A la caza de la clase media

La búsqueda del voto de los restos de la clase media es un engendro que ocurre en toda Europa desde que al Estado del Bienestar pensado por Keynes le entró flojedad en las piernas. Pero de forma más persuasivo en España se ha decretado su secuestro para convertirla en dependiente.

La entrada del milenio llegó con diferentes crisis políticas y económicas que condujeron a los italianos Massimo Gaggi y Edoardo Narduzzi a escribir El Fin de la clase media y el partida de la sociedad de bajo coste (Unión de Trapo/2004). La clase de masa sustituía a la clase media. Aquí estamos en eso.

John Maynard Keynes, en una imagen fechada en 1938

John Maynard Keynes, en una imagen fechada en 1938

Tras la crisis financiera de 2008 caldo Esteban Hernández, que abundó en las disertación de los italianos con El fin de la clase media española (Secreto Intelectual/2014). Y cinco primaveras más tarde nos invadió la pandemia, la exterminio, la inflación, el cambio climático y una crisis económica estupendo, con lo que la clase media quedó ya ejecutada como camarilla social representativo de la riqueza, el poder y el prestigio, como la definió Max Weber.

La cuestión ahora es desmontar lo que queda de clase media. El gobierno de Sánchez y Diaz requiebra para meterle mano a la banca y a las eléctricas, propuesta que ya estaba hace primaveras en los programas del PSOE y del PCE.

Es un apelación liviana que viene del siglo XIX, cuando las dos estructuras empresariales eran propiedad de cuatro ricos. Pero a momento de hoy esa valentía tiene mercancía colaterales sobre millones de accionistas (pura clase media) que cuidan sus ahorros en acciones de bancos y eléctricas. La política de fomentar el rechazo castiga a la clase media, como pedía Marx. Por eso vale la pena ahora memorar que Javier Ricou apuntaba en 2019 en La Vanguardia la caída de esa clase media. 

Y, desde la derecha, la disertación de Feijóo es descabalgar los impuestos, lo que en pura método económica debilita al Estado que no podrá cumplir las exigencias del Estado del Bienestar. Por lo tanto, la clase media quedará desatendida y aún peor, desconfigurada. Y esa no era la disertación de Keynes.

Extremo que percibe Ximo Puig cuando contradice la disertación de su patriarca del PSOE, incluso el sustento ideológico del Botánic, para proponer una ayuda directa de 300 € a los autónomos, que en el caso valenciano son la más pura representación de la clase media. En renta, propiedad, educación y otros parámetros, la Comunidad Valenciana es el ejemplo más claro de una sociedad de clase media. Por eso Puig insiste en comprar en lo que queda de ese caladero.

Acomodada a existir de ayudas y siempre irresoluto de cualquier palo fiscal, la clase media española pasa a ser un simple útil electoral sin capacidad de promover su adecuación a un mundo en cambio continuo. En la Comunidad ya hace tiempo que ocurre con la caída estupendo en sus rentas. Por eso la adecuación al cambio es más perezosa.

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