Meryem El Mehdati: "La cultura empresarial es de lo más tóxico que existe"

'Ópera prima' tiene como objetivo dar visibilidad a los autores noveles que publican su primera obra.

A sus 31 primaveras, lo que Meryem El Mehdati indagación es tranquilidad. Parece sencillo, pero ella misma reconoce que es uno de sus retos más ambiciosos. De hecho, no es mínimo practicable cuando tiene un teléfono que no deja de sonar desde que publicó su primer tomo, Supersaurio (Blackie Books). Tal y como explica a La Vanguardia, “no esperaba mínimo de esto. Cuando me confirmaron los editores que llegábamos a la segunda estampación en tan poco tiempo pensé que se habían inexacto de autora. Nunca imaginé que pudiera hacerme un huequecito entre tantas novedades”.

A la editorial, en cambio, no les sorprende pues, aseguran, “siempre vimos poco diferente a la par que reivindicativo en su voz. En cuanto la leímos supimos de inmediato lo mucho que tenía que contar, por lo que no nos sorprende este gran iniciación poético”. 

Supersaurio tiene como protagonista a una tierno que se fuego Meryem “que tiene varias cosas en global conmigo, empezando por el nombre, pero que no soy yo”, aclara la autora. Trabaja en Supersaurio, una dependencia de supermercados ficticia de las islas Canarias, y explica su día a día en forma de diario. Una estructura aparentemente sencilla pero con la que aprovecha para pelar el sistema gremial, los roles que allí se juegan, la explotación de los becarios y otras cuestiones muy diversas, como la masificación turística de Gran Canaria.

“La protagonista por fin consigue su primer trabajo. Es poco que la tenía agobiada y que al fin logra. Pero no tarda en darse cuenta de que aquello que tanto ansiaba se acabará convirtiendo en su peor pesadilla”, explica la autora, que aprovecha su relato para hacer una crítica a algunas dinámicas internamente del entorno de trabajo. 

Meryem El MehdatiEscritora

“La civilización empresarial es de lo más tóxico que existe y las jerarquías acostumbran a ser descorazonadoras. El becario, por ejemplo, es un prisionero a la sombra que encima tiene que dar las gracias por esa tremenda oportunidad. Sin secuestro, la mayoría no cobra mínimo y acaba aprendiendo solo muchas veces. Aún y así dan el mayor para intentar meter un pie en la empresa pero la mayoría de veces eso no se materializa, pues es más practicable reemplazar uno por otro. Se aprovechan de la vulnerabilidad de esa persona que necesita guatar el currículum porque sin esa experiencia luego no encontrará un trabajo. Los famosos tres primaveras de experiencia, prácticamente imposibles de conseguir tal y como está montado el sistema”, denuncia.

Cuestiona además el afterwork, “una quedada envenenada y aparentemente distendida en la que uno se olvida de los males pero que te obliga a seguir en miembro porque es trabajo. Si algún rompe su rol en la oficina, todo el mundo se fija. Es duro pero a la vez no puedes ofender, porque sino te apartan. Hemos convertido parte del trabajo en ocio y eso, allí de ser bueno, afecta a nuestro espacio personal. Estamos muchas horas trabajando, imaginemos de 8 a 17 horas, luego de 19 a 21 quedas a tomar una cerveza con los del trabajo para socializar. Eso si no te lías y os quedáis luego a cenar y a tomar una copa. No es hasta que llegas a casa que te das cuenta de que no te has destensado en ningún momento. Y luego, a la mañana futuro, dorso a abrir. Esto si sucede un día no está mal, pero tiene a repetirse. ¿Vale la pena inmolar tanto por un trabajo?”, reflexiona.

Meryem El MehdatiEscritora

En este aspecto, El Mehdati asegura ver un cambio en las nuevas generaciones, que “parece que tienen más claro de que el marca habitar para trabajar no tiene mínimo que ver con ellos, y no me parece mal”. Eso sí, advierte, “es muy difícil saltarse el sistema si no eres millonario. La masa que puede permitirse un año sabatino es inspiradora, sí, pero no es efectivo. Yo vengo de clase obrera y, aunque lo he deseado con todas mis fuerzas, nunca he tenido tiempo para encontrarme a mí misma. Está muy calibrado todo. Terminas los estudios y entras a trabajar. No hay otra. Y si no encuentras empleo, insuficiente de ti que no lo busques activamente y des cuenta de ello, porque si no lo haces te mirarán como un vaporoso.”.

La novelística está ambientada en el sur de la isla, más concretamente en Puerto Rico, donde la escritora ha vivido muchos primaveras. Un espacio “hiperturistificado, sin biblioteca pública, ni editorial ni centro de lozanía, pero que sin secuestro cuenta con cuatro centros comerciales, dos McDonald’s y más de cien hoteles con bungalows. Un espacio que ha dejado de ser habitable para mí y para la mayoría de los isleños porque está pensado exclusivamente para los turistas, empezando por los alquileres. Nos acabamos yendo de la periferia para ir a la periferia de la periferia. El problema es que esto es una isla y no podemos irnos ya más allí. Son muchos los que desconocen esta existencia porque en los medios de comunicación se acento de lo que ocurre en Madrid y Barcelona pero poco más y lo que no se cuenta no existe. Por eso he querido hacerlo yo, para visibilizarlo”, apunta.

Los trayectos, denuncia, además son un escándalo. “Crecer aquí es que la bebé se te vaya en la puta cara y se te venga el mundo debajo porque esto no es Madrid, donde el metropolitano pasa cada cinco minutos. Aquí la 91 pasa una vez cada hora si tienes suerte. El trayecto desde Las Palmas (de Gran Canaria) a Puerto Rico (de Gran Canaria) son 73 kilómetros de ida y otros 73 kilómetros de dorso que te toca comerte todos los días de lunes a viernes. C. Tangana llora en la limo, tú en los asientos delanteros de la bebé un viernes por la tarde”, escribe en sus páginas.

Así, recuerda que “Canarias no es solo sol, hoteles, playa y paraíso. Estamos muy olvidados y casi siempre se nos representa como el personaje chistoso y despistado, no muy trabajador, que aporta el tono de humor a la historia. Creo que hay rasgos comunes en cómo se nos ha estereotipado a los canarios y a los andaluces y quería romper un poco con eso además”, asegura.

Meryem El MehdatiEscritora

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