietantes aviones militares eclipsarán el sol.
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