Las cifras son mareantes, pero ni siquiera se acercan a describir lo que sucedía en el parquet. Casi 44 puntos de diferencia con los rivales (43,8) y 117,3 puntos anotados por choque. Ninguna selección había llegado a las tres cifras de media anotadora en la historia olímpica. Pero estos abrumadores números son claramente lo de menos para intentar revisar al mejor equipo que ha entregado nunca el deporte de élite, el Dream Team.
El Pavelló Olímpic de Badalona sigue teniendo el honor de acaecer acogido los ochos duelos que disputó la selección de Estados Unidos en los Juegos del 92, que fueron partidos de baloncesto porque había dos canastas, pero que aceptablemente podían acaecer sido espectáculos del Cirque du Soleil o de David Copperfield. Fue poco sin parangón.
Estados Unidos promedió 117,3 puntos por partido y doblegó a sus rivales por 43,8 puntos de media
USA Baloncesto se tomó los Juegos de Barcelona como una modo de proyectar su baloncesto al mundo. Por primera vez, se permitía la presencia de jugadores profesionales en la competición y tras la afrenta de la derrota en presencia de la Unión Soviética en las semifinales de los Juegos de Seúl’88, los americanos no dejaron ningún lengua suelto presentando simplemente el mejor equipo de la historia. El 48-116 con el que debutaron en presencia de Angola así lo confirmó.
A excepción de Christian Laettner, el único visaje universitario al pasado del conjunto estadounidense, los otros merienda jugadores forman parte del tomo de oro del baloncesto. Michael Jordan, Larry Bird, Magic Johnson, David Robinson, Scottie Pippen, John Stockton, Clyde Drexler, Karl Malone, Chris Mullin, Charles Barkley
y Patrick Ewing se pusieron a las
órdenes de Chuck Daly, capaz de
formar un equipo en el que todo eran estrellas.
El Dream Team entró rápidamente en la epígrafe y se lo pasó en prócer en Barcelona. Todas aquellas estrellas se lo tomaron como una nueva experiencia y la disfrutaron al mayor, en el interior y fuera de la pista. Se convirtieron en el epicentro de los medios y cada paseo por las calles de la ciudad se convertía en un acontecimiento. Cerca de recapacitar que el equipo estadounidense decidió no hospedarse en la villa olímpica, generando mucha polémica, sino en un lujoso hotel en el que tenían dos plantas enteras reservadas con todo tipo de lujos y entretenimiento. Entre partido y partido, Michael Jordan, tan inclinado a las apuestas como al golf, se trasladaba a las antiguas instalaciones del Actual Club de Golf El Prat al costado del mar para jugarse unos dólares en unos partidos que eran seguidos por decenas de socios del club.
La aventura del Dream Team en Barcelona concluyó de la única modo que podía finalizar, con la medalla de oro colgando del cuello de todos sus jugadores. La final les enfrentó al único equipo que parecía capaz de poder plantarles cara, la Croacia de Petrovic, Kukoc, Radja y compañía, pero Jordan se puso al mando de las operaciones desde el inicio y abortó cualquier tipo de revolución (117-85).
Eso sí, la máxima suerte del baloncesto mundial no fue el mayor anotador de su equipo en los Juegos. Ese honor recayó en Charles Barkley, que encima de 16,3 puntos por partido, además promedió casi una técnica por duelo.
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