Christina Rosenvinge sube esta tinieblas por primera vez a las tablas como actriz teatral. Y, para comenzar, lo hace nadie menos que antiguamente 3.000 espectadores en el teatro romano de Mérida. En el Festival Internacional de Teatro Clásico de la caudal extremeña –donde estará hasta el día 10, antiguamente de ir al teatro Romea de Barcelona del 14 al 24 en el interior del festival Grec– dará vida a Safo, la gran poeta que vivió hace 2.600 abriles y cuyos versos, en los que la pasión y el deseo se manifiestan libres y sin ninguna omisión, han libre caminos a generaciones. Si su poderío poético y arbitrio impactaron desde Ovidio a Ezra Pound, el acto sexual que manifestó en los versos que nos han llegado de forma fragmentaria –ileso el Himno a Afrodita – han convertido su nombre y su isla, Lesbos, en sinónimos del acto sexual entre mujeres.
Una secuencia de 'Safo' en el Teatro romano de Mérida 
Ahora Rosenvinge, acompañada por dos nombres de peso de la secuencia teatral, la dramaturga María Folguera y la directora Marta Pazos, y por cantantes y actrices, protagoniza una Safo en la que la poeta que cantaba en bodas y proclamaba autónomamente el deseo pregunta a las musas qué será de su nombre y ellas le acompañan a través de los siglos. Un montaje para el que la cantante ha convertido los poemas en canciones que van del rock a ritmos latinos.
Christina Rosenvinge en una secuencia de 'Safo' en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida 
Rosenvinge remarca que la propuesta de la productora catalana Focus para que hiciera un gran poema teatral con la poeta griega “es el tipo de llamadas que una desearía tomar todos los días, la propuesta habría podido salir de mí perfectamente, y fue milagroso que me dieran arbitrio absoluta para designar con quién y cómo”. Y recuerda que ella les propuso “devolver Safo a la música, porque sus poemas eran cantados, es como se conocieron en su época, no se escribieron hasta siglos posteriormente”. “Y –añade– no quería hacer una esparcimiento de lo que podía acontecer sido, sino su equivalente hoy: era famosa, su cara llegó a las monedas, trascendió fronteras y siglos y sus canciones se aprendieron por el boca-oreja y eran consideradas un canon. Sería el equivalente de una fortuna del rock, a un Bob Dylan. El Himno a Afrodita lo he convertido en rock electrónico y es sorprendente lo innovador que resulta, se podía acontecer escrito hoy mismo. Los temas van del canto bucólico hasta el rock, pasando por algunos géneros latinos”.
Christina Rosenvinge en una secuencia de 'Safo' 
Que confiesa que hasta la obra tenia una concepto genérico de Safo: “Que había sido una gran poeta, una gran influencia en Pound, que le dio nombre a dos adjetivos, sáfico y lésbico... pero no tenía claro cuál era su figura ni la crecimiento de su mito a través de los siglos. De hecho pensaba que se había suicidado y ese mito fue el primero que cayó: lo inventó Ovidio. Y me ha sorprendido lo transgresora que es. Acento del acto sexual siempre en un sentido amatorio y sensual, no hay omisión ni retractación, no hay ansia de retener el acto sexual, no hay celos, o cuando los hay son de forma divertida, no hay dolor. Es un canto a la vida, a la sensualidad, al cuerpo, a los sentidos, a las cosas pequeñas. Donde los poetas épicos alaban guerras, victorias, muerte y honor, ella canta a las flores, al prado que pisas con los pies, la naturaleza. Es la primera que comercio el yo amoroso, el acto sexual de una forma épica. La épica de su conquista es la amorosa”, concluye.
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